Incondicional

CAPÍTULO 7

Aran

Aquí estaba, manejando directo al árcade, ya que el amigo de Celestia la invitó a salir y le dijo que la llevaría a un lugar especial.

"Lugar especial, ja."

"Esta mierda no es nada."

—Si vas a estar con esa cara, te hubieras quedado.

Habló la enana que estaba a mi lado con mi sudadera negra y sus jeans negros rasgados que siempre usa para salir. Parece que solo tuviera esos, al igual que sus Converse. Esta mujer parece que no tiene ropa, siempre lleva lo mismo.

—Tú me invitaste. Además, dejarte a solas con ese jamás pasará.

—Aquí no es.

Celestia miró extrañada por la ventana al ver dónde estacioné el auto.

—Claro que no, niña. Necesito gasolina antes de ir donde tu amigo.

—Rodrigo se llama Rodrigo.

—Sí, sí, eso.

—¿Y si quieres que yo crea que quieres disculparte?

"No quiero, pero si no lo hago voy a seguir bloqueado."

—Lo intento, Celestia.

Ella solo me dio una de sus sonrisas dulces de antes y eso me hizo sonreír por primera vez en estos días sin ella.

Bajé del auto para llenar el tanque de gasolina.

—Quédate quieta, ah.

Dije apoyado en la ventana.

—No me mandas.

—Está por hacerse de noche, Celestia. Quédate en el auto y no seas terca.

Ella no dijo nada, solo se cruzó de brazos y miró hacia su ventana.

"No es ella si no hace pucheros."

"Pero es linda cuando los hace."

Sacudí la cabeza rápidamente, sacando esos pensamientos de mi mente, y me concentré en llenar el tanque.

—Aran, ya. Rodrigo pregunta a qué hora llegaré.

No pude evitar rodar los ojos al escuchar ese nombre otra vez.

—Mph.

Dejé todo en su lugar y pagué al encargado.

—Ya está, vamos.

—Listo, vamos.

No respondí. Solo encendí el auto y manejé hasta el árcade, donde ya estaba él parado como idiota con unas rosas en las manos.

Giré la cabeza hacia Celestia y ella solo me dio una sonrisa nerviosa, desviando la mirada.

—¿Una cita?

Mi voz sonó áspera y mi respiración estaba agitada, con media sonrisa en mi cara.

—No es una cita, solo es una salida con amigos.

Ella habló rápido, tratando de justificarse, moviendo las manos.

—No es una cita, claro.

Di una risa seca.

—¿Qué amigo te invita a un lugar en la noche y te espera con rosas, Celestia?

Mi voz empezó a elevarse poco a poco.

—¡Que no lo es, por Dios!

Ahora ella elevó la voz.

—Y no me grites. Él y yo solo somos amigos, Aran.

Ella se bajó del auto y salió corriendo hacia él.

Los miré desde el coche. Al parecer ella le estaba diciendo que vine con ella, ya que él volteó a verme.

—Okey, hay que acabar con esto de una maldita vez.

Respiré profundo y bajé del auto hacia ellos.

Puse mi brazo alrededor de los hombros de Celestia y ella me miró. Sus mejillas se pusieron rojas y no pude evitar sonreír por su vergüenza.

—Cele, toma. Son para ti.

Él le entregó las rosas rojas, pero Celestia me miró de reojo y yo solo alcé los hombros.

—Gra-gracias, pero no era necesario.

—Sí, además a ella le gustan más los tulipanes, pero bueno, igual lo intentaste.

Interrumpí su pequeña conversación y Celestia me dio un codazo.

—Lo tendré en cuenta. Gracias, Aran.

Respondió el tipo.

Mi sangre ardía y mis ganas de golpearlo se acumulaban, pero solo pude darle una sonrisa fingida.

—Vamos a las máquinas, Cele... y Aran, claro.

"Ja, claro. Finge olvidar que estoy aquí, animal."

Celestia caminó detrás de él y la seguí con mi mano aún sobre sus hombros. Ella no dijo nada ni parecía incómoda, así que no la solté.

Claro, yo no la solté, pero ella sí se soltó de mí cuando Rodrigo la invitó a una partida.

Él le enseñaba a jugar mientras ella solo le sonreía y se reía con él.

"¿Qué tan gracioso es el chiste?"

Siempre que él intentaba acercarse más a ella disimuladamente, yo me ponía en medio de ambos abrazándola.

Pero él no hacía nada. Solo sonreía y buscaba otra máquina para jugar.

—Mira, ¿jugamos este?

La enana preguntó desde una máquina de peluches, sonriendo como una niña.

—Claro.

—Claro

Dijimos Rodrigo y yo al unísono.

Él jugó y ganó un peluche de oso para ella. Ella lo abrazó agradeciéndole y el otro pendejo aprovechó para sujetarla fuerte y sonrió como si se hubiese ganado la lotería.

—Ok, ya ni que fuera Navidad para dar abrazos.

Los separé de inmediato y Celestia solo me miró raro, como si aún no entendiera todo mi comportamiento.

Y la verdad ni yo lo entendía a veces.

Después de estar, o mejor dicho, de ver cómo ellos jugaban, ya me había cansado de estar aquí viendo cómo él le coqueteaba.

—Ya, enana. Vamos, es tarde.

Ella me miró y se acercó.

—No le has dicho nada aún.

"Mierda, verdad. Dije que me disculparía con él."

—No quiero.

Dije agachándome a su altura y apoyando mi cabeza en su hombro.

—Oye, no te comportes como un niño. Ve a disculparte.

Suspiré fuerte y me enderecé para ir donde su amiguito a darle una maldita disculpa.

—Ey, tú.

—Rodrigo. Así me llamo.

—Bien, Lodge.

"Mierda, esto cuesta más de lo que pensaba."

—Perdón por lo del otro día.

Él se quedó en silencio con su cara de tarado un rato hasta que solo me dijo que no era necesario y que estaba todo bien.

—¿Listo?

Celestia, que estaba mirando todo desde atrás, preguntó.

—Sí. Ahora vámonos, que es tarde.

Dije agarrándole la mano para irnos.

—Cele, ¿podemos hablar?

—No.

Contesté yo por ella.

Pero, como es de costumbre, esa niña siempre hace lo contrario de lo que digo y se fue a una esquina a hablar con él.

No sé lo que dijo, pero solo veía que ella le puso la mano en el hombro con la mirada caída, como si le doliera lo que estaba diciendo, y él solo negaba con la cabeza sonriéndole para tranquilizarla.



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En el texto hay: romance, amistad, friends to lover

Editado: 11.06.2026

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