Incondicional

CAPÍTULO 8

Me desperté con un dolor de cabeza. Aún no podía creer lo que pasó anoche. Primero, no sé por qué me puse tan nerviosa al contacto físico con Aran si nos hemos abrazado antes, pero claro, antes mi corazón no se alteraba por él. Además, ayer estaba raro, siempre en medio de Rodrigo y yo. Casi ni me dejaba hablar con él y siempre tocándome. Si fuera otra persona diría que está celoso, pero es Aran. Ese hombre, por la única persona que siente amor real, es por él mismo. Y aparte, ayer Rodrigo me dijo que le gusto...

Dios, es demasiada información para una sola persona.

—¿Por qué me pasa esto a mí, Dios mío? —pensé en mi cama mirando al techo.

—Ok, Celestia, tranquila. Necesitas arreglar esto ahora.

Me paré de mi cama decidida.

—Ay, ¿a quién engaño? No sé qué hacer.

Me volví a sentar, decaída.

—¿Cómo miro a Rodrigo ahora? O sea, no sé qué hacer.

"¿Debería hablar con Emilia? Pero hablar con ella es aceptar que me gusta Aran y no quiero. Dios, esto es complicado".

—¿Qué debo hacer? Dios, dame una señal, por favor.

Me arrodillé en mi cama rogándole a Dios a ver si me escuchaba.

—Princess, adivina quiénes van a tener una cita doble.

"Si esta era tu señal, mejor mierda, Dios".

—Espero que yo no esté involucrada en esa oración, Emilia.

Emilia pasó primero su cabeza por mi puerta sonriendo y luego pasó por completo, lanzándose hacia mí.

—¡Au, Barbie!

Me quejé cuando me golpeó de casualidad.

—Dale, di que sí.

Ella me puso sus ojos de borrego, pero negué.

—Tenemos que hablar.

Dije con un tono serio y Emilia dejó de sonreír al instante.

—¿Te pasó algo? ¿Estás herida? ¿No me digas que te vas a Perú otra vez?

Emilia sacó su labio inferior queriendo llorar.

—Relájate, no es nada de eso.

La tranquilicé un poco antes de hablar.

"Es todo o nada", me dije a mí misma para darme valor.

—Tres cosas. Primero, ayer Rodrigo me confesó que le gusto.

—Creo que eso lo sabíamos todos menos tú, preciosa.

Emilia se relajó al escuchar eso y se echó en mi cama.

—Déjame continuar.

—¿Espera, qué le contestaste?

Ella se paró en seco esperando mi respuesta con ansias.

—Exactamente le dije que lo quería mucho, pero no como él a mí. Que lo aprecio como un hermano más y que esperaba que no me odiara por no corresponderle. Y él solo dijo que estaba bien, que seríamos amigos. Pero me dio sentimiento, Emilia.

Quería llorar otra vez al recordar la cara de decepción de Rodrigo.

—Oye, no tienes que sentirte mal por no corresponder un amor, amichi.

Barbie sujetó con una mano mi hombro y con la otra limpió las lágrimas que cayeron.

—Odio ese apodo, ¿sabías? ¿No?

Ella rio al oír eso.

—Bueno, ¿qué más me ibas a decir?

"Claro, lo demás. Casi me olvido".

Tomé aire y hablé.

—Segundo... no me mates por esto, pero creo que me gusta Aran.

—Ah, okey, y... espera, ¿qué?

Emilia se sobresaltó por mi confesión y se acercó a mí gateando.

—¿Aran? ¿Mi hermano? ¿Aran?

—Sí... bueno, no sé, Emilia. Lo único que sé es que cada vez que él está cerca de mí me pongo nerviosa. Mis manos sudan, mi corazón late al punto de querer estallar y no sé por qué, pero cada día que pasa lo veo más lindo.

—Ah, wow, Cele. Me dejaste muda.

—Dime algo que me estoy muriendo aquí, Emilia.

Le agarré los hombros y la sacudí para ver si así se le caían algunas palabras.

—Cele, ¿desde cuándo? ¿Y por qué Aran?

—No sabría responder eso.

—A ver, si contamos puntos, pues sí es normal que se gusten.

—No creo que yo le guste a él.

—No diría eso yo. Tú eres la única mujer que podría hacer que ese hombre se arrodille.

—No seas dramática.

Emilia y yo hablamos toda la mañana sobre Aran y yo y, claro, le conté todo sobre anoche. Y según ella, cito sus palabras:

—"Aran está muerto de celos".

Pero no lo sé. Aún me cuesta creer que alguien como él se fije en alguien como yo. No creo que sea falta de autoestima, me amo mucho, pero creer que le gusto a Aran no me entra en la cabeza.

—¿Qué hago, Emilia?

—Llamar a una experta.

Emilia sacó su celular y llamó a Carla para que viniera rápido. A los minutos ella entró a mi habitación. Si fuera otra persona me enojaría que entraran a mi espacio sin permiso, pero como son ellas y como yo hago lo mismo con ellas, no me importa mucho.

Emilia le contó todo mi problema a Carla. Como siempre, ella actuaba como si tuviera un doctorado en psicología y, al llegar a la parte de Aran, me miró igual de confundida que me miró Emilia.

—Sí, sí, Aran.

Dije antes de que preguntara.

—Tengo una solución y aunque es algo cliché y no creo que lo hagas, te lo voy a decir igual.

—Si quieres saber si te gusta y si tú le gustas, aparte de dar celos, puedes besarlo.

Me reí pensando que era una broma, pero la cara de Carla decía que hablaba en serio.

—Tú estás loca si crees que puedo besarlo.

—Es solo un besito.

Habló Emilia emocionada.

—No, no es solo un beso. Estamos hablando de años de amistad. Que si ninguno siente algo, está bien, será una anécdota graciosa después. Pero si uno siente algo y el otro no, sería el fin y no pienso arriesgar eso.

—Bueno, ¿y qué tal esto?

Carla habló más seria y me miró fijamente.

—Si de verdad sienten algo y lo niegan, arruinarán algo bonito. Y sí, comprendo el temor de perder una amistad, pero... ¿te conformarías con ser amigos?

—Sí.

Dije sin pensar.

—Okey, entonces no pasa nada si Aran algún día se casa y tiene hijos con otra, ¿no?

Bueno, admito que eso me mató. No sé si soportaría verlo seriamente con alguien.

—Tu silencio es una respuesta, Celestia.

Esta vez habló Emilia.

—Si quieres salir con mi hermano, está bien. No es mi hermano real.

Eso nos hizo reír a las tres.



#370 en Joven Adulto
#5229 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amistad, friends to lover

Editado: 11.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.