Y aquí estaba yo, parada frente a la casa de los Russo, viendo al chico que me gusta, que por cierto estuve evitando todos estos dos malditos días, abrazando a una extraña mujer.
Y lo peor de todo es que es bella. O sea, mírala: es alta, morena, con cuerpo de modelo, sus rizos perfectos... es hermosa la muchacha. O sea, yo soy linda, pero ella es...
Dios, esto no es bueno para mi corazón.
—Amor, ¿quién es ella?
Carla le preguntó a Fabricio, que estaba aquí también.
—Angela.
Él contestó sin más.
—No su nombre, sino qué es de Aran.
Carla lo regañó por su respuesta simple.
—Ah, es la ex de Aran.
—¿Ex? —Emilia, Carla y yo hablamos al mismo tiempo, mirándolo.
—Bueno, no sé si llamarlo ex sería la palabra, ya que tenían una relación medio extraña.
—Explícate, papito —contestó Emilia chasqueando los dedos.
—A ver, si alguien preguntaba, ella siempre decía que era novia de Aran y Aran jamás negó nada. Y sí, siempre salían juntos a todos lados, pero Aran seguía saliendo con otras mujeres y todo eso.
—O sea, ¿jamás se enamoró de ella? ¿Eso dices?
Carla habló más tranquila.
—No, no diría enamorarse. Solo sé que le tiene mucho cariño y ya.
Mientras ellos hablaban, yo no podía dejar de quitar mi vista de ellos, que ya se habían separado, pero él seguía sonriéndole y ella seguía toqueteando su brazo.
—Nena, ¿estás bien?
Emilia me agarró del brazo, acercándose a mí para susurrarme, y yo solo asentí lentamente.
—Voy a mi casa.
No esperé que contestaran y me fui a mi casa, que para mi mala suerte estaba al lado de donde ellos estaban.
Por fuera seguramente parecía una desconocida entrando a su casa, pero por dentro sentía cómo mi pecho ardía y mis piernas pesaban como si mi casa estuviera a trescientos kilómetros de distancia.
Y mi plan de evitarlo duró menos que yo tratando de hacer dieta.
—Enana.
Sentí cómo Aran agarraba mi brazo con fuerza, pero traté de verme fuerte.
—¿Qué? —dije secamente.
—¿Dónde estabas?
Su voz casi hacía que me derrumbara. Me hablaba con la desesperación de alguien que perdió algo y por fin lo encontró.
—Por ahí.
Traté de quitarme de su agarre, pero parecía que no me quería soltar.
—¿Por ahí? ¿Desapareces dos días y tu maldita respuesta es "por ahí", Celestia?
Él me regañó, pero como dije, en vez de enojado parecía más preocupado y eso me dolía aún más.
—Perdón.
—No te estoy pidiendo una disculpa.
—Entonces, ¿qué quieres?
—Te pido una explicación, por Dios.
Contestó él, ya algo desesperado por mi frialdad.
—Tengo que ocuparme de algo. Conversa con tu amiga, Aran.
Esta vez sí pude soltarme y entré rápidamente a mi casa y nada más cerré la puerta me derrumbé detrás de ella.
No lloré. Solo me quedé ahí sentada abrazando mis rodillas sin saber qué hacer.
"A ver, Celestia, seamos realistas. De todas las chicas con las que ha salido Aran, ella está más cerca de encajar que tú."
"Ella es alta."
"Yo no."
"Ella tiene cuerpo de modelo de Victoria's Secret."
"Y yo... bueno, tengo salud."
"Ella se viste como una dama refinada."
"Y yo tengo el estilo de Adam Sandler."
"No estamos a su nivel."
Estaba sentado debajo de la casa del árbol con Angela a mi lado hablándome de algo a lo que, la verdad, ni prestaba atención. Solo esperaba que ella se asomara por su ventana.
—Aran, vengo desde Seattle hasta Houston solo para verte y tú solo miras por una ventana.
Me giré para verla cuando ella golpeó mi hombro, ofendida por no prestarle atención.
—¿Qué? No te pedí que vinieras.
—Eso es cruel. Si fuera una de tus chicas lloraría.
—¿Por qué viniste? Pensé que me odiabas y no querías verme.
—Y lo hago. Te odio por lo que me hiciste... pero no puedo olvidarte y sé que con el tiempo puedes amarme, ¿verdad?
Angela se acercó a mí queriendo besarme, pero me alejé al verla cruzar el pasillo de las cocinas.
—¿Tienes a alguien? ¿Eso es? Claro, por eso ni me miraste desde que llegué, Russo.
Presté mi atención a Angela otra vez cuando se levantó de golpe y empezó a gritarme como antes.
—¿Qué te pasó, loca? Baja la voz.
Me levanté para callarla, pero ella me miraba con esa cara de odio, como cuando siempre salía de fiesta.
—Angela, no llevas ni cinco minutos en mi casa y ya me estás armando un escándalo por las puras.
—¿Por las puras? —ella volvió a gritar—. Estoy aquí y lo único que miras es esa estúpida ventana... Aran, volé desde lejos por ti... te extraño y quiero volver a intentarlo.
"Dios, por eso no quiero tener una relación."
—Fuiste tú quien me dejó... y lo entiendo, pero yo no quiero volver. Podemos ser amigos.
—No quiero ser tu amiga, Aran.
—Ange...
No terminé de hablar cuando ella se abalanzó sobre mí y me besó.
Abrí mis ojos de par en par por el asombro y le di un pequeño empujón para alejarla de mí.
—¡Mierda, Angela!
Dije limpiando mis labios.
—Ni se te ocurra volver a hacer eso.
Dije entre dientes con los puños apretados.
"Mierda, ¿lo habrá visto?"
"Accidenti, doveva proprio capitare a me adesso?"
Mi primer instinto fue volver a mirar por el pasillo, pero ya no había nada ni nadie.
Y eso me puso peor de lo que ya estaba.
Dejé a Angela donde estaba.
—¡ARAN!
La escuché gritar mi nombre, pero seguí hasta entrar a mi casa.
Pero no estaba en la cocina.
Entré a la sala y nada.
Comedor igual.
Y así hasta subir a las habitaciones.
Por obvias razones entré sin avisar donde Emilia.
—¿Viste a la enana?
—¿No sabes tocar? —ella me gritó con su voz de pito.
—¿La viste o no, Sofía?
Ya estaba perdiendo la poca paciencia que me quedaba.
—No.
—Emilia, no juegues conmigo.
—No la he visto, te he dicho. Ahora vete de mi habitación.