"Mierda, deja de mirarme, por favor."
Odiaba las cenas a partir del día de hoy.
"¿Habrá una manera de que pueda desaparecer ahora?"
La cena se sentía como si estuviera en un examen de matemáticas. Un desastre total. O al menos para mí, porque al parecer solo yo sentía los ojos de un puma encima mío.
Aran no dejaba de verme y eso me ponía más ansiosa de lo normal.
"Deja de mirarme, por Dios."
Hablé mentalmente para ver si podía escucharme así, pero al parecer no tenía telequinesis.
—Celestia, ¿no tienes hambre? Ah, verdad, tú no comes comida marina.
—Amber...
—No es necesario, tía. Estoy bien... puedo comerlo.
—Mentira, te cae mal la comida del mar.
"Cállate, animal."
Al final, la tía Rous le pidió a Amber que me cocinara otra cosa.
—¿Cómo vas en los estudios, Cele? Tu madre dice que te vigile, pero no he tenido tiempo. Perdón, hija.
—No pasa nada, tía. Sé que salvar vidas no es fácil y además voy bien.
Dije sudando frío y con una sonrisa pequeña.
—¿Tu madre viene de vacaciones?
Ella preguntó, haciéndome recordar ese detalle.
—Sí, se supone que viene el otro mes.
Mi tía seguía preguntando sobre mis estudios y mi familia, pero mi concentración solo estaba en el chico con cara de amargado que no quitaba la vista de mí.
Después de comer me tocó lavar los platos ya que Amber tuvo que salir de emergencia.
—¿Por qué yo?
Le hice pucheros a Fabricio y él solo sonrió y negó con la cabeza.
—Lo siento, princesa, pero es decisión de mamá.
—Estúpido.
—¿Te ayudo?
Aran apareció apoyado en el marco de la cocina con los brazos cruzados, como si fuera el protagonista de una telenovela.
—No es necesario.
No me hizo caso. Se puso los guantes de lavar y empezó a limpiar los platos por mí.
—Te lo voy a volver a preguntar... ¿qué te pasa?
Me quedé muda mirando el piso mientras movía una pierna en círculos.
Hablarle no era una opción.
Bueno, hablarle de por qué lo evité no era una opción, así que tuve que fingir.
Lo abracé por detrás y sentí cómo sus músculos se tensaban.
—¿Qué... qué haces?
Seguramente estaba más confundido que yo, porque ni yo sabía por qué lo había abrazado.
—Perdón por estar rara, pero no puedo decirlo ahora.
Él se giró para mirarme y tuve que alzar la cabeza para verlo.
Soltó un gran suspiro antes de hablar.
—No vuelvas a evitarme, enana.
Solo le sonreí y me alejé de él.
Tal vez no era lo mejor, pero si seguía evitándolo sería peor. Ya lo había comprobado.
Ahora mi duda más grande era:
"¿Qué es Angela para ti?"
Pero claro, no podía preguntarle eso sin parecer loca.
—Terminado. Te toca secar y guardar.
—Ey, ¿no lo ibas a hacer tú?
Dije haciendo pucheros, cruzando los brazos y mirando hacia otro lado.
Entonces me agarró la cara.
No sé cómo, ni por qué, ni cuándo, pero nuestros rostros se acercaron demasiado y nuestras miradas quedaron atrapadas durante unos segundos que se sintieron como horas.
—Aran...
—¿Qué?
—¿Te puedo preguntar algo?
Él soltó mi cara y su mano pasó a mi cintura, atrayéndome hacia él.
—¿Qué pasa?
—Angela...
Frunció el ceño como si le estuviera hablando en otro idioma.
—¿Cele? ¿Dónde estás?... Uy, interrumpo.
Ambos nos alejamos de golpe.
Yo me reí nerviosa y corrí hacia Emilia, mientras los dos evitábamos mirarnos.
Jalé a Emilia hasta su habitación sin decir una sola palabra.
Ella cerró la puerta con seguro y me sentó en la cama con esa cara que decía claramente:
"Quiero el chisme completo y lo quiero ahora."
—Eh... no pasó nada.
—Estabas a escasos centímetros de él.
—Hace dos minutos llorabas por él y ahora están pegados como chicles.
—Amiga, tienes un serio problema llamado: estoy babeando por mi mejor amigo y no puedo dejarlo ir.
Le lancé un almohadazo avergonzada y ella lo atrapó mientras se burlaba de mí.
—No es así.
Me acomodé en la cama y le puse ojos de gatito.
—Habla ahora mismo.
—Emi, no puedo evitar que me guste. Ya intenté evitarlo y salió mal, pero ahora no sé si volvió con su ex o no y...
No pude evitar llorar otra vez.
Me daba impotencia no saber qué hacer.
No saber cómo evitar que me doliera verlo con ella.
—Tú eres mucho más bonita que ella y, si te lo propones, puedes conseguir a mi hermano.
—Me tienes más fe que yo misma.
—Porque sé lo que vales y sé que Aran no te mira como una amiga.
Iba a decir algo más, pero ella me interrumpió.
—Tal vez antes sí, pero ahora no. Ahora te mira como si fueras lo más bonito del mundo. Y no, no miento.
Aclaró al ver mi cara de confusión.
—Tal vez tú no lo veas ahora, pero necesito que tengas más confianza, amiga mía, porque yo sí la tengo.
—Me vas a hacer llorar otra vez, estúpida.
Después de hablar con Emilia me fui a la casita del árbol.
Necesitaba aire fresco, pero no quería salir, así que era mi mejor opción.
—Aran, hablemos, por favor, amor.
Escuché una voz femenina debajo de donde estaba y me pegué más a la ventana.
Ni siquiera tuve que verla.
Con escuchar la palabra amor ya sabía quién era.
—No tengo nada que decirte, Angela.
Aran habló con un tono frío y distante.
—Por favor, Aran.
—Angela...
¡Ring, ring!
"Mierda, justo ahora tenía que llamarme."
—Mami, ¿qué pasó? —susurré contestando.
—¿No puedo llamarte ahora?
Mi madre sonaba ofendida.
—No dije eso, ama.
Después de hablar con ella y cortar la llamada, me asomé lentamente por la ventana.
Ya no había nadie.
—¿No te enseñaron que no se escuchan conversaciones ajenas, enana?
Me sobresalté tanto que me caí y me golpeé el tobillo.
Aran estaba parado en la entrada de la casita del árbol, esperando claramente su oportunidad para burlarse de mí.