"¿Desde cuándo está cómoda esta almohada?"
Me acurruqué aún más.
Se sentía tan cálido y agradable dormir así.
"Espera... ¿las almohadas no estaban de barrera?"
Decidí abrir un ojo.
"Bien... hasta donde yo sé, las almohadas no respiran."
Cuando abrí ambos ojos, ahí estaba él, aun durmiendo. Su respiración era tranquila.
Una parte de mí quiso salir corriendo.
La otra quería acercarse más.
No tuve tiempo de decidir porque me abrazó con más fuerza.
Alcé la cabeza para comprobar si de verdad estaba dormido, y al parecer sí lo estaba.
"Mierda, esto no es bueno para mi corazón."
No podía mover ni un músculo.
Cada vez que intentaba moverme, él me jalaba aún más hacia él.
"Oye, estoy empezando a dudar seriamente si de verdad está dormido o solo está fingiendo."
Intenté zafarme lentamente de sus brazos, pero este hombre hasta dormido tenía más fuerza que yo.
—Mmm...
Me quedé quieta al escucharlo.
—¿Estás vivo?
—Mmm...
—Mierda, Aran, me vas a matar así.
Me apretó aún más fuerte.
"¿No puedes dejarme en paz ni dormido?"
Subí mi mano a su rostro por instinto y le acaricié la mejilla.
—Eres lindo dormido... pero te transformas cuando despiertas.
No pude apartar la mirada de su cara.
Estuve observándolo... no sabría decir cuánto tiempo.
—Mmm...
Él me soltó y se acomodó boca arriba.
—Dios mío.
Me senté en la cama y me llevé ambas manos al pecho.
"No puedo más. Necesito una ducha fría."
Me levanté de la cama y salí corriendo hacia el baño.
Cerré la puerta y me apoyé contra ella, deslizándome lentamente hasta quedar sentada en el suelo.
—Recarga, Celestia. No pasa nada.
Me susurré a mí misma tratando de tranquilizarme.
Quise darme un baño con agua fría, pero apenas tocó mi piel me arrepentí, así que opté por un baño de burbujas.
—Relajante.
Dije mientras me sumergía en el agua.
🎶 Somebody else
'Round everyone else
You're watching your back
Like you can't relax 🎶
—Uy, esa canción me encanta.
Comenté mientras subía el volumen.
****************
🎶 Somebody else... 🎶
Me despertó la música.
O mejor dicho, una enana cantante.
Salí de la cama y me dirigí al baño.
—Enana, ¿te estás muriendo?
La música se detuvo de golpe.
Escuché agua salpicando.
—¿Te caíste?
—¡NO!
Me reí al escuchar su voz llena de nerviosismo.
—Entonces cállate, que parece que estás invocando algo.
—Cállate, idiota. Yo canto como los ángeles.
—Caídos del cielo será.
Escuché algo golpeando la puerta y se me escapó una carcajada.
—Yo no pienso pagar lo que rompas.
—¡ARAN!
—Ya, ya. Te dejo sola.
Salí del cuarto y me dirigí a la habitación de Fabricio y Carla.
—¿Oigan? ¿Se puede pasar o están ocupados reproduciéndose?
Escuché pasos acercándose a la puerta.
—Pasa, idiota.
Una pelirroja entre avergonzada y molesta me abrió.
—¿Qué quieres?
Fabricio habló con voz de recién levantado desde la cama.
—Vengo a usar el baño. La enana está dando un concierto.
Él solo hizo una seña de aprobación y me dirigí al baño.
—Aran.
—¿Sí?
—¿Hablaste con ella?
—...
—Sabes que en unos meses nos vamos, ¿no?
—Ni que nos fuéramos para siempre.
—No, pero no vas a estar aquí todo el tiempo y alguien puede ocupar tu lugar.
—Gracias por los ánimos, amigo mío.
—Nadie puede reemplazarme.
Escuché a los dos reírse.
—¿Cómo lo sabes?
—...
—Lo sé y ya. Conozco a Celestia mejor que nadie.
—Sabes que no eres precisamente su tipo de hombre, ¿no?
Esas palabras me hicieron salir del baño rápidamente y tirarme sobre la cama.
—¿Qué?
"Soy el tipo de todos."
"Carla, me estás matando."
—Cele prefiere tipos como... mmm... ¿cómo decirlo?
—Habla ya, muchacha.
—Ay, desesperado.
—Como Fabricio. Tiernos, amables, inteligentes, trabajadores y, sobre todo, fieles.
—Eh, yo soy fiel.
Carla me miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo.
—No. Una cosa es salir con varias personas a lo largo de tu vida y otra muy distinta salir con varias al mismo tiempo.
Me apresuré a aclarar:
—Jamás he engañado a nadie. Todas las chicas que salieron conmigo sabían dónde se metían.
Carla miró a Fabricio y él asintió.
—¿Y Angela?
—¿Qué tiene?
—¿No la engañaste?
—No. Ella dijo que no quería nada serio con nadie, pero que, si algún chico le molestaba, diría que éramos novios. Después el rumor creció y ya sabes cómo terminan esas cosas.
Carla asintió.
—¿Quieres declararte?
Volví a mirarla.
"¿Quiero estar con ella?"
Sí.
—No lo sé.
Ella arqueó una ceja.
—Me gusta. Y me gusta más de lo que imaginaba, pero... no quiero lastimarla. Soy un idiota, alguna estupidez voy a hacer, y me niego a verla llorar.
—¿Y si te digo que escuché a su madre hablando con la tuya y mencionaron que tal vez regrese a Lima?
"Mierda."
Nueva York era una cosa.
Pero Perú...
No.
Eso no.
Me levanté de golpe.
—Espera.
—¿Qué?
—Así no.
—¿Así no qué?
—A ninguna mujer le gustaría que se le declararan en un baño, idiota.
—¿Y qué hago entonces?
—Ven. Yo te digo.
********************
Salí del baño ya cambiada.
No pensaba salir envuelta en una toalla cuando compartía habitación con ese hombre.
Pero no había nadie.
Así que me puse a dibujar en el escritorio.
—¡Celeeeee!
Escuché la voz de Emilia entrando a la habitación.
—Perdón, me levanté tarde. Pero ¿cómo dormiste?
—Bien. ¿Y tú?
—Excelente, aunque no tenía a quién abrazar.
Emilia me mostró su teléfono.