—¿Novios?
Mi mamá preguntó mirando a Aran y a mí, y no me quedó de otra que asentir.
—¿Desde cuándo?
—Hace menos de cinco minutos, tía.
Emilia contestó por mí, saltando como una lombriz.
No sé quién estaba más feliz por tener novio, si ella o yo.
Creo que me inclino más por ella.
Me paré del banco donde estaba sentada con mi madre cuando vi a mi padre acercarse a Aran, pero él ni se inmutó.
"Este hombre no tiene vergüenza de nada."
—Hola, tío... ¿o suegro?
—Tío está bien.
Mi padre miró a mi madre y luego a los padres de Fabricio.
No pasaron ni dos segundos cuando ya se estaban riendo.
Nosotros nos quedamos confundidos.
—A ver, me alegra que seas tú y no otro que no conozca.
—Te conocemos desde que naciste, Aran.
—Después de tu madre, fui yo quien te cargó.
Mi madre se acercó para abrazarlo.
—Creo que María estaría feliz de que su niña favorita esté con su hijo.
Aran sonrió al escuchar el nombre de su madre.
Todos nos sentamos en la arena formando un círculo.
Esto era lindo.
Hacía tiempo que no estábamos así.
Aran me abrazaba por la cintura y yo simplemente me apoyaba en él mientras los demás fingían no notarlo, aunque era evidente que de vez en cuando miraban en nuestra dirección.
"Bueno, digamos que ahora tengo novio."
"Ja, mierda, tengo novio."
"Y es Aran."
"Aran."
Mi tía, que no es mi tía.
Mis primos, que no son mis primos.
Pero son mi familia y siempre los elegiré.
Tal vez ninguno lleva mi sangre o mi apellido, pero por primera vez siento que encajo aquí.
Mis padres y mis tíos contaron anécdotas de cuando iban a la preparatoria, cuando la mamá de Aran todavía estaba viva.
Me giré para verlo.
Sus ojos se cristalizaban cuando escuchaba las historias de su madre.
Sabía que no iba a llorar. Había demasiada gente para hacerlo.
Así que simplemente tomé su mano con más fuerza y me apoyé aún más en él.
Él pareció darse cuenta porque me sonrió y me dio un beso en la frente mientras me abrazaba más fuerte.
Mis padres habían alquilado una habitación para ellos y otra para mí.
Porque, según las palabras de mi padre:
"Sí, muy lindos juntos, pero ya no van a estar solos en la misma habitación."
Así que me cambié de habitación.
Carla, Emilia y yo en una.
Aran y Fabricio en otra.
—¿Estás feliz?
—Sí, mucho —dije sin poder dejar de sonreír.
—Nos alegra.
Las dos respondieron felices.
—Voy al baño.
Carla se fue y me quedé sola con Emilia.
—Cele, sabes que soy fan número uno de tu felicidad, pero... necesito decirte esto ahora.
—No me asustes, Russo.
—Gustavo viene a Texas en dos meses.
Ese nombre me hizo congelarme.
"No, no. Se suponía que me fui de Perú para no verlo."
—Podemos decirle a Aran. Él te va a ayudar.
"No. Aran no puede enterarse de nada."
—No. Él se va en agosto, no puedo.
Emilia me miró con sus ojos caídos.
—Podemos decirle a Carla al menos.
—Ella también se va... Déjalo. Yo lo arreglaré después.
Emilia quiso decir algo más, pero Carla salió del baño.
—Oye, niñas, no sé ustedes, pero yo estoy cansada.
Carla habló bostezando y se echó en su cama.
—Descansa.
Emilia y yo nos quedamos mirándonos un rato sin saber qué hacer.
A la mañana siguiente todos nos fuimos de compras.
—Ma, ¿y Karen cuándo viene?
Pregunté al recordar que mi hermana mayor no estaba.
—Ella no puede. Acaba de dar a luz.
—Cierto, se me había olvidado... Entonces voy a comprar algo para ella y para mi sobrina para que se los entregues.
Mi madre me acarició la cabeza y me fui con Aran a la sección de bebés.
—Oye, no tenemos ni un día de novios y ya me traes aquí. Vamos lento, bonita.
Le golpeé el brazo por decir tonterías y él se rio.
—Es para mi sobrina, animal.
—Uy, qué amorosa.
Él se acercó a mí y me besó la mejilla.
—Aran, hay mucha gente aquí.
Traté de apartarme, pero él era más fuerte que yo.
—¿Qué tiene? Eres mi novia. Es normal besarte.
—Sí, pero aquí no.
Me solté y fui a ver pañales.
Él vino detrás de mí, aunque esta vez se comportó.
—Mira, este está bien, ¿no?
—Supongo. No he tenido hijos.
—Idiota.
—Ey, otro insulto y te beso.
Le di un pequeño empujón, sonrojada por sus tonterías.
Compré pañales, pañitos húmedos y varios accesorios para bebés, y nos dirigimos a la caja.
Bueno, como dije, yo elegí todo, pero él pagó.
—Gracias.
Le sonreí de oreja a oreja.
Después de las compras y de darle las cosas a mi mamá, salimos a una pequeña plaza con Aran.
"¿Esto es una cita?"
"Espero que no, porque no estoy vestida para una."
Caminamos tomados de la mano.
—Mira, una de esas máquinas para fotos.
Dije emocionada.
Solo una vez había entrado a una y fue con Emilia.
Lo jalé para tomarnos fotos.
Él puso las monedas y entramos.
Me sentó en sus piernas.
—Haz un corazón en el cachete y yo otro.
Aran no dijo nada. Solo obedecía todo lo que le pedía.
—Ahora un corazón coreano.
—Un beso.
Sus ojos se iluminaron al escuchar eso.
—Ahí sí estás feliz, ¿no?
Él no contestó.
Me sujetó la cara con ambas manos, me atrajo hacia él y me besó.
Justo entonces sonó el flash de la cámara.
—Listo. O censuramos esa máquina.
—Cállate, vamos.
Me paré y salí de ahí con la respiración acelerada.
Agarré las fotos y las partí en dos.
Como eran cuatro fotos...
—Dos para ti y dos para mí.
—Yo quiero la del beso.
Él me intercambió las fotos.
—A veces no sé quién es el menor aquí.
—Oye, respeta. Soy tu mayor.
Le saqué el dedo del medio, pero él agarró mi mano, me jaló hacia él y me sujetó de la cintura.