Incondicional

CAPÍTULO 19

El tiempo pasa volando. Ya habían pasado semanas desde que volvimos de la playa.

Mis padres se fueron y me volví a quedar aquí sin ellos.

Y sobre Aran... aún no me lo creo del todo.

Seguimos igual, tal vez porque solo han pasado semanas o porque antes de todo éramos amigos.

Pero siempre está atento a mí.

Y claro, ahora que mis papás no están, ahora está metido en mi habitación, como ahora que está durmiendo en mi cama.

Y yo estaba dibujando un rato.

En menos de unas semanas es su cumpleaños y no sé qué regalarle.

Bueno, miento. Sí sé, pero no sé cómo se lo tomará.

"¿Qué se le da a alguien que lo tiene todo?"

—Aran.

Me tiré encima de él.

—¡Oye! —se quejó medio dormido mientras intentaba apartarme—. ¿Qué haces?

—Te tengo una pregunta importantísima.

—¿Y no podías levantarme de otra manera, bonita?

Negué con la cabeza, sentándome a su lado.

—Habla, enana.

—¿Qué quieres para tu cumpleaños?

Aran cambió de expresión al mencionar su cumpleaños, como siempre.

—Sé que no te gusta celebrarlo y lo entiendo, pero siempre es lindo cuando te regalan algo, y más si es tu día.

—No tienes que regalarme nada, bonita.

—Sí tengo. Soy tu novia, debo darte algo.

Esa última parte la dije sin mirarlo. No sé por qué, aún me daba algo de vergüenza esa palabra. Todavía no podía asimilar del todo esto.

—Celestia, hablo en serio. No necesito nada más que tenerte aquí.

Eso me hizo sonreír como una niña.

Y por instinto le di un beso en la mejilla.

—Ey, te pusiste rojo. Jajaja.

Él me empujó la cabeza despacio.

"Jamás pensé que él se sonrojaría por un beso."

—Me agarraste desprevenido, no cuenta.

—Otro beso.

Negué.

—Ya te lo perdiste. Era solo una vez.

—Qué mala eres. Normalmente las novias son lindas y amables. Tú estás desconfigurada.

—Ni que fuera una PC, tarado. Pero así de mala me quieres.

—Lamentablemente.

—¡Oye!

Tomé una almohada y se la lancé.

Aran la atrapó sin esfuerzo y la dejó a un lado.

—Violencia doméstica.

—Ni siquiera vivimos juntos.

—Detalles.

Rodé los ojos.

—Sigues sin responder.

—¿Responder qué?

—Lo de tu cumpleaños.

—Ya respondí.

—No, dijiste que no querías nada.

—Eso es una respuesta.

—Muy vaga. Yo quería una concreta.

—No la hay. No necesito nada, ya te dije.

—Mmm... pensemos.

—¿Ropa?

—Tengo.

—¿Videojuegos?

—No juego mucho.

—¿Zapatos?

—Tengo muchos.

—¿Comida?

—...

—Comida será.

—No dije eso.

—Pero lo pensaste, así que lo tomo como un sí.

—Sí que eres terca, niña.

—Y tú desesperante.

—No creo que sea normal que me interrogues antes de mi cumpleaños.

—Lo que no es normal es que no quieras nada.

—Yo quiero darte algo, así que dime qué quieres.

—Tus papás me matan si te digo lo que quiero, bonita.

Lo miré confundida y él se rio.

—No necesito nada. Y si lo necesito, lo compro y ya.

—Qué aburrido. Le quitas la magia a las sorpresas.

—Si te digo lo que quiero, no sería una sorpresa.

Bueno, ahí tenía razón, pero no lo admitiría.

—Qué aburrido.

—Soy práctico.

—Aburrido.

—Práctico.

—Aburrido.

—Práctico.

—Aburrido.

Él me calló poniendo una mano sobre mi boca.

—Sí que eres especial, enana.

Le mordí la mano.

—¡Au! Salvaje.

—Salvaje tú.

—Olvídalo, ya no te doy nada.

Me giré molesta.

Igual tenía su regalo listo, pero ahora ya no le daba nada.

—No te enfades, bonita. Cualquier cosa que me des la voy a adorar igual.

No contesté. Seguía enfadada.

Él se acercó y me abrazó por detrás, apoyando la cabeza en mi hombro.

Y empezó a darme besos en la mejilla.

—No te enojes.

—Dale, cariño mío.

—Ya te dije que no te doy nada. Eso era lo que querías, ¿no?

Un ruido rompió el silencio.

Los dos nos quedamos quietos.

Mi estómago sonó de repente.

—Vamos, te preparo algo.

No discutí, solo porque tenía hambre.

Ambos bajamos a mi cocina.

Aran se puso el delantal y sonreí al ver que era uno de cerditos.

—Cuando sonríes te ves más bonita.

Dejé de sonreír.

—Amas llevarme la contraria, ¿no?

No dije nada porque era cierto.

Aran me preparó unos macarrones.

Mis favoritos de toda la vida.

—Tenga, su alteza.

—Cállate. —Le saqué el dedo del medio.

Comimos en silencio un rato hasta que llegó la bulla.

—¡Celeee, adivina qué!

Emilia entró gritando, pero se calló de golpe cuando vio a Aran.

"Bueno, al parecer es algo que no puede saber él."

—¿Por qué te callas? Habla, Emilia.

—No es asunto tuyo, metiche.

Miré a Aran como para decirle que nos dejara solas. Él solo me dio un beso en los labios, acto que hizo que Emilia gritara, y se fue a su casa un rato.

—Qué lindo es verlos juntos.

—¿Qué pasó, Barbie?

—Ah, verdad, por lo que vine.

—Ya está la fiesta para la próxima semana.

—¿Qué fiesta?

—Pues la de Aran, claro.

—No. Fiesta no. Dije algo íntimo entre nosotros, nada más.

—Ups.

—¡Emilia!

"Mierda, estoy en problemas ahora."

—Emilia, Aran se va a enojar.

—Pues dale un par de besitos y ya.

La fulminé con la mirada por la tontería que acababa de soltar.

—¿Cuántas personas invitaste?

Emilia se quedó callada un rato.

—¿Cuántas?

Le grité.

**********

Ya habían pasado unas semanas desde que Emilia dijo que había organizado una fiesta.

Y eso quería decir que hoy era su cumpleaños, y yo estaba aquí, en mi habitación, cambiada para una fiesta que no quería.

"La voy a matar."

"Al menos la convencí de reducirla de quinientas personas a doscientas como máximo."



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En el texto hay: romance, amistad, friends to lover

Editado: 11.06.2026

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