—No quiero —dije sollozando.
Ya habían pasado las semanas y pasamos de julio a agosto, y eso solo significaba una cosa.
—Amor, voy a venir para Navidad y prometo llamarte.
Aran me abrazaba tratando de tranquilizarme, pero no podía.
"¿Cómo se supone que me tranquilice al saber que va a estar lejos de mí?"
—No es lo mismo. ¿Qué pasa si me caigo?
—Me llamas
—¿y si no contestas?
—siempre te voy a contestar
—y si es de madrugada
—solo llama
—y si lloro
—hacemos videollamada
—y si…
—Amor, vas a estar bien. No me voy para siempre, solo son unos meses.
—además no importa la situación tu solo llama y yo voy a estar
—No es lo mismo
—No mi amor se que no es lo mismo, pero solo será por un tiempo ¿vale?
Lloré aún más fuerte.
Aran me acaricio la cabeza con suavidad, pero yo seguía llorando
Aran suspiró. Ya no sabía cómo hacer que dejara de llorar.
—Tranquila, que yo lo tendré vigilado para que ninguna chica se le acerque.
Carla habló.
—Más tranquila, ¿vale, Carla?
—No necesitan vigilarme. No tengo ojos para nadie más.
Aran me sujetó la cara y me dio un beso en los labios. Esta vez puse mis manos alrededor de su cuello para seguir el beso.
No me importó si estábamos en medio del aeropuerto.
—Perdón por ser aguafiestas, pero nuestro vuelo ya sale.
—¡Nooo!
Volví a llorar.
—Mira lo que ocasionas, amor.
Carla le dio un codazo a Fabricio.
—Mi amor, voy a volver, así que no dejes que otros hombres te coqueteen, ¿ok?
—Lo mismo para ti.
Los vi alejarse mientras Emilia me abrazaba.
—Vamos, ya se fueron, Cele.
—Espera, el avión aún no despega.
—Bueno, aquí nos quedamos.
Y sí, nos quedamos hasta que su avión despegó.
Emilia me llevó al carro, donde el chófer de la familia ya nos esperaba.
—Ya lo extraño.
Empecé a llorar otra vez.
—No han pasado ni cinco minutos desde que se fue.
—Emilia, ¿no podemos estudiar en Nueva York?
—No, mamá no me deja. Y si mi mamá no me deja, la tuya menos.
Lloré más fuerte aún.
—¿Quieres helado? Juan, vamos a una heladería, por favor.
—Claro, señorita.
********
Nueva York
Nueva aventura.
Nueva universidad.
Pero mi cabeza solo pensaba en la enana que dejé llorando.
"Mierda, ¿por qué tenía que ser tres años mayor?"
—Fabricio.
—Si te vuelves a quejar de que extrañas a tu novia, te mato.
—Iba a decir que ya llegamos al departamento, pero sí, también la extraño.
Él rodó los ojos, cansado de que mencionara a Celestia todo el tiempo.
Y a mí me divertía sacarlo de quicio.
Y aparte, hablar de mi novia.
—Toma. Piso seis, departamento 5010.
—Gracias.
Agarré las llaves y entré al ascensor con mis maletas en mano.
Al llegar y abrir la puerta, estaba completamente vacío.
—Bueno, hogar dulce hogar, supongo.
Dejé mis maletas a un lado y cerré la puerta antes de mandarle un mensaje a mi bella novia.
Yo: Amor, llegué. Adjunta foto del departamento.
Enana ❤️🔥❤️🩹: ¿No amoblaste antes?
Yo: No, se me olvidó. Ya compraré algo aquí.
Yo: ¿Estás ocupada?
Enana ❤️🔥❤️🩹: No, ¿por qué?
No contesté. Solo la llamé.
—Buenas, bonita.
—¿Dónde piensas dormir, señor Aran?
—¿Jajaja? ¿Eso es lo primero que me preguntas?
—Sí, contesta.
—En el suelo, por ahora. Mañana compraré algo.
—¿Cómo que en el suelo? Eres italiano, no coreano, idiota.
—Dale, solo es por un día.
—No te vas a comprar un colchón al menos ahora mismo.
—Pero estoy hablando contigo.
—Te voy a llamar antes de dormir y, si no tienes nada para entonces, llamo a Carla para que te pegue.
—Jajaja, como digas, jefa.
—Cállate, no soy tu jefa.
—Yo creo que sí, un poco.
—No.
—Bueno, como digas, jefa.
—¡Aran!
—Dime, bonita.
—Te extraño.
Por primera vez desde que llegué, me quedé callado unos segundos.
—Yo más, bonita.
Tuve que cortar la llamada porque, si no, me ponía a llorar ahí mismo.
Me puse a mirar el techo un largo rato y, de vez en cuando, se me escapaba una lágrima.
"Mierda... no sé por qué estoy tan asustada. Sé que no me va a dejar, pero él por allá y yo por aquí... mi mente vuela."
Me levanté de la cama, fui por mi billetera y saqué las fotos que nos tomamos en esa cabina.
"Te extraño, pero sé que volverás, así que te esperaré."
Tal vez el amor es esto también.
Es amar incondicionalmente, esté o no físicamente a tu lado.
La verdad, aún no sé si es amor lo que siento.
Solo sé que, aparte de mi mejor amigo, se volvió mi persona.
Mi persona.
A quien quiero incondicionalmente.
A quien esperaré siempre.
Al menos sé que en un par de años iré con él.
Como también sé que nunca volveré a estar sola.
Tengo a mi mejor amiga de toda la vida, que sé que, a donde vaya, ella irá.
Tengo a mi guía espiritual, Fabricio, que sé que, si necesito consejos, siempre sabrá qué decir.
Tengo a mi pelirroja favorita, que siempre que necesite apoyo moral o que alguien me acompañe a golpear a quien moleste a Emilia, irá sin dudarlo.
Y claro, tengo a mi chico rudo.
Que de rudo no tiene nada.
Es una masita.
Y si lo conocieran de verdad, sabrían que atravesaría un continente entero si yo estuviera en peligro.
Y, obviamente, yo nadaría en un océano profundo por cada uno de ellos.
FIN... ¿?
Continuará... porque los escritores nunca saben quedarse quietos.