10 de agosto del 2009
Álvaro y Rous son dos cirujanos reconocidos y famosos por nunca fallar y siempre dar caridad a los más necesitados.
—No puedo, necesito llevármela, solo mírala, amor.
Rous trataba de convencer a Álvaro sobre la adopción.
—No venimos para eso, Rosangela. Ya tenemos 4 hijos y esperas otra, no podemos tener más.
Rous le puso ojitos y le abrazó el brazo despacio.
—¿Cómo se llama?
—Emilia, tiene tan solo 5 añitos y es una lindura de niña.
Ella habló con toda la emoción del mundo al mencionar a Emilia.
Después de muchos papeles y de quedarse en Nueva Jersey por un tiempo, los Russo llegaron a casa con una pequeña niña de piel blanca, con su cabello dorado, su mochila rosada y un oso de peluche en sus manos.
—Niños, papá y mamá les tienen una sorpresa.
Ella llamó a sus hijos, pero no pensó ver a su mejor amiga con su marido e hijas aquí también.
—¡Ahh, Eva! ¿Cuándo llegaste?
Ella gritó y abrazó a su amiga.
—Sorpresa. —contestó Eva.
—Bien, así Cele tiene una nueva amiga.
—¿Amiga?
La pequeña niña que estaba dibujando con su papá Harold dejó los dibujos y se bajó para acercarse a la niña rubia.
—Hola, soy Celestia, ¿y tú?
—Emilia… me gusta tu corona.
Emilia sonrió de oreja a oreja.
—Gracias, me lo dio mi papi.
—Toma, te lo presto.
Celestia le puso la corona y se la llevó al patio para que conozca a sus amigos.
—¿Volviste a traer a otra niña a la casa?
—No, la trajo la tía Rous.
Ella habló enfadada hacia Aran, que la regañaba.
—Tía dice que es nueva amiga.
—Preséntate.
Celestia empujó a Emilia para que hablara.
Ella se presentó al grupo feliz.
—Hola, soy Emilia.
—Aran.
—Fabricio.
—¡Celestia!
Gritó la niña contenta con sus brazos arriba.
Los niños se rieron del acto.
—Juguemos a las princesas y sus caballeros.
Los niños se negaron al principio.
—No, no, no quiero ser esclavo.
—¿Qué? No, eres un caballero y nos tienes que cuidar.
Celestia dijo moviendo el brazo de Aran para que aceptara jugar.
Al final los cuatro jugaron por un largo rato, mientras los adultos los veían reír y solo sonrieron satisfechos.
En la noche, ya para descansar, Emilia estaba sola en su habitación por primera vez.
“¿Me van a regresar cuando nazca el bebé?”
“Hoy fue muy divertido, no quiero irme.”
La puerta se abrió y la niña fingió dormirse.
—Emi, ¿estás despierta?
Rous preguntó susurrando y la pequeña se giró hacia ella.
—¿Cómo estás?
—Bien, señora, su casa es muy bonita.
Rous no se inmutó por la palabra. Ella pensaba que después se acostumbraría a decirle mamá o, en otro caso, tía, como se lo decía Aran.
Ella le dio un beso en la frente y le deseó las buenas noches.
—Seño… ¿mañana estaré aquí?
Rous miró a su marido, que estaba en la puerta con un nudo en la garganta.
—Claro que sí, mi amor. Este es tu nuevo hogar y no te pensamos regresar.
Emilia sonrió de oreja a oreja al oír esa noticia.
Por primera vez en su corta vida sintió algo de esperanza, aunque no supiera verlo en verdad.
FIN DEL EXTRA 3
Nota de la autora
Gracias a todos por leer.
No me esperaba tanto apoyo en tan poco tiempo.
Esta novela nació hace muchos años y batallé mucho para publicarla, pero al final está aquí para que todos la lean y la disfruten tanto como yo disfruté escribiéndola.
Espero que les hayan gustado los extras. Se viene la segunda parte de esta hermosa novela.
De nuevo, muchas gracias a todos por leer.