Indomables

CAPITULO 1

Adhara De Luca.
Las puertas del salón se abrieron de par en par.
Mi padre me tomó del brazo con una mirada de ternura. Una ternura que camuflaba bastante bien su verdadera naturaleza.
Entramos lentamente. Yo avancé sin mirar a nadie, con la vista fija en el hombre con el que sería, en pocos minutos, mi esposo.
Él no me miró. Se le notaba impaciente, como si lo estuvieran obligando a esto. Y claro que sí.
Eran menos de 20 personas las que nos acompañaban en el salón. Estaba rodeada de hipócritas y gente sinvergüenza, pero aun así traté de mantener la compostura para no mostrarme débil.
Mi padre me depositó al lado del hombre que se convertiría en mi esposo. Lo observé detenidamente, tratando de descifrar lo que estaba pensando.
Todos tomaron sus asientos mientras el sacerdote daba inicio a la ceremonia.
El Sacerdote se puso de pie frente al altar. Su voz grave rompió el silencio.
—En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.—empezó a decir el padre.
Miró a los presentes. Luego a la pareja.
—Hermanos: Nos hemos reunido aquí ante Dios para que el Señor bendiga y confirme el amor que el señor Axel Valentí Castillo y la señorita…
Hizo una pausa. Miró los papeles.
—…y la señorita Adhara De Luca Montessori, se han prometido.
Caminó dos pasos. Sus ojos se posaron en Axel y luego en mí.
—El matrimonio no es un contrato entre familias. No es una alianza política. Es un sacramento. Es un hombre y una mujer que se entregan por completo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza… hasta que la muerte los separe —vociferó para que todos lo escucharan.
Volteó hacia los dos.
—Por tanto, si alguno de ustedes conoce algún impedimento para que este matrimonio se realice, que hable ahora o calle para siempre.
El silencio se hizo pesado. Parecía que nadie estaba respirando.
El padre continuó:
—Por la potestad que se me concede, los uno en matrimonio con la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
El padre miró a su alrededor.
—¿Y los anillos?
—¿Los… los anillos? —dijo mi padre, nervioso—. Bueno, la verdad se hizo todo muy rápido, así que no hubo tiempo de preparar los anillos de matrimonio.
—Bueno, entonces continuamos —dijo el padre, algo incómodo. Se aclaró la garganta para terminar su discurso.
—¿Puede ir al grano?—habló Axel por primera vez en todo ese tiempo—. Sáltese ese protocolo. Tengo prisa. No tengo todo el tiempo —miró su reloj con impaciencia.
El padre, resignado e incómodo por todo lo sucedido, decidió finalizar.
—Entonces los declaro marido y mujer. Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.
El sacerdote les extendió los papeles para que firmaran. Después de que ambos lo hicieron, iba a decir unas palabras más, pero Axel levantó la mano, cortándolo en seco.
—Ya basta de palabrerías. Hasta aquí terminó todo—agarró a Adhara del brazo, sin ningún ápice de cuidado, y la atrajo hacia él. Le susurró al oído:
—Aquí van mis votos—dijo con desprecio—. Destruiré tu vida poco a poco hasta hacerte suplicar por la muerte. Vamos a arder los dos juntos en el infierno. No porque te arrastre yo, sino porque ya tienes tu lugar asegurado junto conmigo. Prepárate para lo que te espera.
La soltó con un movimiento brusco. Ella no dijo absolutamente nada. Su cara no expresó nada.
Axel le hizo una seña a su mayordomo.
—Vámonos, Gonzalo. No soporto estar rodeado de hipócritas y asesinos.
—Sí, mi señor—dijo Gonzalo, agarrando la silla de ruedas por detrás y llevándolo a la salida.
Las llamas ya habían empezado a arder. Y no habría nada ni nadie que pudiera apagarlas.



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Editado: 19.08.2026

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