Inefable, lo que creíamos perdido

4. ¿Qué fue lo que hiciste?

Al volver a casa luego del paseo por el bosque encuentro a mi padre trabajando en su estudio, está haciendo un cuadro enorme del que solo alcanzo a ver lo que parecen ser unas alas. Él al sentirme entrar en la habitación, se gira hacia dónde estoy y me regala una sonrisa deslumbrante.

― ¿Qué tal te fue en el paseo?

Una sonrisa estúpida se forma de inmediato en mi rostro porque en verdad lo he pasado muy bien.

―Bieeeen ―digo, alargando la palabra con cautela.

Mi padre deja el pincel sobre la mesa y me mira con diversión, sus manos viajan a su cabello haciendo que una fina capa de pintura azul le tiñe la cabellera y haga que parezca una estrella de rock de los 80". Un sentimiento de nostalgia me embarga, al recordar las tantas veces que lo vi de aquella manera antes junto a Davis.

―Y… ¿Tienes algo que contar? ―La voz de papá es cautelosa, aunque la emoción no puede disimularla por más que lo intente.

Sus ojos verdes tan iguales a los míos me observan con cariño y una oleada de sentimientos se forma en mi interior. Sus ojos hacen que mi mente viaje de nuevo a Manhattan, es lo mismo que ocurre cada vez que me veo en el espejo.

Niego con la cabeza como respuesta a la pregunta de papá y me encojo de hombros cuando él inclina una ceja con diversión debido a mi respuesta, se que este es el momento de huir así que me encamino hacia la salida del estudio y subo las escaleras directo a mi habitación.

Dejándome caer en mi cama paseo mis ojos por el lugar observando la cantidad de fotografías que hay en todas partes; en el espejo de enfrente, las paredes, sobre mi cama colgando de luces de navidad, incluso tengo algunas pegadas sobre el respaldo de la puerta. Dejo salir un suspiro y rebusco dentro de mi mochila para sacar la cámara que llevé a la Academia.

Enciendo el aparato y voy pasando una por una las fotos, en ellas aparecen muchas de Manhattan y muchas más de Davis. Siento como algo se retuerce en mi interior y estoy a punto de apagar la cámara hasta que encuentro las que tomé el primer día que salí a conocer el pueblo, árboles, nubes, pájaros, todo va pasando frente a mis ojos y entonces aparece él. Esta vez en la seguridad de mi habitación me permito detallar cada cosa: su postura relajada, sus brazos extendidos sobre la yerba, como su cabello quedó desordenado por la brisa… Todo. Y es imposible no impresionarse de nuevo.

Derek tiene un aura que emana tranquilidad y que al mismo tiempo parece advertirte no acercarte a él. Y eso es desesperante, y a la vez me sorprende el hecho de que logre despertar algo en mí, aunque la mayoría de las veces sea irritación o instintos asesinos. Sin embargo, cualquier sentimiento que no sea la tristeza es bien recibido.

Paso hasta llegar a las fotos que le tomé hoy y me topo con su rostro mirando fijo a la cámara, la manera en que me miró cuando notó que lo fotografiaba y la enorme sonrisa que se extendió por su rostro… Oh, Dios mío, el recuerdo de esa conversación llega a mi como un balde de agua helada, la manera en que me acerqué hasta él… ¿en qué demonios estaba pensando cuando hice eso? ¿Es que acaso estaba poseída? Ahora sí debe pensar que realmente soy una acosadora, cómo si él necesitara algún incentivo más para su creciente ego. Algo me dice que me espera una larga semana el lunes.

~~~***~~~

¿Han tenido alguna vez esa sensación que tendrán un mal día? ¿Esa pesadez en el cuerpo y ese sentimiento de ansiedad y angustia que les recorre cada molécula? Bueno, esa es justo la manera en que me siento, y no me refiero solo al hecho de que mi despertador no sonó, y  ahora me dirijo a la Academia con un margen de tres minutos para llegar. Sino simplemente al hecho que hoy no es un día bueno. La noche anterior volví a tener pesadillas; hace semanas que no me pasaba y el hecho que regresaran me tomó de sorpresa; cada vez que me levantaba sollozando en la madrugada e intentaba volver a dormir los sueños regresaban, solo que en mi caso no son sueños, sino recuerdos y en todos y cada uno de ellos Davis muere.

Las bolsas bajo mis ojos me dan la bienvenida en el espejo retrovisor cuando por fin aparco en la Universidad, dándome una última ojeada, hago una mueca de desagrado a mi reflejo y bajo del auto para dirigirme hacia la entrada del lugar. A estas alturas ya son las siete y ocho minutos, por lo que me encuentro corriendo como una lunática para llegar al salón donde la profesora de literatura debe encontrarse dando la clase. Al llegar, empujo la puerta tal vez con demasiada fuerza y esta se abre de par en par; en ese momento todos los ojos del lugar se fijan en mí. La Srta. Payton, se ha quedado con la frase a medio decir y me mira como si quisiera experimentar conmigo algún tipo de tortura.

Trago saliva y siento mis manos sudar por el exceso de atención que estoy recibiendo.

―¿Podría entrar? ―pregunto mirando a la profesora y tratando de aplacar el enredo que tengo en la cabeza, para variar tampoco me dio tiempo de peinarme.

―Parece que ya lo hizo ―contesta la profesora con el desagrado palpable―. Siéntese ¿Srta.?

―Blanchett ―digo mientras camino hacia uno de los asientos libres al final del salón.

Puedo ver a pelos en punta Luke, haciendo señas para que me siente en la silla libre junto a él, así que tratando de mantener la cabeza baja llego a mi lugar.

La maestra sigue con la clase de inmediato y aunque un par de ojos siguen estando en mi dirección, entre esos los de Amber quién tiene una sonrisa burlona en su rostro, nadie más parece haberle dado demasiada importancia a mi entrada tardía.




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