Inefable, lo que creíamos perdido

8. Nada discreta

En el momento en que acepté ir a la piscina no había caído en cuenta de un pequeño detalle: debo estar en vestido de baño delante de todos. Estoy segura que Derek piensa que no llevaré ninguno o en el mejor de los casos que iré en bañador porque la vergüenza no me da para más. Aunque acepto que he considerado el bañador, nada tiene que ver con sentir vergüenza, no tengo complejos respecto a mi complexión física, simplemente un bañador me haría sentir menos expuesta a la mirada de todos; desde lo ocurrido hace un año me abstengo de usar ropa que revele demasiado, de hecho normalmente evito juntarme con gente en general, en especial con el sexo opuesto.

Nunca fui demasiado sociable en la niñez, ni la adolescencia pero cuando lo de Davis ocurrió, fue como si todas esas aptitudes se multiplicaran. Deje de salir de casa, ya no me agradaba estar rodeada de personas, no quería sentirme observada; empecé encerrarme en mi misma, no me siento cómoda teniendo la mirada de hombres puesta sobre mi. Esa es una de las razones por las cuales evito lugares como los clubes o los bares. Siempre están llenos de gente ebria y los ebrios suelen hacer cosas desastrosas.

Sin embargo, de solo pensar en la sonrisa triunfante que tendrá en el rostro al verme llegar en bañador hace que todos mis pensamientos negativos pasen a segundo plano. Voy a ir con un estúpido bikini y voy a borrarle la victoria del rostro.

Desde que llegué a casa la he pasado asaltando mi armario buscando un vestido de baño adecuado para usar. Uno que no sea ni muy tapado ni muy revelador, al final solo quedo con dos opciones: uno rosa pálido de corte triangular o uno de rayas azules con blanco al estilo marinero un poco infantil.

Me decido por el rosa

Termino de cambiarme justo cuando el timbre de la casa suena, mis ojos viajan de inmediato al reloj de mi escritorio; falta un cuarto para las cinco. Cuanta puntualidad. Agarrando una toalla de playa y mi cámara abro la puerta de mi habitación al mismo tiempo en que la voz de mi padre hace eco en la casa.

―Gabriel, te buscan.

Bajo las escaleras de dos en dos y me adentro en el recibidor esperando encontrarme con la amplia sonrisa de pelos en punta, pero lo que me recibe al entrar son dos joyas azules viéndome fijamente. Me freno en seco y quedo estática al verlo; puedo sentir su mirada recorriendo mis piernas descubiertas por el short veraniego que traigo y subiendo por mi cuerpo hasta llegar a mi rostro. El sonrojo inicia su carrera y se instala en mis mejillas, al mismo tiempo en que una media sonrisa se asoma en los labios de Derek.

Mi cerebro quiere hacer cortocircuito. ¿Por qué tiene que verse tan malditamente atractivo actuando como un idiota?

Un carraspeo nos hace a ambos mover la cabeza para encontrarnos a mi padre viéndonos desde la entrada del salón, sus ojos no se despegan de donde Derek se encuentra y por primera vez desde hace mucho tiempo noto el recelo paternal en su mirada. Una leve sonrisa tira de mis labios, mis ojos viajan entonces al chico frente a mi y algo aún más extraordinario sucede: Derek está avergonzado; un leve color se apodera de su rostro al tiempo que se endereza y retira la mirada de mis piernas.

Estoy a punto de echarme a reír.

―¿Qué haces aquí? ―digo dirigiéndome al castaño y salvándolo de un momento vergonzoso con mi padre―. Pensé que Luke vendría por mí.

―Hola Gabriel, yo estoy muy bien gracias por preguntar. ―Derek aparenta verse ofendido mientras gesticula de manera exagerada aun con las mejillas sonrojadas ―Luke no pudo venir y me pidió a mí que lo hiciera, espero no te moleste.

Coloco mis ojos en blanco y le resto importancia a su diatriba con un gesto de la mano, antes de indicarle que empiece a caminar a la salida.

―No tengo ningún problema, vamos.

Me despido con un ademán de la mano de papá y empiezo a caminar hacía la entrada; Derek me sigue después de despedirse de mi padre, sin embargo, la voz del aludido nos detiene a ambos en el umbral.

―¿A donde van?― Papá nos observa de hito a hito, demorando unos segundos de más la mirada en el chico a mi lado.

―Vamos a lo de Nate, ¿recuerdas? La piscina.

Mi padre sabe perfectamente de lo que le estoy hablando, le conté al respecto nada más entrar a la casa y tal como lo esperaba se había mostrado sumamente feliz de que estuviera decidida a salir, hacer mi vida otra vez. Sin embargo, supongo que la repasada que Derek me ha dado al verme ha hecho que las alarmas se enciendan en su cabeza. No puedo culparlo, pero tampoco creo que el castaño sea un mal chico. Aunque yo no soy especialmente buena en el tema.

Derek da un paso delante de mi quedando en frente de mi padre, ni siquiera me da tiempo de intervenir cuando ya está hablando.

―Señor Blanchett, disculpe, invité a Gabriel a venir a la piscina de Nate, es en la casa de al lado ―habla el castaño adquiriendo un tono formal que me hace sonreír como idiota―. Me gustaría que la dejara venir, Luke y Mei también estarán.

Mi padre no ha separado los ojos ni un segundo de Derek y por la manera en que el chico se endereza sé que se encuentra tenso. Dejo salir un suspiro y me coloco delante del castaño haciendo que mi padre desvíe la atención a mí.

―Peter Blanchett, llevas un año diciendo que debo salir más, hace un rato estabas a punto de abrir una botella cuando te dije que iría a la casa de al lado, así que podrías por favor decirme ¿qué ha cambiado?




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