Inercia Fría

Una desconocida rivalidad

James

Cuando desapareció por el pasillo, me encontré de lleno con la mirada de Bella, que me analizaba como si intentara resolver un rompecabezas.

—¿Pasó algo? —preguntó ella, arqueando una ceja.

Miré a Bella cuando Lukas la presentó y supe de inmediato que íbamos a llevarnos bien. Tenía una chispa diferente; sin darnos cuenta, compartíamos el mismo sentido del humor ácido. Cuando Lukas intentaba meterse conmigo o soltaba alguna de sus bromas pesadas, ella no se quedaba atrás y me ayudaba a burlarme de él. Era linda, sí, pero no era mi tipo; más bien sentí esa conexión instantánea de alguien que se convertiría en una gran amiga, alguien en quien realmente podría confiar en este nido de víboras que es la universidad.

Lukas no perdió la oportunidad. Soltó una carcajada que resonó en todas las escaleras, dándome un golpe en el hombro que casi me hace perder el equilibrio.

—Te dejaron volando, James —se burló, disfrutando el momento más de lo necesario—. El gran "señor Miller" acaba de ser ignorado olímpicamente por una chica. Deberíamos marcar el calendario.

Le dediqué una mala cara, de esas que suelen callar a la gente, pero con Lukas nunca funcionaba. Me giré hacia Bella, tratando de recuperar algo de mi orgullo herido.

—Lo que pasa es que estaba dormida en mi auto —solté, restándole importancia mientras me guardaba las manos en los bolsillos—. Fui a buscar mis cosas, la desperté y, en lugar de un "gracias" o un "lo siento", me soltó un insulto de entrada.

Me quedé mirando el espacio vacío donde antes estaba ella. Elaine. Un nombre suave para una chica con una lengua tan afilada. Me molestaba la forma en que me había mirado, como si yo fuera un estorbo en su camino y no el dueño de la cochera donde se había refugiado.

—Es un poco intensa, ¿no creen? —añadí, aunque por dentro solo podía pensar en el fuego de sus ojos cuando me llamó idiota.

—Es medicina, James —respondió Bella con una sonrisa cómplice—. Todos ahí están un poco locos.

Subí los escalones sintiendo una punzada de curiosidad que no me gustaba nada. No estaba acostumbrado a que las personas me dieran la espalda, y mucho menos a que me hicieran sentir que yo era el que estaba sobrando.

—Bella... —empecé, tratando de sonar casual mientras subíamos los escalones—, ¿la chica de hace un momento es tu amiga?

Ella me lanzó una mirada de suficiencia, con esa sonrisa que decía que sabía exactamente por qué lo preguntaba.

—Es mi mejor amiga —respondió con orgullo, dándome un codazo amistoso—. ¿A que es guapa?

Me encogí de hombros, aunque por dentro la imagen de sus ojos oscuros y su actitud defensiva no se me borraba de la cabeza.

—Tiene carácter, eso te lo concedo —mascullé, tratando de ocultar que me había picado la curiosidad—. Pero parece que me odia sin siquiera conocerme. ¿Siempre es así de... encantadora con los desconocidos?

Bella soltó una risita y se encogió de hombros, dejándome con más preguntas que respuestas mientras nos acercábamos a nuestra facultad.

La facultad de Diseño de Modas y Administración de Empresas compartían edificio, algo raro considerando que nuestras materias no tenían nada que ver, pero al menos me ahorraba caminar bajo el sol. En cambio, Lukas tenía que seguir una facultad más allá para llegar a la suya.

Sin embargo, el trayecto se hizo eterno. En cuanto llegamos a la entrada de Diseño, Bella y Lukas se enredaron en un beso de esos que parecen no tener fin, como si el mundo se fuera a acabar antes de la siguiente clase.

—Consigan una habitación o algo —mascullé, desviando la mirada hacia cualquier otra parte.

Era una situación increíblemente incómoda. Ser el "sujetavelas" nunca ha sido mi estilo, y menos cuando el espectáculo es tan... efusivo. Verlos así me hizo pensar en la otra chica, Elaine, y en cómo ella también parecía detestar este tipo de exhibiciones públicas de afecto. Había algo en su forma de fruncir el ceño que, aunque me había irritado, ahora me resultaba casi comprensible.

—Ya, tortolitos, muévanse —solté, dándole un empujón amistoso a Lukas—. Algunos tenemos que fingir que nos importa la economía.

Lukas se separó riendo, despidiéndose de Bella con una mano mientras retomaba su camino. Me quedé a solas con ella un segundo antes de que entrara a sus talleres de costura. Sabía que era el momento de sacarle algo de información, pero no quería que se notara demasiado mi interés.

Entré en el edificio de Administración con la mente en cualquier lugar menos en las empresas. Me aparté a un pasillo menos transitado y saqué el celular para llamar al único hombre en quien confiaba plenamente: mi mayordomo, el que me había criado mientras mis padres estaban demasiado ocupados siendo los "dueños de la ciudad". Era lo más parecido a un padre que tenía.

—¿James? —su voz sonó calmada, como siempre.

—Necesito saber quién es ella. Elaine Brooks. Está en Medicina.

No pasaron ni cinco minutos cuando mi teléfono vibró. El archivo era denso. Empecé a leer con cierto cinismo: 18 años, criada por su Tía Jenna, un historial académico impecable que rozaba la perfección. Alergias, cumpleaños, enfermedades... por un momento sentí que el interés se me escapaba. Parecía la típica chica aplicada y aburrida que vive para los libros.

Hasta que llegué a la sección de archivos antiguos.

Mis dedos se detuvieron sobre la pantalla. Eran fotos de ella unos años más joven, pero su mirada era inconfundible. Los titulares de prensa local e internacional gritaban en letras mayúsculas: "JOVENCITA TALENTOSA: NUEVA PRODIGIO DEL PATINAJE SOBRE HIELO DESTACADA INTERNACIONALMENTE".

—Mierda —susurré para mí mismo, sintiendo un escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado de la facultad.

La chica que me había llamado idiota en una cochera no era solo una estudiante de medicina huraña; era una atleta de élite que había estado bajo los reflectores de todo el mundo. Verla en las fotos, deslizándose con una elegancia feroz sobre el hielo, hacía que todo encajara: su disciplina, su rigidez, y esa forma de caminar como si el suelo le perteneciera. Elaine era un rompecabezas que, justo cuando creías haber armado, cambiaba de forma para volverse algo mucho más interesante.



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En el texto hay: humor, deportista, universidad adolescencia amor

Editado: 08.04.2026

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