Inercia Fría

Otra desconfianza

Elaine

Caminé sin mirar atrás, sintiendo cómo el calor de la rabia me subía por el cuello. Sus palabras seguían martilleando en mi cabeza: “Solo te estoy protegiendo”. ¿Protegiéndome? ¿De quién se cree que es el guardián? Detesto que la gente asuma que no puedo distinguir quién es bueno para mí y quién no.

James Miller podrá tener todo el talento del mundo y esa sonrisa que parece abrirle todas las puertas en Willecove, pero no tiene el derecho de decidir mis amistades. Lo peor no fue su arrogancia, sino que por un momento, antes de que abriera la boca sobre Leonel, él me había hecho sentir... diferente. Cómoda. Como si por fin hubiera encontrado un ancla en este campus lleno de caras extrañas.

Me dolió que usara esa confianza para intentar manipularme.

A medida que me alejaba, el eco de su suspiro pesado parecía perseguirme por el pasillo. No era un suspiro de arrepentimiento, sino de alguien que cree que tiene la razón y que yo simplemente no entiendo el mundo como él. "Confío más en él que en ti", le solté, y cada letra era verdad. Leonel no me mira desde arriba, no intenta filtrarme la realidad.

Al llegar a la esquina, apreté las correas de mi mochila. El aire frío de la tarde no lograba enfriar mi enojo. Me sentía traicionada por esa calidez previa que me había mostrado. ¿Todo había sido un preámbulo para controlarme? Si Miller piensa que voy a agachar la cabeza solo porque es el chico popular, está muy equivocado. En mi mundo, el respeto se gana con sinceridad, no con advertencias disfrazadas de cuidado.

Solté las correas de mi mochila, dándome cuenta de que mis nudillos estaban blancos de tanto apretar. Justo en ese momento, unos brazos rodearon mi cintura. El perfume dulce y la energía saltarina me dijeron de inmediato quién era: Bella. Me miraba con un puchero exagerado, reprochándome en silencio que no hubiera escuchado sus últimos cinco llamados.

—Lo siento, estaba... en las nubes —le dije, forzando una sonrisa para que no notara el rastro de la discusión con Miller—. Vamos juntas, ¿sí?

Ella asintió, pero la noté extrañamente callada mientras caminábamos, lo cual en Bella era una señal de alerta.
—¿Estás bien? —le pregunté, arqueando una ceja.
—Sí... pero quiero un favor —respondió ella. Su mirada se volvió traviesa, casi "diabólica". Me reí porque conocía esa cara; algo tramaba—. Hay una fiesta en una hora. ¿Estás libre, Elaine?

Antes de que pudiera procesar la invitación o poner una excusa sobre mis tareas, una voz masculina y familiar resonó justo detrás de nosotras:
—Yo las llevo. ¿Te parece, Elaine?

Me di la vuelta y ahí estaba Leonel, con esa sonrisa relajada que tanto molestaba a James. Entre la insistencia de Bella y la oferta oportuna de Leonel, me sentí acorralada de la mejor manera posible. Después del trago amargo con Miller, tal vez una fiesta era exactamente lo que necesitaba para demostrar —y demostrarme a mí misma— que no necesito su protección.

—Está bien, acepto —dije, tratando de ignorar el presentimiento de que James no tardaría en enterarse de con quién me iba esa noche.

Me quedé helada. Ver a Bella perder su sonrisa de golpe fue como un balde de agua fría. En cuanto Leonel se alejó, con esa seguridad que a mí me resultaba reconfortante pero que a los demás parecía irritarles, ella me clavó la mirada.

—¿Quién es él, Elaine? —preguntó con una gravedad que no le conocía—. Me da muy mal presentimiento.

Sentí un pinchazo de irritación. ¿Primero James y ahora ella? Me molestaba que todos se hubieran puesto de acuerdo para señalarlo como el malo de una historia que ni siquiera conocían. Apreté los labios, tratando de no soltar una respuesta borde.

—No quiero hablar de esto, por favor —le dije, desviando la vista. No quería que una discusión sobre Leonel me arruinara también la relación con mi mejor amiga.

Bella me estudió un segundo, buscándome la mirada, hasta que finalmente soltó un suspiro de rendición.

—Está bien... te dejo ser su amiga, pero ten cuidado, ¿vale? —cedió, aunque su voz aún arrastraba esa nota de preocupación.

Caminamos juntas hacia la salida del edificio, pero el silencio que nos rodeaba ya no era el de siempre. Me sentía dividida: una parte de mí solo quería poder disfrutar proximamente de la fiesta y dejar atrás el drama de los Miller, pero la advertencia de Bella se quedó flotando en mi mente como una nube negra. ¿Por qué todos veían un peligro en Leonel que yo simplemente no podía ver?

Me miré al espejo una última vez. La combinación de la falda negra, la blusa ajustada y las botas largas me hacía sentir una seguridad que necesitaba recuperar tras la pelea con James. Bella tenía un ojo clínico para la moda; a su lado, con ese vestido blanco que la hacía resaltar como una luz en medio de la habitación, parecíamos polos opuestos, pero funcionábamos.

Al salir del edificio, el aire fresco de la noche me golpeó el rostro. Allí estaba Leonel, apoyado en un auto gris, sencillo y sin pretensiones. No era el coche azul marino de Lukas ni el motor rugiente que uno esperaría de la élite de Willecove, y extrañamente, eso me hizo relajar los hombros. Él no necesitaba presumir.

—Te ves increíble, Elaine —dijo Leonel al vernos llegar, ignorando la frialdad evidente que emanaba de mi amiga.

Bella se mantenía a una distancia prudente, con los brazos cruzados y esa mirada de examen que no se le quitaba de encima. No dijo ni una palabra mientras caminábamos hacia el vehículo. El silencio entre ellos era tan espeso que se podía cortar con un cuchillo.

Subimos al auto y el motor arrancó con un sonido humilde. Mientras avanzábamos hacia la fiesta, miré por la ventana las luces del campus alejándose. Sabía que Bella estaba juzgando cada detalle —el tapizado, el olor, la forma en que Leonel conducía—, buscando cualquier grieta que confirmara su "mal presentimiento". Yo, en cambio, solo quería que la música de la fiesta borrara la voz de James de mi cabeza.



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En el texto hay: humor, deportista, universidad adolescencia amor

Editado: 08.04.2026

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