Los matrimonios arreglados suponen distancia, tensión y dos personas atrapadas en una vida que no eligieron. Él tampoco ayudaba mucho a desmentirlo. Tenía esa mirada seria que parecía mantener al mundo entero a varios pasos de distancia. Era fácil pensar que era frío. Más fácil aún creer que ella debía odiarlo.
Pero la verdad era mucho menos dramática… y quizá por eso, más extraña, porque él nunca le levantó la voz, nunca la trató como un deber incómodo ni como un adorno puesto a su lado por obligación. Y ella, lejos de desafiarlo o resentirlo, descubrió demasiado pronto que detrás de esa imagen impenetrable había alguien paciente, torpemente atento y peligrosamente fácil de querer.
No eran enemigos pero no estaban enamorados. Todavía no.
Eran dos desconocidos unidos por decisiones ajenas, aprendiendo a convivir en medio de expectativas que no les pertenecían y quizá ese era el verdadero problema, que las historias como la suya no deberían funcionar…pero lentamente comenzaba a hacerlo.
Aquí no existe una chica embarazada huyendo en medio de la noche, ni un hombre frío que la convierta en su segunda opción. No hombre rico-chica pobre. No habrá una amnesia conveniente, triángulos amorosos interminables ni reencuentros mágicos después de 10 años, tampoco mejores amigas traidoras, ni villanas obsesionadas con destruir a la protagonista por envidia…
¿o sí?
Solo hay una chica consumida por las pesadillas de su pasado… fingiendo que sobrevivió a lo que la rompió, aunque nunca logró dejarlo atrás.
Y un hombre que representa la única salvación que su corazón se niega a aceptar, a todo aquello de lo que ella nunca logró escapar.
Que no debería significar nada.
Que no debería quedarse.
Que no debería importar.
Pero lo hizo.
Y eso lo cambia todo.
Porque a veces lo más peligroso no es el pasado que te persigue…sino aquello que llega para hacerte dejar de huir de él.