Henry.
No dudaste cuando preguntaste. Eso fue lo primero que noté.
–¿Dónde voy a dormir? –directo y claro, sin intención de suavizarlo.
–Aquí –respondí.
Sabía lo que implicaba decirlo y aun así, lo hice, no como una imposición, sino como una prueba.
–No –tu respuesta fue inmediata, firme, sin espacio para interpretaciones y curiosamente, no me molestó. Hubo un silencio breve.
–Supongo que eso estaba implícito –añadiste–. No vamos a compartir habitación.
Claro que lo estaba. Pero quería escuchar hasta dónde ibas a marcar la línea.
–No es necesario –dije al final. Lo cual era cierto. Al menos…en ese momento.
–Entonces…¿hay otra habitación?
Sabías que sí. No era pregunta. Era una confirmación de que ibas a mantener esa distancia.
–Sí. Puedes usar cualquiera del segundo piso.
Te relajaste. Fue sutil pero lo noté y creo que fue ahí donde entendí algo que no esperaba admitir tan pronto.
Que no querías cercanía…no conmigo.
–Bien –murmuraste–. Gracias.
Te diste la vuelta, por un momento pensé que eso sería todo. Pero no.
–Es mejor así –añadiste–. Para ambos. Buenas noches Henry.
–Buenas noches Anika.
Claro. Para ambos. Eso era lógico. Lo correcto. Lo que cualquiera habría aceptado sin problema.
Y aun así, mientras te veía alejarte, hubo algo que no encajó del todo. No era molestia, tampoco decepción, era algo más preciso, más incómodo. La certeza de que esa distancia que estabas marcando…no era algo que fuera a respetar para siempre.