Anika.
A la mañana siguiente, bajé al comedor, estabas en el ventanal de la sala mirando al jardín. Tu espalda estaba rígida, tus hombros tensos por el peso de una verdad que finalmente había salido a la superficie. No hablaste, no hiciste nada, y aun así cuando te vi recargado contra el ventanal, con esa altura, esa mirada, fue suficiente para que me traicionara. Porque sí, me pareciste peligrosamente guapo desde ese instante...más de lo que quería admitir. Me lo replantee y creo que no te observé bien hace tres meses en aquella oficina cuando te conocí.
–Ella se llama Emily. Llevamos seis años juntos. Pensé que podría manejarlo todo, la empresa, el matrimonio arreglado… pero parece que mi capacidad de mentirle a ambos tiene límites–. Pude ver ese conflicto interno en ti…pero, ese nombre, no, no es ella.
–Emily, es un bonito nombre. –La sinceridad en mi voz pareció deshacer parte de la tensión en tus hombros. Había una aceptación tranquila que contrastaba fuertemente con la ira o el dolor que esperabas que tuviera.
–Gracias. –Respondiste–. Emily, es importante para mí. Siempre lo ha sido. Ella no sabe nada de ti, de nosotros. No quería…no podía explicarle esto.
–De verdad puedes tener tu vida con ella. Fuera del foco de nuestras familias, no tengo problema.
–¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Estás ofreciéndome exactamente lo que quiero–. Giraste y me miraste confundido.
–¿No te das cuenta? No puedes simplemente darme mi vida con Emily. Esto no es justo para ti –dijiste con pasos firmes hacia la cama–. Tú estás aquí. Eres mi esposa ante la ley y ante Dios.
–No es así… no soy tu esposa Henry.
Te miré directamente.
–Al menos no de la forma en que eso suele significar algo.
–Esto es un acuerdo –continué-. Y si tú ya tenías una vida antes de esto…no veo por qué deberías dejarla atrás por algo que ninguno eligió.
–Puedes traerla si quieres –añadí después–. Explicarle la situación. Creo que sería lo más justo.
–Podemos ser compañeros –la palabra se sintió extraña, pero no la corregí.
–Incluso amigos, si eso es lo que prefieres, pero no voy a actuar como algo que no soy.
–No soy tu esposa, Henry.
–Compañera –repetiste en voz baja, como si estuvieras probando la palabra en tu boca–. Sí, eso suena mucho más preciso que ‘esposa’.
–Es fácil llegar aún acuerdo contigo. –Te dije con una sonrisa.
–Supongo que es la mejor relación que podemos esperar, dado el contexto.