Henry.
Recuerdo ese momento mejor de lo que debería.
La forma en que dudaste antes de hablar. Apenas un segundo, pero suficiente para que supiera que lo que ibas a decir no era simple.
–Henry…
Te miré como siempre lo hacía entonces: tranquilo, medido, como si nada pudiera descolocarme. Pero ya sabía que esa noche no iba a ser así.
–¿Sí?
Hubo un silencio breve.
–¿Existe una posibilidad de divorcio?
No reaccioné de inmediato. No porque no me sorprendiera…sino porque no iba a darte esa ventaja.
Divorcio. Tan pronto. Una semana. Solo eso llevábamos casados y ya me preguntabas eso.
Te observé con más atención de la que dejé ver. No había desafío en tu expresión. Tampoco frialdad, la que todos decían que caracterizaba a la gran heredera Katsar.
Había algo más peligroso. Necesidad.
–¿Divorcio? –repetí, comprando tiempo.
–A futuro. No ahora. Solo…saber si es una opción.
Claro que lo era. Siempre lo es.
Pero lo que nunca te dije –lo que ni siquiera terminé de entender en ese momento- es que esa no fue la pregunta que realmente escuché.
Lo que escuché fue otra cosa.
Quiero saber cómo salir de ti.
Y no me gustó. Nada.
–Nuestros padres no lo verían como algo conveniente –respondí.
–No pregunté eso. Pregunté si es posible.
Y ahí, Anika…ahí tomé una decisión. No completamente consciente, no completamente lógica…pero definitiva.
–Técnicamente, sí –admití.
Vi como soltaste el aire. Lo noté.
Y creo que fue justo ahí donde algo en mí se tensó, porque entendí lo que significaba para ti.
Una salida.
–Pero no sería sencillo.
Nunca lo iba a ser.
No para ti.
No conmigo.
–Entonces hay una salida.
Me miraste como si eso fuera suficiente. Y tal vez lo era…en ese momento.
–¿Es eso lo que quieres? –pregunté
Negaste.
–Es lo que necesito saber.
Claro. No querías irte. Solo querías poder hacerlo.
Y lo entendí. Lo que no esperabas… es que yo también entendiera algo más.
–¿Para qué?
–Para no sentir que estoy atrapada.
Te sostuve la mirada y dije lo que debía decir.
–No lo estás.
Pero eso no era del todo cierto. Porque aunque en ese momento no te amaba…ni siquiera sabía si iba a hacerlo…ya había decidido algo.
Algo que nunca dije en voz alta. No esa noche. No después. Pero que se volvió verdad mucho antes de que tú lo notaras.
Que no iba a dejarte ir.
No fácilmente. No cuando tú decidieras.
Y no…ni siquiera si en ese momento no sentía nada por ti.