Inevitablemente tú

Capítulo 18. Momentos peligrosamente normales

Henry.

Minutos después escuché unos pasos detenerse frente a la puerta de mi habitación. No levanté la mirada enseguida.

Seguí abotonando mi camisa con calma, fingiendo una concentración que realmente no tenía.

La puerta se abrió apenas. Cautelosa. Como si todavía no estuvieras segura de si debías entrar. Y luego te vi.

—Perdón…

Tu voz salió más baja de lo habitual. No respondí de inmediato, porque, honestamente, empezaba a cansarme de escucharte disculparte por existir cerca de mí.

—No te disculpes por algo que ni siquiera pudiste controlar conscientemente —dije mientras caminaba hacia el armario. Podía sentir tu mirada siguiéndome. Incómoda. Nerviosa.

Y entonces decidí hacer algo que no esperaba hacer contigo tan pronto. Bromear.

—Aunque debo admitir que fue interesante descubrir que, dormida, te comportas como una anémona marina gigante.

Me detuve frente al espejo para acomodar la corbata y te observé a través del reflejo. Tu expresión pasó de confusión a indignación casi al instante. Y me gustó más de lo que debería.

—¿Una anémona? Eres horrible, Henry Caldwell.

La carcajada que se me escapó fue genuina, probablemente la primera completamente sincera desde el matrimonio. Y entonces hiciste algo que no esperaba. Te acercaste.

Sin pensarlo demasiado, tomaste mi corbata entre tus manos y empezaste a acomodarla con evidente torpeza.

Por un segundo me quedé quieto, observándote, demasiado cerca otra vez.

Tus dedos eran lentos, inseguros, como si nunca hubieras hecho eso antes, pero aun así seguiste intentándolo.

—Horrible, ¿eh? —repetí con una sonrisa inevitable—. Y tú eres una anémona marina gigante adorable que no sabe cómo soltar a su presa.

Frunciste ligeramente el ceño sin dejar de concentrarte en el nudo.

—No es cierto.

Solté otra risa baja y por primera vez desde que todo esto empezó… la tensión entre nosotros no se sintió pesada, se sintió ligera, extrañamente natural.

—Gracias por el intento —dije cuando terminaste al fin—. Aunque creo que necesitaremos practicar cómo se hace correctamente.

Diste un paso atrás para observar tu trabajo con atención.

—¿Me quedó tan mal?

Bajé la mirada hacia el nudo claramente imperfecto antes de volver a verte.

—Definitivamente no está mal —respondí—. Quizás un poco… creativo.

Tus ojos se entrecerraron apenas y sonreí un poco más.

—Como todo lo que haces, Anika.

Recuerdo ese momento con demasiada claridad, porque fue pequeño, simple, nada importante, en teoría.

Y aun así…creo que fue una de las primeras veces en las que dejamos de sentirnos como dos personas atrapadas en un acuerdo y empezamos a parecernos, aunque fuera apenas un poco…a algo más.



#5201 en Novela romántica
#1767 en Otros
#338 en Relatos cortos

En el texto hay: chica rica, romance, hombre amable

Editado: 21.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.