Anika.
—¿Creativo? ¿De qué hablas? —recuerdo perfectamente la forma en que sonreíste después de eso, como si finalmente hubieras encontrado algo divertido en medio de todo aquel desastre que era nuestro matrimonio.
—Bueno, déjame pensar… —comenzaste mientras levantabas la mano y contabas en los dedos—. Aterrorizar a mi chef personal porque estabas convencida de que quería envenenarte durante la cena de prueba.
Abrí la boca de inmediato.
—¡Porque sabía horrible! –tu risa baja solo empeoró mi indignación.
—Luego está la vez que discutiste sobre la calidad del champán como si fueras una sommelier profesional. Lo cual claramente no eres.
—Vi videos en internet sobre vinos. Eso cuenta como preparación. –Negaste lentamente con la cabeza, divertido.
—Y no olvidemos el incidente con mi tablet de trabajo –sentí cómo el calor me subía al rostro antes siquiera de que terminaras.
—Henry…
—Tu cara cuando descubriste que habías borrado accidentalmente un contrato millonario fue, honestamente, una de las mejores cosas que he visto.
—¡¿Cómo sabes todo eso?! —te interrumpí, incrédula—. Estoy segura de que no estabas presente en ninguno de esos incidentes.
Comenzaste a salir de la habitación, atravesaste el pasillo, las escaleras, yo detrás de ti, llegamos al comedor.
—Sé más de lo que crees.
—Mi personal tiene instrucciones estrictas de reportarme cualquier comportamiento potencialmente catastrófico relacionado contigo. Especialmente si involucra mi tecnología de trabajo. –Parpadeé una vez.
—¿Así que vigilabas a la chica que te impusieron como futura esposa?
Recuerdo que aparté la mirada apenas dije eso, no porque estuviera herida, no lo estaba, nosotros mismos habíamos dejado claras las reglas desde el inicio.
Vidas separadas.
Sin sentimientos.
Sin interferir demasiado en la vida del otro.
Emily existía antes que yo.
Y yo nunca tuve intención de ocupar un lugar que no me pertenecía.
—Me aseguraba de que te estuvieras adaptando —corregiste después de unos segundos—. Mis empleados tienen órdenes de reportarme cualquier cosa fuera de lo normal, no es lo mismo que vigilarte.
Solté una pequeña risa incrédula.
—Eso suena exactamente a vigilancia, Henry.
—Mira, cuando te obligan a casarte con una desconocida, cierta cautela es razonable.
—¿Y de qué manera sería peligrosa? –tu sonrisa apareció apenas.
—No peligrosa en el sentido de que vayas a asesinarme. Pero tu capacidad para meterte en problemas sin quererlo es… impresionante.
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Antes de continuar…
Si te estás enamorando de Henry y Anika tanto como yo, quiero invitarte a acompañarlos también en Lo que quedó entre líneas: Inevitablemente Tú.
Allí encontrarás escenas inéditas, conversaciones que nunca aparecieron en la novela principal, citas, momentos cotidianos, recuerdos, confesiones y muchos pequeños instantes que complementan su historia.
No es necesario terminar este libro para leerlo. De hecho, está pensado para disfrutarse a la par, alternando entre ambos y descubriendo todo aquello que no cabía en la trama principal.
Disponibles ya, los primeros 3 capítulos.
¡Nos vemos también allí!