Henry.
No debí haberte escrito. Eso fue lo primero que pensé después de enviar el mensaje. Porque durante tres semanas me había contenido perfectamente.
Sin llamadas. Sin preguntas. Sin demostrar algo que pudiera interpretarse como preocupación.
Y aun así terminé haciéndolo. Impulsivamente.
**¿Piensas volver a casa este mes o debo empezar a asumir que te secuestraron?**
Lo había escrito con sarcasmo a propósito. Más fácil disfrazar la necesidad de verte detrás de una broma.
Dejé el teléfono sobre el escritorio y seguí revisando unos documentos que no estaba leyendo realmente.
La reunión frente a mí continuaba, inversionistas hablando, números, proyecciones, nada particularmente difícil de manejar y aun así mi atención seguía desviándose hacia el teléfono cada pocos minutos.
Ridículo, completamente ridículo.
—¿Señor Caldwell?
Levanté la vista apenas.
—¿Hm? –Los tres ejecutivos frente a mí parecían confundidos. Uno de ellos incluso repitió una pregunta que claramente no había escuchado.
Perfecto. Solté un suspiro corto y cerré la carpeta frente a mí.
—Tomemos un descanso de diez minutos. –Todos se levantaron casi inmediatamente. Y apenas la puerta se cerró, miré el teléfono otra vez.
Nada. Ni siquiera leído. Fruncí ligeramente el ceño.
No tenía sentido que me molestara, Anika nunca había sido particularmente atenta con el teléfono.
De hecho, probablemente estaba distraída haciendo algo cuestionable que eventualmente terminaría convirtiéndose en problema mío. La idea me arrancó una sonrisa leve, involuntaria, y eso fue todavía peor.
Tomé el teléfono otra vez, estuve a punto de escribir otro mensaje, algo simple, más directo.
¿Estás bien?
Pero me detuve antes de enviarlo, porque esa pregunta cruzaba una línea peligrosa, demasiado personal, demasiado parecida a algo que un esposo real enviaría.
Y nosotros no éramos eso. ¿Cierto?
La vibración repentina del teléfono me sacó de mis pensamientos. Tu nombre apareció en la pantalla. Algo absurdamente parecido al alivio me atravesó antes de que pudiera impedirlo.
**Sigo viva. Lamento decepcionarte.**
La respuesta me hizo soltar una pequeña risa nasal. Claro, eso sonaba exactamente a ti. Escribí una respuesta antes siquiera de pensarlo demasiado.
**Qué desafortunado. Ya estaba considerando heredar tu habitación al chef.**
Los puntos de escritura aparecieron casi de inmediato. Demasiado rápido, como si hubieras estado esperando seguir hablando y, extrañamente…yo también.