Inevitablemente tú

Capítulo 25. Volviste

Henry.

No esperaba que regresaras esa noche.

Después de tres semanas, había empezado a asumir que aparecerías cuando quisieras, sin avisar, sin explicaciones, como hacías con todo lo que involucraba emociones incómodas.

Así que cuando escuché movimiento en la entrada principal cerca de las once de la noche, no le presté demasiada atención al inicio, probablemente algún empleado terminando turno.

Seguí leyendo el informe frente a mí, hasta que escuché tu voz, leve, cansada, demasiado familiar después de tantos días de silencio.

Y levanté la vista inmediatamente. Ridículo. Completamente ridículo cómo mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Cerré el documento frente a mí y salí de la oficina casi sin pensarlo.

Te encontré en el vestíbulo principal, todavía con una mochila colgando del hombro y el cabello ligeramente desordenado, como si hubieras pasado horas ignorando tu propia existencia otra vez.

Margaret sostenía una de tus maletas pequeñas mientras tú intentabas explicarle algo con evidente agotamiento.

—…y no, no necesito ayuda para desempacar. Gracias.

Entonces levantaste la vista y me viste, sonreíste apenas, pequeño, natural.

—Hola. –Y, de forma absurda, eso bastó para disminuir algo de la tensión que llevaba acumulando durante días.

—Así que sigues viva —respondí mientras bajaba las escaleras lentamente.

—Lamento decepcionarte. –Tus labios se curvaron apenas más.

—Tres semanas —dije finalmente.

—Estaba ocupada.

—¿Tan ocupada como para desaparecer completamente?

—No desaparecí.

—Anika, literalmente nadie sabía dónde estabas.

—Tú sí sabías.

—No. Yo asumí. Que es diferente.

Por un instante pareciste considerar responder algo más serio. Pero terminaste suspirando apenas.

—La residencia estaba más cerca de la universidad. Los exámenes finales terminaron.

Asentí una vez. Lógico. Razonable. Y aun así seguía sin gustarme. Porque la casa había estado demasiado vacía sin ti. Y odiaba que eso fuera cierto.

Margaret se retiró discretamente hacia la cocina, dejándonos solos en el enorme vestíbulo.

Tú miraste alrededor unos segundos antes de volver a verme.

—La casa sigue demasiado silenciosa. –Tuve que contener la pequeña sonrisa que amenazó con aparecer.

—Finalmente admites que aportas caos constantemente.

—Aporto personalidad.

—Destrucción accidental.

—Personalidad caótica.

La risa baja que escapó de mí salió demasiado natural, por un segundo…solo por un segundo… esto dejó de sentirse como un matrimonio arreglado. Se sintió peligrosamente parecido a esperar a alguien volver a casa.



#5201 en Novela romántica
#1767 en Otros
#338 en Relatos cortos

En el texto hay: chica rica, romance, hombre amable

Editado: 21.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.