Anika.
Después de hablar contigo abajo, subí directamente a mi habitación.
Cerré la puerta detrás de mí y solté un suspiro cansado mientras me dejé caer sobre el colchón mientras sacaba el teléfono del bolsillo.
Tres mensajes nuevos. Todos de Aiden. Fruncí ligeramente el ceño antes de abrirlos.
**¿Sigues ignorándome intencionalmente o ya puedo empezar a ofenderme?**
El siguiente llegó una hora después.
**Sarah dice que desapareciste otra vez. Empiezo a pensar que tienes una doble vida.**
Y el último: **Voy a asumir que estás viva porque nadie parece preocupado. Aunque yo sí lo estoy un poco.**
Solté una pequeña risa nasal antes de dejar el teléfono sobre mi pecho.
Aiden era sencillo, fácil, el tipo de persona con la que se suponía que debía involucrarme, alguien de mi edad, sin acuerdos familiares absurdos, sin secretos, sin una novia esperando en otra parte de la ciudad, normal, completamente normal. Entonces…¿por qué mi mente seguía regresando a la forma en que Henry me miró abajo?
Cerré los ojos con frustración, porque eso era exactamente lo que no debía pasar, Henry y yo teníamos límites claros, vidas separadas.
Él tenía a Emily. Yo tenía mi propia vida. Y funcionaba así. Debía funcionar así.
El teléfono vibró otra vez entre mis manos.
**¿Vas a responder o debo denunciar oficialmente tu desaparición?**
Sonreí apenas antes de responder finalmente.
**Sigo viva. Lamentablemente para ti.**
La respuesta llegó casi inmediata.
**Perfecto. Entonces acepta salir conmigo mañana.**
Rodé los ojos automáticamente.
Típico Aiden. Directo. Persistente.
Y quizá eso era exactamente lo que necesitaba. Algo sencillo. Normal. Sin complicaciones emocionales.
Porque lo que empezaba a pasar contigo…definitivamente no lo era.