Anika.
Desperté lentamente, con calor y demasiado cerca de ti otra vez. Tu brazo seguía alrededor de mi cintura y, por un instante, me quedé quieta, todavía atrapada entre el sueño y la realidad.
Entonces recordé. La pesadilla. Tú entrando a mi habitación, otra vez. Cerré los ojos con frustración apenas sentí que te movías ligeramente, como si fueras a levantarte, y antes de pensarlo demasiado…me aferré más fuerte a tu camisa.
Solo un poco. Solo cinco minutos más. Eso me dije.
Tu cuerpo se tensó apenas, sorprendido por el movimiento, pero no dijiste nada y tampoco te apartaste. El silencio en la habitación se volvió extrañamente tranquilo, peligrosamente tranquilo, hasta que finalmente abrí los ojos por completo y la vergüenza me golpeó de inmediato, solté tu camisa rápidamente y me incorporé.
—Lo siento. —Mi voz salió más apresurada de lo que quería.
Tú solo me observaste unos segundos antes de suspirar apenas.
—Empiezo a pensar que las disculpas son tu deporte favorito.
Rodé los ojos automáticamente mientras alcanzaba mi teléfono sobre la mesa de noche.
La pantalla se iluminó al instante.
**Aiden:**
**Nos vemos a las 2 en el café cerca de la facultad. Y esta vez no desaparezcas.**
Sentí el corazón detenerse un segundo, porque tú estabas lo suficientemente cerca para haberlo visto también.
Levanté la mirada de inmediato hacia ti. Tu expresión seguía tranquila. Demasiado tranquila y eso no ayudó en absoluto.
—Tengo que ducharme —solté demasiado rápido mientras me levantaba de la cama.
Casi huí al baño, porque, absurdamente…no quería saber si habías leído el mensaje.
Y todavía menos quería descubrir por qué eso me ponía nerviosa.