Inevitablemente tú

Capítulo 31. La costumbre de buscarte

Henry.

El sábado terminó más tarde de lo normal.

Tú habías pasado casi toda la noche encerrada en la biblioteca de la universidad trabajando en algo que, según tus propias palabras, “definitivamente iba a arruinar tu promedio”.

Y yo llevaba horas revisando documentos en la oficina de la casa. Nada particularmente diferente. Excepto por el hecho de que, desde que habías vuelto, la casa ya no se sentía vacía otra vez.

Escuché la puerta principal abrirse cerca de la medianoche. Pasos cansados.

Tuyos.

No salí a recibirte. Pero dejé de leer inmediatamente.

Unos minutos después escuché movimiento y luego… silencio. Demasiado silencio.

Intenté volver al trabajo. No funcionó, porque desde hacía días había empezado a reconocer algo peligroso: ya podía distinguir cuándo estabas tranquila y cuándo no.

Y esa noche…algo no estaba bien.

Después de varios minutos de intentar ignorarlo, llegué a la puerta de tu habitación, estaba entreabierta otra vez, como si inconscientemente hubieras dejado espacio para que alguien entrara.

Te encontré dormida sobre las sábanas todavía con una sudadera enorme puesta y el cabello desordenado cubriéndote parte del rostro, parecías agotada, pero el ceño ligeramente fruncido me dijo que probablemente no dormirías tranquila por mucho tiempo.

Suspiré apenas antes de acercarme. Debía irme. Eso habría sido lo razonable. En lugar de eso, apagué la lámpara que seguía encendida y me acomodé a tu lado con cuidado, no reaccionaste al inicio, solo seguiste respirando lentamente.

Pero unos minutos después te moviste apenas entre sueños... y, como si ya fuera costumbre…te acercaste a mí.

Automáticamente.

Tu cabeza terminó contra mi pecho mientras una de tus manos se aferraba suavemente a mi camisa.

No despertaste y aun así parecías buscarme incluso dormida.

La idea hizo algo extraño en mi pecho, algo incómodamente parecido a ternura. Bajé la mirada hacia ti en silencio, porque empezaba a notar otra cosa todavía peor. Ya no era solo que tú parecieras calmarte conmigo. Era que yo también empezaba a dormir mejor cuando estabas cerca.



#5201 en Novela romántica
#1767 en Otros
#338 en Relatos cortos

En el texto hay: chica rica, romance, hombre amable

Editado: 21.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.