Inevitablemente tú

Capítulo 33. La única forma en que podía dormir

Anika.

Esa noche tardé demasiado en dormir.

Estaba acostada mirando el techo de mi habitación mientras la casa permanecía en silencio absoluto y por primera vez en mucho tiempo…el silencio me puso nerviosa.

Fruncí el ceño apenas al darme cuenta. Ridículo. Había dormido sola durante años. Entonces, ¿por qué ahora se sentía diferente?

La respuesta apareció demasiado rápido en mi cabeza. Porque las últimas veces…no había estado sola realmente.

Cerré los ojos con frustración, no quería pensar demasiado en eso, mucho menos en ti, pero era imposible ignorar algo tan simple como incómodo: no había tenido una sola pesadilla cuando dormías cerca.

Ni una.

Y mi cuerpo ya había empezado a notarlo antes que yo. Solté un suspiro antes de levantarme finalmente de la cama. Esto era una mala idea. Terrible, de hecho. Y aun así terminé caminando hacia tu habitación.

La puerta estaba entreabierta. La luz cálida del interior iluminaba parte del pasillo y te encontré sentado en la cama revisando algo en tu laptop.

Levantaste la vista apenas me viste aparecer. Sorprendido.

—¿Todo bien? —Asentí demasiado rápido.

—Sí.

Mentira.

Tu expresión dejó claro que lo sabías. Cerraste la laptop lentamente antes de observarme mejor.

—Entonces, ¿por qué parece que estás a punto de declararme la guerra?

Rodé los ojos apenas.

—No exageres.

—Anika, son casi las doce. Estás descalza y mirándome como si esto te doliera físicamente. Definitivamente algo pasa.

Odié un poco que me conocieras lo suficiente para notar esas cosas ya.

Jugué nerviosamente con la manga de mi sudadera unos segundos antes de hablar.

—Quería preguntarte algo.

Levantaste apenas una ceja.

Esperando.

Y, de repente, la pregunta sonó muchísimo peor dentro de mi cabeza.

—¿Puedo… dormir aquí?

El silencio duró apenas dos segundos, pero fueron suficientes para hacerme arrepentirme inmediatamente.

—Olvídalo. Fue una mala idea. —Me giré demasiado rápido para irme.

—Anika.

Tu voz me detuvo antes de llegar a la puerta. Volteé apenas... y entonces vi algo peligrosamente parecido a suavidad en tu expresión.

—No tienes que pedir permiso para eso.

El pecho me dio un pequeño vuelco incómodo.

Aparté la mirada enseguida. Porque si decía la verdadera razón… si admitía que dormir contigo era la única forma en la que mi mente finalmente descansaba… esto empezaría a sentirse demasiado real.



#5201 en Novela romántica
#1767 en Otros
#338 en Relatos cortos

En el texto hay: chica rica, romance, hombre amable

Editado: 21.06.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.