Henry.
No esperaba verte esa noche.
Mucho menos parada en la puerta de mi habitación con esa expresión extraña entre incomodidad y duda que aparecía cada vez que querías pedir algo que te hacía sentir vulnerable.
Cerré la laptop apenas entraste.
—¿Todo bien?
Asentiste demasiado rápido. Mentira evidente.
—Entonces, ¿por qué parece que estás a punto de declararme la guerra?
Rodaste los ojos apenas.
—No exageres.
—Anika, son casi las doce. Estás descalza y mirándome como si esto te doliera físicamente. Definitivamente algo pasa.
Te observé unos segundos mientras jugabas nerviosamente con la manga de tu sudadera, evitando mirarme directamente.
Había aprendido a reconocer esas pequeñas cosas contigo, la forma en que evitabas el contacto visual cuando algo realmente te importaba, la manera en que fingías indiferencia justo antes de decir algo importante.
—Quería preguntarte algo.
Esperé. Y cuando finalmente hablaste, tu voz salió muchísimo más baja de lo habitual.
—¿Puedo… dormir aquí?
Por un segundo no respondí. No porque no quisiera sino porque entendí inmediatamente lo que realmente significaba esa pregunta.
No era comodidad, ni costumbre. Era confianza.
Una pequeña.
Frágil.
Pero real.
Y tú probablemente ni siquiera te dabas cuenta de lo mucho que eso implicaba.
El problema fue que el silencio te puso nerviosa enseguida.
—Olvídalo. Fue una mala idea.
Te giraste demasiado rápido hacia la puerta.
—Anika.
Te detuviste apenas.
Suspiré suavemente antes de levantarme.
—No tienes que pedir permiso para eso.
Vi el instante exacto en que esas palabras te afectaron más de lo que esperabas. Tus hombros se tensaron apenas y evitaste mirarme otra vez.
Y entonces lo entendí, no era solo que estuvieras avergonzada, era que tampoco entendías completamente qué estaba pasando entre nosotros.
Porque yo sí había empezado a notarlo, la forma en que te calmabas conmigo cerca, la manera en que me buscabas dormida, cómo tus pesadillas desaparecían cuando te abrazaba y lo peor… era que empezaba a importarme demasiado.
Te acercaste lentamente a la cama sin decir nada más y te acomodaste del lado opuesto, manteniendo una distancia que duró aproximadamente treinta segundos.
Porque apenas apagué la luz…te acercaste inconscientemente otra vez.
Como siempre.
Sonreí apenas en la oscuridad mientras sentía tu cabeza acomodarse cerca de mi pecho... y entendí algo peligroso, ya no estabas viniendo aquí solo porque no querías dormir sola... empezabas a venir porque confiabas en que yo no dejaría que nada te pasara mientras estuvieras conmigo.