Inevitablemente Tú

Capítulo 48. La vida que seguía esperandome

Anika.

—Te juro que si vuelves a desaparecer veinte días sin avisar voy a asumir que te uniste a una secta millonaria.

Emma lanzó una papa frita directo a mi cara.

La atrapé por reflejo antes de mirarla indignada.

—Qué agresiva eres.

—Y tú sospechosa —añadió Sarah desde el otro lado de la mesa—. Desde que volviste a casa estás rara.

Tomé mi refresco intentando parecer tranquila.

—No estoy rara.

Las dos me miraron exactamente igual.

Ah.

Maldición.

Estábamos en una cafetería cerca de la universidad, ocupando nuestra mesa habitual mientras Aiden discutía con el cajero porque le habían servido el café equivocado otra vez.

—Definitivamente está rara —concluyó Emma.

—Gracias por el apoyo emocional.

Sarah apoyó el mentón sobre su mano mientras me observaba con sospecha.

—Antes odiabas volver a esa casa. Ahora sales corriendo apenas terminan las clases.

Abrí la boca para responder.

La cerré inmediatamente, porque desafortunadamente… tenía razón, y lo peor era que ni siquiera lo hacía consciente ya.

Simplemente quería volver.

A ti.

La idea apareció tan natural que me asustó un poco.

—Tal vez solo maduró —intervino Aiden regresando finalmente a la mesa con expresión ofendida y el café correcto en la mano—. O descubrió que la adultez es deprimente.

—La adultez es deprimente —confirmó Emma inmediatamente.

Solté una pequeña risa mientras Aiden tomaba asiento a mi lado.

Todo con él seguía siendo sencillo, cómodo, Aiden hacía fácil respirar, las conversaciones fluían, las salidas eran ligeras y cuando me miraba, lo hacía sin complicaciones escondidas detrás. Entonces… ¿por qué seguía comparándolo contigo?

—¿En qué piensas? —preguntó Aiden de repente.

Parpadeé apenas.

—¿Hm?

—Llevas cinco minutos mirando la nada.

Emma levantó una ceja lentamente.

—Otra vez esa cara.

—¿Qué cara? —pregunté automáticamente.

Sarah sonrió peligrosamente.

—La cara de “estoy pensando en alguien específico y no quiero admitirlo”.

Sentí calor subir inmediatamente a mi rostro.

—Ustedes proyectan demasiado.

Aiden soltó una risa baja mientras bebía café.

—Voy a empezar a ofenderme pronto. — Lo miré confundida.

—¿Por qué?

—Porque estoy literalmente sentado aquí intentando gustarte y claramente hay alguien ganándome sin esfuerzo.

El comentario fue ligero, en broma, pero igual me dejó callada unos segundos, porque la peor parte era esa, tú ni siquiera lo intentabas realmente.

No coqueteabas conmigo de manera obvia, no prometías nada, ni siquiera hablabas de sentimientos, y aun así… seguías ocupando demasiado espacio dentro de mi cabeza.

—Anika ya no tiene salvación —declaró Emma dramáticamente mientras robaba papas del plato de Aiden—. Cayó.

—No he caído en nada —protesté inmediatamente.

Sarah sonrió con satisfacción absoluta.

—Claro. Y nosotros somos monjes en abstinencia emocional.

Rodé los ojos mientras los tres empezaban a burlarse de mí otra vez, pero, aun riéndome con ellos… una parte de mí ya estaba pensando inconscientemente en cuánto faltaba para volver a casa.

—Te juro que si vuelves a desaparecer veinte días sin avisar voy a asumir que te uniste a una secta millonaria.

Emma lanzó una papa frita directo a mi cara.

La atrapé por reflejo antes de mirarla indignada.

—Qué agresiva eres.

—Y tú sospechosa —añadió Sarah desde el otro lado de la mesa—. Desde que volviste a casa estás rara.

Tomé mi refresco intentando parecer tranquila.

—No estoy rara.

Las dos me miraron exactamente igual.

Ah.

Maldición.

Estábamos en una cafetería cerca de la universidad, ocupando nuestra mesa habitual mientras Aiden discutía con el cajero porque le habían servido el café equivocado otra vez.

—Definitivamente está rara —concluyó Emma.

—Gracias por el apoyo emocional.

Sarah apoyó el mentón sobre su mano mientras me observaba con sospecha.

—Antes odiabas volver a esa casa. Ahora sales corriendo apenas terminan las clases.

Abrí la boca para responder.

La cerré inmediatamente, porque desafortunadamente… tenía razón, y lo peor era que ni siquiera lo hacía consciente ya.

Simplemente quería volver.

A ti.

La idea apareció tan natural que me asustó un poco.

—Tal vez solo maduró —intervino Aiden regresando finalmente a la mesa con expresión ofendida y el café correcto en la mano—. O descubrió que la adultez es deprimente.

—La adultez es deprimente —confirmó Emma inmediatamente.

Solté una pequeña risa mientras Aiden tomaba asiento a mi lado.

Todo con él seguía siendo sencillo, cómodo, Aiden hacía fácil respirar, las conversaciones fluían, las salidas eran ligeras y cuando me miraba, lo hacía sin complicaciones escondidas detrás. Entonces… ¿por qué seguía comparándolo contigo?

—¿En qué piensas? —preguntó Aiden de repente.

Parpadeé apenas.

—¿Hm?

—Llevas cinco minutos mirando la nada.

Emma levantó una ceja lentamente.

—Otra vez esa cara.

—¿Qué cara? —pregunté automáticamente.

Sarah sonrió peligrosamente.

—La cara de “estoy pensando en alguien específico y no quiero admitirlo”.

Sentí calor subir inmediatamente a mi rostro.

—Ustedes proyectan demasiado.

Aiden soltó una risa baja mientras bebía café.

—Voy a empezar a ofenderme pronto. — Lo miré confundida.

—¿Por qué?

—Porque estoy literalmente sentado aquí intentando gustarte y claramente hay alguien ganándome sin esfuerzo.

El comentario fue ligero, en broma, pero igual me dejó callada unos segundos, porque la peor parte era esa, tú ni siquiera lo intentabas realmente.

No coqueteabas conmigo de manera obvia, no prometías nada, ni siquiera hablabas de sentimientos, y aun así… seguías ocupando demasiado espacio dentro de mi cabeza.



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En el texto hay: chica rica, romance, hombre amable

Editado: 21.07.2026

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