Infectados

Capitulo 3

Montpellier

Vamos caminando por la carretera los cinco como un pequeño grupo de abandonados.

– La questione dell'apocalisse non mi preoccupa più così tanto… —suspira Bella— Pero, ¿Perché mierda abbiamo che caminar tanto? —tiene una mezcla de idiomas que hace que los chicos se pierdan en lo que dijo.

Hago de traductor.

— Dice que no le molesta el apocalipsis y que porque tiene que caminar tanto, chicos. —Suelto un suspiro, cansada.

Nosotras estamos acostumbradas a que, cuando está frustrada, mezcle el español con el italiano

— No es tan difícil de analizar lo que dijo —ruedo los ojos.

— ¿Eres italiana? — se le acerca Alexander.

Me alejo.

Ya pasó nuestro momento de amiguitos.

—Siempre pensé que eras española —pregunta el cavernícola, con interés.

Claro, dejó de ser Alexander desde que se acercó a otra chica, que conveniente…

¿Dónde puedo hacer un cambio de conciencia?

Me amas y necesitas.

Bella me mira sin saber si contestar o no. Le asiento, dando el visto bueno. No me importa que pendejadas haga ese cucaracho con su vida.

— Soy española de nacimiento, pero me crié entre dos idiomas. Así que, cuando hablo, a veces se mezclan – le explica.

Me acerco a Ezra.

Hablamos durante un largo rato.

Los otros tres comienzan a discutir sobre no sé qué cosa. No se les entiende nada porque están hablando todos al mismo tiempo y parecen locos en un matadero.

Me percato de que adelante hay un cartel el cual me quita el cansancio.

“Bienvenue à Montpellier”.

Le hago seña a los chicos para dirigirnos a esa zona, llevamos media hora caminando.

Este pueblo puede ser nuestro punto de descanso.

____________________

Llegamos a Montpellier. Está todo sereno y no sé si eso es bueno o malo en esta situación.

Ya no estamos en España según veo en mi mapa, si no que ahora estamos en la frontera francesa.

Cosa chistosa porque siempre había querido venir, pero nunca se me dio.

Ahora estoy aquí, solo que con un grupo de muertos vivientes inspirándome en la nuca.

Aun hay personas.

En algunas casas abren y cierran las ventanas.

Miro a un lado. Una niña asoma la cabeza, al cruzar miradas rápidamente se exalta y se esconde. Desapareciendo de mi vista. Esto se repite varias veces más mientras avanzo.

Como si nunca hubieran visto personas caminando por una calle desierta con una amenaza de zombies rondando.

Okey, si lo planteamos así, es raro, pero me vale tres quintales de mierda si me encuentro con un demonio de esos ahora o más tarde.

Nos adentramos al pueblo buscando un lugar donde refugiarnos y comodos.

Pasamos al centro del pueblo —o eso parece— porque tiene una estatua gigante de dos personas que flipas.

— Chicas, ¿Esto es una tienda de GUCCI? —pregunta Bella boquiabierta.

— No lo sé. Pero si me preguntas solo te contestaré sobre esta tienda deportiva —Ezra señala un local con la cabeza— tío no jodas, ¡Son los tenis que vi en Instagram hace unas horas! —Las chicas están emocionadas y me contagian su felicidad.

Nos metemos tienda por tienda, olvidando que estamos en medio de un apocalipsis.

Accesorios, ropa, bolsos, zapatos, probamos todo lo que nos queda. Aprovecho para entrar algunas prendas en mi mochila.

Al final entramos a la tienda de deportivos que quería ver Ezra.

— Creo que podría quedarme a vivir aquí —dice, como si fuera una niña pequeña.

— Es un buen lugar si eres una gymrat — se encoge de hombros Bella.

Aunque ella también se ejercita, no lo idolatra tanto como Ezra.

Miro un conjunto de licra negro con un top deportivo del mismo color.

Me serviría mucho en estos momentos porque facilita el movimiento y disminuye el calor.

— Si quieres te ayudo a quitarlo —siento el aliento de Alexander en mi oreja cuando me susurra— no me quejo si me lo modelas.

Le doy un manotazo y me alejo, aparentando incomodidad.

Te jode que te encienda tanto, ¿Verdad?

Ruedo los ojos y me acerco a las chicas que eligen lo que se van a robar junto a Sky.

Tenemos bien claro que el primero que recoge es el mismo que sobrevive.

Sigo mirando el maniquí de lejos hasta que Sky me coloca una percha con un top en la cara. Dice que me quedaría genial, con una mirada juzgona que me saca del limbo en el que estoy, haciéndome reír.

No me pruebo nada de lo que escojo, solo lo arrojo a la mochila y me voy más al fondo de la tienda buscando zapatos.

En estos casos los deportivos son la mejor opción.

Esto si lo pruebo.

Al final termino con una bolsa larga de un solo brazo llena de zapatos y outfits para hacer ejercicio.

— Oigan chicos, esta puerta no la hemos visto — dice Ezra aún emocionada.

Se acerca a jalar la manigueta de la puerta y todos quedamos petrificados con lo que hay detrás.

Decenas de esas cosas que solo los detiene una reja fina que está casi al romperse.

Ezra vuelve a cerrar la puerta en automático y se coloca detrás de ella para hacerle presión, pero termina cayendo al piso— chicos… ¡Creo que deberíamos correr! —grita mientras se levanta señalando la puerta.

Hay monstruos caminando en las calles y la puerta comienza a tronar como si fuera a romperse. Rompieron la maya y no nos vamos a quedar a averiguar si pueden rompernos los huesos.

Salimos corriendo mientras se acumula una pila de esos salvajes detrás de nosotros, Bella se niega a soltar sus bolsas GUCCI y de otras marcas, los chicos cargan sus mochilas llenas y Ezra me ayuda con el bolso de los deportivos porque ahí está tanto su ropa como la mía y se niega a dejarla atrás.

— ¡carajo no puedo morir sin ponerme todo esto! —grita Bella.

— ¡Yo mucho menos! —la secunda Ezra.

— ¡No se va a morir nadie, carajo! —las contradigo con las gotas de sudor cayendo.




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