Voto de confianza
“Segundo día oficial de apocalipsis:
Querido diario:
Nos adaptamos lentamente a la casa de Liam, decidimos que iba a ser nuestro fuerte ya que ahí tenemos un techo, luz eléctrica, luz solar, camas cómodas y oportunidades de conseguir comida en áreas cerca.
Él es más animado de lo que pensaba y nos comunicamos muy bien entre todos al punto de que con menos de 24 horas y en estas circunstancias lo considero mi amigo. Por otro lado, está Alexander que se niega a tratar con él. A veces siento que su complejo de superioridad es un completo desastre sin sentido, y más ahora que nos han dado un asilo y él se comporta desagradable he indiferente con el chico.”
“Primera semana de apocalipsis:
Fuimos por primera vez a comprar suministros.
Los que teníamos guardado en la casa se terminaron rápido.
Aprendimos que los infectados —como decidimos llamarles— son más sensibles a lo auditivo que a lo visual. Eso nos da algo de ventaja al movernos.
Los chicos comenzaron a aprender por su cuenta cómo usar los cuchillos que saqué de la tienda de conveniencias mientras que Alexander se enfoca en su hacha y en cómo armar el rifle y disparar.
Aunque no lo hace.
El y Liam aprendieron a comunicarse de alguna manera sin hablar mucho, lo que me parece lindo.”
“Tercera semana de apocalipsis:
Esta semana fue un poco más intensa pero ya estaba preparada. En uno de los saqueos casi no la cuento con todo y mi machete largo en la mochila.
Iba caminando por la calle mirando a los infectados que había a cada lado. Me di cuenta que mientras más lento y sigiloso caminas menos notan tu presencia.
Pues el muy hijo de puta de Alexander decidió que era momento de comenzar a joder.
Intentando huir de él pisé una rama que extrañamente formó tremendo ruido e hizo que todos los de esa área se pusieran atentos.
Pude sobrevivir al igual que él por gracia divina llamada Liam.
Nos ayudó con algunos disparos mientras entrábamos de vuelta a la casa.”
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— Buenos días —le digo a Bella. Duerme a mi lado.
El cuerpo me pesa como si no hubiera descansado. Me acerco al borde de la cama y saludo también a Ezra, que duerme sobre mantas en el suelo.
A duras penas y con sueño me levanto y guardo el diario en el escritorio.
Bajo las escaleras y me encuentro con Alexander. Recién despierto. El cabello despeinado, pantalones cortos y el pecho descubierto. Desde donde estoy, su espalda queda completamente expuesta.
Ya habia comenzado a acostumbrarme a convivir con él y su actitud pegajosa de idiota promiscuo. Sabía que no iba a dejar de joderme.
Y no era una imagen tan desagradable, para mi desgracia.
Se voltea y desvío la mirada de inmediato.
Entro a la cocina por un vaso de agua. Directo al fregadero.
Siento sus ojos siguiéndome. No llevo suficiente ropa como para sentirme segura. Me protejo solo con un short y un top de tiras finas por el calor.
— ¿Te ha parecido muy bonito andar así en la casa del completo desconocido que nos apuntó hace apenas unas semanas con un rifle? —pregunta acercándose al lavabo.
— Puedo hacer lo que quiera con mi vida, mi cuerpo y mi forma de vestir — le respondo con el mismo reproche con el que él me preguntó.
Me toma de la muñeca y la lleva contra su pecho. La escena del pasillo de la gasolinera vuelve como un golpe.
— Fuiste, eres y siempre serás un hijo de puta —le susurro en la oreja dejando que toque donde le dé la gana. Pero no lo hace. Tan solo lanza su mano a la madera detrás de mí, sosteniendo con firmeza su peso del lavabo. Con la respiración pesada.
— Siempre me pregunto por qué el odio —hace una pausa a su interrogante para soltar una risita, reparandome con los ojos— princesa — aprieta mi muñeca, bajando mi mano por su abdomen, sabe lo que tiene y piensa usarlo a su favor.
— No sé qué pensaste tú cuando intentaste jugar conmigo —hago la misma pausa pero destilando veneno por los poros— corazón… —imito pequeños suspiros por lo bajo— pero no me pareció gracioso que mientras yo pensaba que tú me querías te revolcaras con…
Voy bajando mis dos manos bien abiertas por su cuerpo. Mi respiración se mezcla con la suya en esta trampa que puede resultar peligrosa para los dos.
Noto que mientras más bajo, más rígido se pone. Veo como se le marca una vena en el cuello y como vuelve a oscurecerse su mirada, tragando despacio cuando llego a su abdomen bajo.
Voy a decir el nombre de la persona que lo jodió todo para mi, o bueno, terminó de hacerlo.
Levanto la cabeza conectando nuestras miradas que parecen quemar tanto a mi como a él y….
¡Ding!, ¡Ding!, ¡Ding!
El sonido de un microondas interrumpe el momento.
El corre a revisar lo que tenía ahí y yo giro sobre mis talones para tomar el vaso de agua, pensando bien en lo que estaba por hacer.
— ¡Buenos días estrellitas, la tierra les dice hola…! —Bella rompe la tensión del momento— wow, ¿Qué pasó aquí?, siento todo tipo de tensiones. Tanto que se puede cortar con un cuchillo.
— Nada, —me acerco a ella con la cabeza gacha— no pasó nada — salgo casi huyendo de la cocina evitando las explicaciones.
Camino a las escaleras para ir al baño a meterme en agua fría. Muy fría.
Mientras subo, escucho una puerta cerrándose. Es Liam quien sale de su habitación. Parece que va rápido.
Me escondo en la pared de la escalera, saco la cabeza para ver lo que hace. Se ve algo preocupado.
Es alto así que tengo que alzarme bien para detallarlo.
Voy desde su rostro, que parece apurado, con los mechones de cabello negros cayendo por su frente y mezclándose con el marrón oscuro de sus ojos. Hasta su abdomen el cual está bastante bien estructurado.