Infectados

Capitulo 12

Tres días pasaron como si no fuera nada. Luego de ese desastre en el supermercado decidimos salir todos juntos o quedarnos todos juntos en el motel, pero jamás hacerlo en grupos pequeños.

Conseguimos, además de la Jeep 4x4 que me salvó – que ahora es de Alexander –, un Honda Civic Type R negro matte tuneado con carrocería de deportivo, unas luces led color rosa intenso en la parte inferior del coche, en las delanteras y en la trasera.

Me parece que el antiguo dueño de esta hermosa creacion no es un “él”, mas bien es una “ella” ya que en el interior todo está de rosa pastel y negro. Ninguna de las chicas, por suerte, es amante al rosa, claro, como buena amiga tuve que sacrificarme y adueñarme del auto.

Les haré el relato de cómo conseguimos esa preciosura.

Un día después de la “trágica compra” – como le comenzamos a llamar –, llegamos a la conclusión de que era importantísimo tener con que movernos. Salimos de paseo por los lugares que aún no se habían recorrido.

Caminabamos juntos pero separados. Sky y Liam conversaban delante sobre algo inaudible pero aparentemente interesante, Bella, Ezra y Emma bromeaban sobre ropa y maquillaje casi a gritos, creo que planeaban ir a buscarle más cosas de vestir a la niña, y ella no parecía desagradarle para nada esto. Delante mío pude ver a María y Alexander conversar con suficiente normalidad como si fueran amigos de mucho tiempo.

Me pregunté cómo fue que en dos días pudieron acercarse tanto, claro, no me interesaba… Obviamente la presión que sentía en el estómago era hambre, sí, eso.

Abrace mis brazos mientras caminaba sola detrás de todos, disfrutando del silencio con solo una o dos molestias por el ruido de las dos personas que tenia al frente. El frio y el silencio acompañaban a la brisa, era una vista que me imagine teniendo muchas veces en mis sueños y me permití suspirar el peligro que viene en consecuencia.

La verdad es que, me había arrepentido, durante todo este mes, de todas las veces que desee vivir esto, pues no sabía lo que quería. Solo me quedaba agradecer por la compañía que pude conseguir para vivir este infierno. Apreté los labios en una línea curva hacia arriba, recordando aquellos momentos juntos que han hecho de esta experiencia más llevadera.

Alexander había dejado la Jeep oculta con una lona detrás del motel, era más efectivo pasar desapercibidos si íbamos solo a mirar las calles. Así que, por ende, llevamos ya unos minutos caminando con dirección al centro del pueblo.

Unos pocos minutos después, ya cerca del centro, noto como Alexander se detiene, provocando que yo haga lo mismo, María al contrario continúa su curso y los demás ni siquiera se dan cuenta.

Sigo caminando al cerciorarme de que no había detenido el paso por nada peligroso, pero él se posiciona a mi lado, manteniendo más distancia de los demás.

— Oye… — Susurra despacio, con cautela — ¿No hablaremos de ese abrazo tan apasionado que me diste por haberte salvado? — no necesito ver su rostro para adivinar la sonrisa que debe de tener luego de hacer esa pregunta con su tonito burlón.

Me limito a rodar los ojos y morder mi mejilla por dentro, escondiendo una sonrisa, que, con suerte, él no notará.

Oh Angel, claro que lo hará.

SHHHH… Quiero confiar en mí y en que puedo ser más fuerte.

— No exageres — respondo en un murmullo, sin mirarlo, acelerando apenas el paso —. Fue un abrazo normal. De agradecimiento. Punto.

Alexander suelta una risa baja, esa que vibra más de lo necesario y que siempre logra ponerme nerviosa. Camina a mi ritmo, demasiado cerca como para ser casual, demasiado lejos como para que alguien más lo note.

— ¿Normal? — inclina un poco la cabeza hacia mí —. preciosa, casi me rompes una costilla. Y eso sin contar la parte en la que te aferraste como si fuera lo último sólido en este mundo.

Siento el calor subir por mis mejillas. Genial. Exactamente lo que no necesitaba.

Díselo. Dile que deje de molestar.
O bésalo y que se calle de una vez.
¡Oh, no puedo estar teniendo estos pensamientos!

— Me salvaste la vida — digo, finalmente mirándole de reojo —. Lo mínimo era un abrazo. No es gran cosa

Sus ojos brillan con algo que no sé si es diversión o desafío.

— Entonces… — baja aún más la voz — ¿Puedes poner tu vida en peligro más seguido? Digo, para poder salvarte.

Me detengo en seco esta vez, obligándolo a hacer lo mismo. Lo miro de frente, cruzándome de brazos.

— Ni se te ocurra.

Por un segundo se queda callado. Luego sonríe, pero ya no es tan burlona como antes. Es más suave. Más peligrosa.

— Tranquila — dice —. Solo quería escuchar tu voz cuando no estás huyendo.

Eso me desarma un poco. Aprieto los labios, respiro hondo y reanudo la caminata.

— Sigue caminando, Alexander —murmuro—. Antes de que alguien note que te quedaste atrás conmigo.

Él obedece, pero antes de alcanzar al grupo sostengo su muñeca rodeandolo con dos dedos, con cautela.

— Gracias… — lo veo fruncir el ceño, confundido y miro al suelo —. Por salvarm… — antes de meter la pata carraspeo y me corrijo — por salvarnos, en el super.




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