Infernum

4

Pasó una semana y, durante los primeros días, Galene revisó el teléfono más veces de las que estaba dispuesta a admitir. Cada número desconocido conseguía que mirara la pantalla con la expectativa de encontrar a Yeon Ju al otro lado, pero las pocas llamadas que recibió no tenían ninguna relación con ella. Después dejó de hacerlo o al menos intentó convencerse de que sí. Habían ofrecido ayuda a una desconocida sin saber siquiera si realmente la necesitaba. Tal vez habían interpretado demasiado aquella reacción. Tal vez el temblor de sus manos tenía una explicación completamente diferente y el cambio de expresión al descubrir que Bryno era pastor había sido simple sorpresa.

No tenían motivos para involucrarse más, así que continuaron con el viaje, hasta que una llamada los despertó en mitad de la noche.

El teléfono vibró sobre la mesa de luz y Galene abrió los ojos con dificultad y tanteó a oscuras hasta encontrarlo. La pantalla iluminó la habitación, número desconocido.

Durante unos segundos permaneció observándolo, todavía atrapada entre el sueño y la vigilia, hasta que lo recordó.

—Bry.

Él respondió con un sonido incomprensible.

—Bryno.

—¿Qué pasó?

Le mostró la pantalla y eso bastó para despertarlo. Galene atendió finalmente la llamada y presionó el altavoz para que Bryno también pudiera oír.

—¿Hola?

Pero no hubo respuesta, solamente una respiración.

—¿Yeon Ju?

El silencio continuó unos segundos y entonces escucharon su voz.

—Galene...

La pronunciación era temblorosa.

—Yeon Ju, ¿qué pasa?

La respiración del otro lado se quebró y, entre un sollozo que apenas consiguió contener, Yeon Ju pronunció dos palabras.

—Guhaejwo... guhaejuseyo.

Galene se incorporó de inmediato al reconocer aquellas palabras, pero antes de que pudiera reaccionar, Bryno ya había llevado la mirada hacia ella. Entre todas las expresiones que Galene le había enseñado antes del viaje, aquella era imposible de confundir.

Guhaejwo... —repitió en voz baja.

La había pronunciado varias veces entre risas, intentando imitar correctamente a Galene cuando ella le explicaba qué significaba «salvame», solo porque Save Me era su drama coreano favorito.

Ahora, escuchada entre los sollozos de Yeon Ju, la palabra había perdido por completo aquella inocencia.

Bryno miró a Galene y encontró en su expresión la confirmación que no necesitaba... Yeon Ju estaba pidiendo que la salvaran.

A la mañana siguiente regresaron a Haenam, pero ninguno habló demasiado durante el trayecto. Esta vez el paisaje no consiguió distraerlos.

Encontraron a Yeon Ju en el mismo puesto donde la habían conocido. Había clientes alrededor, así que esperaron a cierta distancia hasta que terminó de atenderlos y, cuando finalmente los vio, la expresión de alivio fue inmediata. Abandonó lo que estaba haciendo y se acercó.

—Gracias —dijo en su español limitado—. Gracias por venir.

—¿Estás bien? —preguntó Galene.

Yeon Ju entendió lo suficiente para asentir, aunque su aspecto decía otra cosa. Tenía profundas marcas debajo de los ojos y sus movimientos parecían más lentos que la semana anterior.

Tomó el teléfono y no intentó continuar hablando sin ayuda; nuevamente recurrió al traductor.

"Es mi esposo."

Galene leyó primero.

—¿Qué le pasa?

La pregunta necesitó del traductor y Yeon Ju escribió nuevamente.

"No sé cómo explicarlo. Está enfermo, pero los médicos dicen que no encuentran nada."

Bryno frunció el ceño.

—¿Hace cuánto?

La conversación avanzaba con dificultad. Pregunta, traducción, respuesta, otra traducción. A veces la aplicación producía frases extrañas que obligaban a repetirlas. Otras, Yeon Ju recurría a gestos cuando el teléfono no conseguía expresar lo que quería; sin embargo, poco a poco lograron entender.

Ha Neul, su esposo, llevaba meses comportándose de manera extraña. Al principio habían sido cambios pequeños como insomnio, irritabilidad y periodos en los que parecía desconectarse de su entorno, pero después comenzaron episodios que ella ya no sabía cómo explicar. Había consultado a médicos, especialistas, profesionales de salud mental y nada había ofrecido una respuesta satisfactoria.

Bryno leyó el siguiente mensaje.

"También busqué sacerdotes."

Levantó la mirada.

—¿Sacerdotes?

Yeon Ju asintió y escribió otra vez.

"Y chamanes."

Galene dejó de mirar el teléfono. Aquello explicaba finalmente la reacción de la semana anterior. Yeon Ju no se había sorprendido al descubrir que Bryno era pastor, había visto una posibilidad, una más entre muchas.

—¿Qué pensás que tiene? —preguntó él.

La traducción apareció en coreano y Yeon Ju permaneció mirando la pantalla durante varios segundos, pero no respondió; en cambio, escribió:

"Necesito que lo vean."

La casa se encontraba lejos del centro de Haenam y, a medida que avanzaban, las calles transitadas dieron paso a caminos cada vez más tranquilos. Las viviendas comenzaron a separarse unas de otras hasta que el bosque ocupó buena parte del paisaje. Galene observaba desde la ventanilla.

—¿Viven tan lejos?

Yeon Ju no comprendió la pregunta, así que decidió dejarla para después. Cuando finalmente llegaron, una construcción tradicional apareció detrás de los árboles. La hanok tenía una belleza sencilla. Madera oscura, tejados curvos y un pequeño patio interior alrededor del cual se distribuían las habitaciones. El bosque se extendía detrás de la propiedad, tan próximo que algunas ramas parecían inclinarse sobre el techo.

Bryno descendió del vehículo y algo le produjo una sensación incómoda, no miedo, al menos no todavía. Quizá era simplemente el aislamiento.

Yeon Ju abrió la entrada y los invitó a pasar. El interior estaba cuidadosamente mantenido, aunque había señales de que la rutina normal de la casa se había deteriorado. Una taza olvidada sobre una mesa, algunas prendas dobladas a medias y medicamentos junto a un vaso vacío.



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En el texto hay: demonios, exorcistas

Editado: 14.08.2026

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