Infieles

Relato 6: La trampa de la dualidad

Siempre nos han enseñado que el amor es un pastel que se divide. Pero mi experiencia me dice lo contrario. Yo no dejé de querer a la persona que está en mi casa; su compañía me sigue resultando esencial. El problema es que, de pronto, apareció alguien más que encendió una parte de mi alma que mi pareja nunca conoció, y me negué rotundamente a apagarla.

Mi excusa para mantener ambas realidades fue la teoría de la complementariedad. Me convencí de que no estaba siendo infiel, sino que estaba siendo "pleno". Me dije que es injusto pedirle a una sola persona que sea todo para nosotros. Bajo mi lógica, mi pareja actual cubre mis necesidades de estabilidad, mientras que esta nueva persona cubre mi sed de descubrimiento. Me repetí que, al no abandonar a ninguna de las dos, estaba siendo generoso en mi afecto; que mientras ambas recibieran lo mejor de mí, el hecho de que no lo supieran era un detalle menor.

Sostengo esta doble vida con un descaro absoluto porque estoy convencido de que he alcanzado un nivel de madurez que los demás ni siquiera pueden imaginar. No siento culpa; siento orgullo por mi capacidad de compartimentar y por la destreza con la que gestiono dos mundos sin que ninguno se tambalee. Me parece que lo que hago no solo está bien, sino que es valiente. Me veo como alguien que ha tenido el coraje de reclamar una vida más ancha, mientras el resto del mundo se asfixia en la estrechez de la monogamia por puro miedo. No estoy engañando, estoy expandiendo mis horizontes, y si tengo que mentir para proteger la paz de quienes amo, lo hago con una sonrisa, convencido de que mi secreto es el precio de mi libertad.

​Vivir así es como caminar por una cuerda floja. Con una persona disfruto del silencio compartido; con la otra, de conversaciones que duran hasta el amanecer. No siento que esté restando amor a mi hogar, siento que soy alguien con una sensibilidad distinta, alguien que puede habitar dos mundos a la vez.

​Cuando la culpa intenta asomar, la aplasto con mi lógica: "El corazón no entiende de contratos". Me digo que si soy capaz de amar a dos personas con tanta intensidad, ¿quién tiene derecho a juzgarme? Mi justificación final es que estoy protegiendo a ambas, y lo hago con la frente en alto, convencido de que mi mentira es, en realidad, el acto de equilibrio más perfecto de mi vida.



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En el texto hay: parejas, relatos cortos

Editado: 01.01.2026

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