Infieles

Relato 8: El secreto que me llevaré a la tumba

Hay verdades que son como ácidos: si las dejas salir, lo corroen todo a su paso. He vivido años con una parte de mí oculta en un sótano bajo llave. Nadie en mi entorno sospecha; nadie imagina que esta persona que llega a casa, que celebra los aniversarios y que sostiene la mano de quien ama en los momentos difíciles, tiene una vida paralela que nunca verá la luz.

Mi excusa para mantener esta farsa hasta el final es el sacrificio por la paz ajena. Me convencí de que confesar no sería un acto de honestidad, sino de egoísmo para limpiar mi conciencia a costa de destruir el mundo de quienes amo. Me dije que mi silencio es el precio que pago para que mi hogar siga siendo un lugar seguro. Me repetí que, mientras yo sea capaz de gestionar mis sombras sin que una sola gota salpique a mi familia, estoy cumpliendo con mi deber de proteger su inocencia.

Y lo digo con un descaro que raya en la maestría: me siento orgulloso de lo que he logrado. No hay culpa en mi pecho, solo la satisfacción de quien ha ejecutado un plan perfecto durante años. Me miro al espejo y no veo a un traidor, sino a alguien increíblemente capaz, alguien que ha tenido la astucia de burlar las normas sociales para vivir con una plenitud que los demás ni siquiera sospechan. Me parece que lo que hago está bien porque soy el único arquitecto de mi felicidad y de la estabilidad de mi hogar. No me pesa el secreto; me divierte. Me produce una sensación de poder casi adictiva el saber que puedo besar a mi pareja con la misma pasión con la que hace dos horas besaba a alguien más, sin que mi pulso se altere lo más mínimo. Soy el dueño de una verdad que nadie podrá arrebatarme, y esa superioridad me hace sentir más vivo que cualquier otra cosa.

​Esta doble vida ya no es una novedad, es una parte de mi estructura. He aprendido a compartimentar mi mente de tal forma que puedo pasar de un encuentro prohibido a una cena familiar sin que me tiemble la voz. He borrado rastros y he mirado a los ojos a mi pareja jurando una lealtad que no existe, y lo he hecho con la convicción de un actor que ama su papel.

​Mi destino es este: caminar entre dos mundos sabiendo que nunca seré descubierto. Me llevaré estos nombres y estos susurros a la tumba, convencido de que mi mentira es el pegamento que mantiene unida la felicidad de las personas que más quiero. Es un secreto que cargo con orgullo, el trofeo de una vida vivida bajo mis propias reglas y con el descaro de quien sabe que, al final, nadie es dueño de la verdad absoluta.



#1725 en Otros
#373 en Relatos cortos
#571 en Thriller
#213 en Suspenso

En el texto hay: parejas, relatos cortos

Editado: 01.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.