Es ese momento en que se corta la respiración aunque no queramos. En que la garganta se aprieta y no podemos hablar. En donde luchamos para no llorar, o salir corriendo. Obligándonos a permanecer ahí a pesar de huir en la mente, deseando poder hacerlo.
—Vos sabías muy bien que pronto se iba a ir, pero preferiste hacerte el boludo.
«Maldito, maldito, maldito»
Le daban ganas de gritarle. Temblaba de rabia, pensando próximamente matarlo a trompadas como nunca hizo con nadie. Sí, ella se fué, culpa del que tenía enfrente. Ese engreído de mierda del cuál no sabía porqué todos estaban de su lado. Apretó los puños con fuerza hasta que sus nudillos quedaron blancos como las paredes de afuera de la secu.
—Y encima, él nunca iba a llegar a ser lo que se hacía creer. —Y ese él dolía como daga clavada. Estaba cruzando la línea que no debía —. Por boludo te pasa eso, por apoyar una idea de algo que ese chico no era.
Cerró los ojos, buscando una forma de argumentar sin llegar a la violencia. Pero era difícil pensar en algo coherente.
—¡Callate! —Gritó de una vez con la mandíbula apretada —. ¿Vos qué sabes? ¿Qué sabes si se fué por mi culpa?
El otro chico sonrió maliciosamente, sabía que lo estaba haciendo explotar. Se pasó una mano por su cabello corto y rubio, como si pensara como hacerlo estallar del todo.
—Y, ¿Es obvio no? Eres una mala influencia.
—¡Mirá nomás quien lo dice! —Le gritó.
Pudo haberse abalanzado contra el rubio, golpearlo hasta deformar su cara. O bueno, no lo logró. Un "No te metás" dicho a la distancia, pero de todas formas lo vió acercarse para intervenir. Un chico del que nunca supo su nombre, que se lo cruzó muchas veces en varias ocasiones. Y que en apariencia daba cierto miedo, parecía tener gran carácter.
Se acercó a intervenir, con la cara seria y el ceño levemente fruncido. Los ojos oscuros mirando a ambos.
—¿Qué está pasando? —La voz firme.
El rubio lo miró con los ojos grises centelleando de furia. Pero el pelinegro no se bajó a su nivel.
—Dejá de hacerle quilombo al pibe, Nahuel. ¿No te da vergüenza pelearte con un chico que todavía es más chiquito que vos? —Se guardó las ganas de decirl de que aunque fuese bajito no estaban tan lejos en edad.
Nahuel abrió la boca para dar protesta pero al ver el rostro de nuevo del pelinegro, no dijo nada. Les dió la espalda y se retiró.
—Maricón —Murmuró bajito. Pronto volvió su mirada hacia atrás, donde lo esperaba su amigo.
Luego, volvió a mirar a Bruno que todavía seguía ahí. La mirada del pelinegro se suavizó, y sonriendo le aconsejó de no volverse a meter en más líos. Antes de irse, con toda la confianza del mundo le revolvió los pelos como si fuese tentador hacerlo. El castaño no se molestó por ese gesto, más bien se quedó un poco confundido.
El otro chico que se quedaba mirando, esperando al de cabellos oscuros. Apenas él llegó a su lado, tuvo que regañarlo.
—Lo que hiciste fué totalmente innecesario.
—Se estaban por agarrar a las piñas, ¿Qué más querías? —Se defendió.
—Es problema de ellos, no tuyo, boludaso. —Dijo caminando más rápido. Pero era en vano, el muchacho con solo dos pasos lo había alcanzado.
—Feli, intervení porque quise. Y no es bueno que se peleen acá adentro. ¿Querés que te lo diga o tenés muy clarito porqué?
Felipe no respondió con un sí, ni tampoco un no. Contestó con solo caminar más rápido a pesar de que fuera en vano. El pelinegro simplemente lo alcanzaba con solo pasos.
~★~
Bruno, por su lado, se retiró a su curso. Lo esperaban ahí, como si nada. Ese grupo de "amigos" estaban. No lo eran, no los consideraba así. Solamente era invisible para ellos aunque a veces le dirigían la palabra. Todo para no quedarse solo. Charlaban de la mudanza de Lisa, que Bruno sabía bien la situación pero no dijo nada, le dolía. Porque no la vería más, ni tampoco sabría nada de su vida.
—Bru, ¿Qué pasa? —Uno de ellos le habló en voz baja al verlo tan pensativo. Se llamaba Omar.
—Ah, nada...
Pero la respuesta no era convincente pero para el grupo importaba muy poco.