Infierno Perfecto

HOJAS

La primera vez que le hablé…
no fue un momento lindo.
Fue un castigo.
Y capaz por eso… terminó siendo algo que nunca voy a olvidar.
Todo empezó por una boludez.
Un compañero llevó un vape al colegio…
y yo, que era chico y curioso, quise probar.
Pensé que no iba a pasar nada.
Ni siquiera me gustó…
me pareció feo, vacío… sin sentido.
Lo dejé ahí y seguí como si nada.
Pero después… todo explotó.
Empezaron a llamar a varios a dirección.
A todos los que lo habían probado.
Y cuando me di cuenta de eso…
me cayó el miedo de golpe.
No sabía quién había hablado.
No sabía qué iba a pasar.
Solo sabía que estaba metido en algo que no debía.
—“¿Y si me expulsan?”
—“¿Qué van a decir mis padres?”
Esas preguntas no me dejaban tranquilo.
Hasta que dijeron mi nombre.
Entré a dirección con el corazón golpeándome fuerte…
y ahí estaba ella.
Entre todos.
Igual que yo.
Y no sé por qué…
pero en medio de todo ese miedo…
verla me calmó un poco.
Como si no estuviera tan solo.
El director nos habló serio…
de consecuencias, de decisiones, de errores.
Y después nos dio una opción.
No expulsión…
pero sí castigo.
Teníamos que ir antes de clases a limpiar la iglesia que estaba al lado del colegio.
Carpír, barrer, juntar hojas… lo que tocara.
Durante una semana.
Y todos aceptamos.
Sin pensarlo mucho.
Porque en ese momento… cualquier cosa era mejor que fallar en casa.
Y así empezó todo.
Cada mañana…
antes de entrar a clases…
estábamos ahí.
La iglesia en silencio, el aire fresco, las escobas arrastrándose despacio…
y ella.
Siempre cerca.
Al principio no hablábamos.
Solo coincidíamos en el mismo espacio…
como dos personas que todavía no saben que algo está por empezar.
Hasta que un día…
pasó.
La vi con dificultad, tratando de juntar unas hojas…
se le caían, se le desordenaban…
y no sé si fue el momento o las ganas que ya venía guardando…
pero me acerqué.
—“Te ayudo…”
Fue simple.
Pero para mí… fue como saltar al vacío.
Me miró…
y ahí escuché su voz por primera vez.
Suave… tranquila…
como si no pesara nada.
Y cuando me dijo su nombre…
no sé cómo explicarlo sin sonar exagerado…
pero me pareció el nombre más lindo que había escuchado en mi vida.
Scarlet.
Se me quedó grabado.
No solo el nombre…
sino la forma en que lo dijo.
Había algo en su voz…
algo frágil, casi delicado…
que te hacía querer seguir escuchando.
Como si te calmara sin darte cuenta.
Y en ese momento entendí algo:
ya no solo me gustaba cómo se veía…
me gustaba ella.
De verdad.
Los días siguientes…
ya no eran solo castigo.
Eran excusas.
Excusas para estar cerca,
para cruzar palabras,
para conocer un poco más de esa persona que sin darme cuenta ya me importaba demasiado.
Y después… en el colegio…
me animé un poco más.
En el recreo, con los nervios encima, le dije:
—“Tenés lindo pelo…”
Pero no era eso lo que quería decir.
Lo que quería decir era:
“Sos lo más lindo que vi en mi vida.”
“No es solo tu pelo… es todo.”
“Tu forma de ser… tu voz… la manera en que existís.”
Pero no me salió.
Nunca me salía todo.
Igual… alcanzó.
Porque desde ahí… empezamos a hablar más.
Y poco a poco…
nos hicimos amigos.
Aunque para mí…
ya era mucho más que eso.
Me acuerdo perfecto…
cómo se me aceleraba el corazón cada vez que me hablaba.
No podía disimularlo.
Y ella se dio cuenta.
Claro que se dio cuenta.
Y en vez de alejarse…
se acercaba más.
A propósito.
Se pegaba un poco más de lo normal…
se reía cerca…
incluso a veces me abrazaba.
Y yo…
no sabía qué hacer con todo eso.
Solo sentía.
Demasiado.
Desde ahí…
ya estaba completamente perdido.
No había otra cosa en mi cabeza.
Era ella…
siempre ella.
La quería…
más de lo que podía explicar en ese momento.
Pero también tenía miedo.
Miedo de decirlo.
—“¿Y si no le gusto?”
—“¿Y si solo estoy imaginando todo?”
—“¿Y si me ilusiono solo?”
Así que me quedé ahí…
callando lo que sentía…
pero viviendo cada momento a su lado como si fuera único.
Porque lo era.
Esos días…
esas charlas…
esos pequeños acercamientos…
para mí eran todo.
Ella tenía otros que la buscaban…
uno que otro que intentaba algo.
Pero no les daba mucha importancia.
Y no sé si era real… o solo cosa mía…
pero yo sentía que me elegía a mí.
Aunque no lo dijera.
Aunque no fuera oficial.
Y capaz me equivocaba…
pero en ese momento…
lo sentía tan real…
que no necesitaba más.
Porque hay cosas que no se explican.
Y ella…
era una de esas.
No sé cómo llegó a meterse así en mi cabeza…
pero lo hizo.
Y lo cambió todo.
Porque yo…
que no creía mucho en el amor…
ya estaba empezando a sentirlo.
Sin darme cuenta.
Sin buscarlo.
Y sin saber…
hasta dónde me iba a llevar.



#5259 en Novela romántica
#1765 en Otros
#341 en Relatos cortos

En el texto hay: amor, amor adolescente y puro

Editado: 18.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.