Y bueno…
así terminó todo.
Dejamos de hablarnos…
y por un tiempo…
pensé que ahí se acababa la historia.
Como si todo lo que habíamos sido…
se pudiera quedar atrás así nomás.
Pero no.
Porque hay cosas…
que no se olvidan.
Y menos… cuando se aman.
Un amigo, intentando ayudarme, me presentó a otra chica.
Y yo acepté.
No porque quisiera…
sino porque no quería sentirme solo.
Porque creía que tal vez…
alguien más podía hacerme olvidarla.
Pero en el fondo…
yo ya lo sabía.
No se olvida aquello que se ama.
Estuvimos juntos…
pero no era lo mismo.
No había esa chispa,
no había ese sentimiento que me desbordaba.
No era ella.
Y después de ella…
nada parecía suficiente.
Duramos un mes.
Un mes vacío…
donde estábamos más por estar… que por sentir.
Hasta que llegó octubre.
El viaje de fin de año.
Un parque acuático…
grande, lleno de gente, de ruido… de risas.
Y entre todo eso…
estaba ella.
No quería hablarle.
Después de todo…
me había roto el corazón.
Pero algo…
algo más fuerte que yo…
me empujó a acercarme otra vez.
Y ahí me enteré…
que se iba.
Que al terminar el año…
se iba de la ciudad.
Y en ese momento…
todo volvió.
Porque yo todavía sentía.
Y no quería que todo terminara así…
tan frío…
tan incompleto.
Quería que terminara como empezó.
Con amor.
Ese día hablamos bien.
Como antes.
Como si el tiempo no hubiera pasado.
Y hubo momentos…
que todavía no puedo olvidar.
Como cuando se subía a mi espalda para ir a la piscina…
porque no sabía nadar.
Sentirla ahí…
tan cerca…
era… paz.
Era como volver a casa.
Y por un momento…
todo dolía menos.
Al final del viaje…
nos sentamos en unas gradas.
Yo estaba cansado…
el día había sido largo.
Me recosté cerca de ella…
y entonces…
empezó a acariciarme la cabeza.
Despacio…
con una suavidad que no se puede explicar.
Y en ese instante…
lo supe.
Me había vuelto a enamorar.
Capaz nunca había dejado de estarlo.
Cerré los ojos…
y me dormí.
Tranquilo.
Como hacía mucho no me sentía.
Me despertó diciendo que ya nos íbamos.
Y no sabía…
que ese día…
iba a cambiar todo otra vez.
Después de eso…
empezamos a hablar más.
Y yo…
tomé una decisión.
Terminé mi relación.
Porque no podía mentirme más.
Porque si iba a sentir…
iba a sentir de verdad.
Y volví a buscarla.
Sin miedo.
Porque en ese punto…
ya no tenía nada que perder.
Se iba a ir igual.
Así que le hablé.
Y esta vez…
le dije lo que sentía…
pero de verdad.
Sin impulsos.
Sin dudas.
Más maduro…
pero con el mismo amor.
Y ella…
me aceptó otra vez.
Volvimos.
Y ahí…
empezó mi infierno perfecto.
Porque la tenía…
pero no del todo.
Porque cada día…
llegaban rumores.
Que me engañaba…
que estaba con otros…
que me estaba cambiando.
Y yo…
no quería escuchar.
No quería ver.
Porque sabía…
que el tiempo era corto.
Y prefería vivir ese poco tiempo con ella…
que toda una vida sin sentir nada.
Así que me encerré en eso.
En ella.
En su sonrisa…
en su voz…
en cada momento.
La amaba más cada día.
Más y más.
Como si el tiempo se estuviera acabando…
porque en el fondo…
lo estaba.
Y así pasaron las semanas…
hasta que llegaron a ser meses.
Hasta diciembre.
El último mes.
El último todo.
El último día de clases…
aunque yo no lo sabía.
Le pregunté:
—“¿Nos volveremos a ver?”
Y me dijo que sí.
Que al día siguiente había clases.
Pero ese día…
fue la última vez que la vi en persona.
Después…
solo quedaron mensajes.
Y no eran lo mismo.
Se sentía distante.
Fría.
Como si poco a poco…
se fuera apagando.
Y cada día…
dolía más.
Hasta que llegó el momento.
El final de verdad.
Decidimos terminar.
Esta vez…
definitivo.
Era lo mejor.
Para ella…
y para mí.
Aunque yo…
me hubiera quedado igual.
Incluso sabiendo que ya no era lo mismo.
Pero ella fue clara.
Dijo que tarde o temprano…
se iba a cansar de no poder verme,
de no poder tocarme…
y que iba a hacer cualquier cosa.
Y eso…
dolió.
Pero era verdad.
Así que la dejé ir.
Libre.
Como siempre debió ser.
No esperaba…
que encontrara a alguien tan rápido.
Fue como si lo nuestro…
nunca hubiera existido.
Y sí…
dolió.
Pero…
¿qué podía hacer?
Mientras ella estuviera bien…
yo iba a estar bien.
O al menos…
eso intentaba creer.
Hoy…
creo que está con alguien más.
Eso me dijeron.
Y yo…
estoy acá.
Escribiendo sobre ella.
Dicen que los hombres olvidamos fácil…
pero no.
No cuando fue de verdad.
Antes de irse…
me hizo hacerle una promesa.
—“Prométeme… que cuando seamos grandes, me vas a volver a buscar.”
Y yo…
no supe qué decir.
Porque todavía no sé…
si voy a ser capaz de cumplirla.
Capaz ella está mejor sin mí.
Pero yo…
sigo acá.
Con todo esto adentro.
Y aunque el tiempo pase…
hay algo que no cambia.
Que la amo.
Y que siempre voy a estar agradecido…
por todo lo que fue.
Porque aunque haya dolido…
fue real.
Y eso…
no todos lo viven.
-
-
Gracias por leer y tomarce el tiempo de escucharme. La verdad es que espero que está historia le llegue al menos a una persona, y si ella ve esto, quiero decirle que TE AMO. GRACAS POR TODO.