Infinitamente enamorada.

|Capítulo 8|

Desperté, me di una ducha, coloqué unas mallas deportivas negras y un suéter blanco, lo combiné con unos tenis y una mascada negra, me hice un moño y bajé a desayunar.

—Buenos días, hija.

—Buenos días, mamá. ¿Qué haces aquí?

—Hoy no iré a trabajar, hija.

—De acuerdo —la abracé —¿ya desayunaste?

—Preparé licuado y hot cakes.

—Jamás dejará de ser mi desayuno favorito —reí.

—Lo sé, amor.

Al finalizar de desayunar coloqué mi chamarra, tomé mi mochila y mamá me llevó a la academia.

—Me llamas cuando te desocupes, hija. Te amo.

—De acuerdo, mamá. Te amo más.

Luzma llegó temprano a comparación de otros días, me puse mis zapatillas y comencé a calentar, después de unos minutos la academia ya se había llenado con todas las chicas.

—Buenos días, niñas, como les dije ayer, hoy trabajaremos en la coreografía grupal, será ballet únicamente —todas asentimos emocionadas pues al final de cuentas es el género por el que ingresamos a la academia.

Nos explicó la coreografía, practicamos por 2hrs y el ensayo se había acabado, fue muy poco tiempo a comparación de otros días.

—Es todo por hoy niñas, nos vemos la próxima semana, ensayen en casa todas las coreografías y prepárense porque la próxima semana vendrá la costurera a tomar las medidas de sus trajes.

Le marqué a mamá para que pasara por mí, me di una ducha y esperé a mamá.

—¿Cómo te fue, hija?

—Bien, mamá. Ya tenemos todo listo, solo es cuestión de ensayarlo.

—Excelente, hija.

Llegamos a la plaza a comprar algunas cosas, necesitaba productos de higiene y mamá necesitaba accesorios pues siempre debe de andar arreglada por su trabajo.

—¿No necesitas nada más hija?

—No, mamá.

—De acuerdo.

Pagamos nuestras cosas, mamá compró comida y volvimos a casa a comer.

—Katy.

—Dime, mamá.

—¿Me prestas tu computadora? —asentí —la mía está en el técnico.

—¿Quieres que la traiga o la quieres usar en la habitación?

—Tráetela, bebé —asentí.

—Aquí tienes —le quite el código y se la di.

—Gracias, hija.

—De nada, mamá.

Volví a mi habitación, separé mi ropa por colores y comencé a lavar.

Mi celular sonó.

—¿Hola?

—Hola bebé, ¿cómo está la niña más preciosa del mundo?

—No lo sé —reí —¿cómo estás, Chris Evans?

—¡Tú eres esa niña amor! y estoy bien ahora que te escucho.

—¿Cómo te ha ido en tu nuevo trabajo?

—Es aburrido, amor.

—¿De verdad?

—Sí, bonita. Me recuerda a cuando iba a la universidad, no creo quedarme con el puesto, mi niña, creo que moriré de aburrimiento.

—¿Por qué no esperas unos días para tomar esa decisión?

—Me dieron un lapso de una semana en el taller y aquí bonita, apenas llevo un día pero creo que definitivamente este puesto no es para mí.

—Tranquilo Esteban, solo es el primer día, todo irá bien.

—Necesitaba escuchar eso de tu voz bonita.

—Pues ya lo hiciste —solté risitas.

—¿Qué haces, mi niña?

—Estoy lavando ropa.

—¡Qué trabajadora! —suspiró.

—Ni que fuera lo más complicado de hacer.

—Para una muñequita como tú, si lo es —me sonroje.




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