Infinitamente enamorada.

|Capítulo 16|

A la mañana siguiente desperté muy tarde casi a medio día «¡qué vergüenza ser tan perezosa!» fui a merendar pues moría de hambre, me di una ducha, coloqué una bandana como la mayoría de las veces y encendí la televisión para mirar un documental sobre autopsias muy interesante.

Mi celular sonó.

—¿Hola?

—¡Buenas tardes, bonita!

—Buenas tardes —desplegué una sonrisa.

—Cielo, ¿quieres seguir ayudándome con la mudanza?

—Sabes que te acompañaré a hacer lo que necesites siempre que pueda —solté de golpe y forme una "o" con mis labios al darme cuenta lo cursi que había sonado.

—Te amo, bonita. Nos vemos al rato —mandó besos.

Encendí mi computadora y Jorge me marcó por Skype como lo hacía anteriormente.

—¡Katy!

—¡Jorge! —lo imité.

—¿Cómo has estado, Katy?, aunque ni siquiera sé por qué lo pregunto, te miras mucho mejor que en nuestra última llamada.

—Me encuentro muy bien, ¿y tú?

—Feliz de mirar a mi mejor amiga sonriente —me ruboricé.

—¿Cómo vas con el empleo, tú familia y la universidad?

—Respecto a eso —rascó su nuca con nerviosismo—dejé la universidad, Katy.

—¡¿Por qué?!

—La carrera no me gustó, además de que recibí un gran puesto en la empresa.

—Y, ¿no quieres entrar a otra carrera?

—No por el momento —asentí —¿qué tal pintan las vacaciones?

—Deleitantes —sonreí al recordar lo tarde que me desperté.

—¿Cómo van las cosas con tu novio?

—Bien —me ruboricé —¿qué tal vas con Valentina?

—Mejor que nunca desde que seguí tu consejo todo ha pintado muy bien.

—Me da mucho gusto, ¿dónde está Iván?

—Está en cama porque se durmió en la madrugada, ese niño es un remolino.

—¿A quién se parecerá? —dije con una mirada cómplice.

—No insinuarás qué a...

—¡Sí! —lo interrumpí y reímos.

Hablamos durante 2hrs sobre todos los temas existentes «ok, exageré un poco» hasta que tuvo que despedirse.

—Katy, espero poder ir a visitarte pronto ya sabes que hablar así no le llega ni a los talones a hablar en persona, te quiero demasiado y cuídate.

—Nos vemos luego, me saludas a todos —sonreí y corté la llamada.

Iba a ordenar mi closet pero Esteban llegó tocando el claxon desde la esquina, tomé mi bolso y bajé a la sala.

—¡Mamá!

—¿Qué pasa, hija?

—Saldré un rato con Esteban, al rato vuelvo.

—Con cuidado hija, te amo —me abrazó.

—Te amo más, mamá.

Salí de mi casa y Esteban me entregó un ramo de rosas.

—¡Qué detallista!, gracias —lo abracé.

—No es nada cielo —me atrajo hacía él, jugó con mi cabello y fundimos nuestros labios en uno solo hasta que me separé por falta de aire.

—Las pondré en agua, ya vuelvo —asintió y me miró atento.

Entré a la casa, las puse en agua y volví al carro de mi chico que estaba atascado de cosas por su mudanza.

—¿Estás lista para lo qué haremos, cielo?

—Supongo que no es la gran cosa, ya hicimos el trabajo más pesado, ¿no es así?

—Tienes toda la razón, amor —tomó mi mano —necesito que me ayudes con tu sabiduría a que la casa se vea decente, cielo.

Llegamos a su casa, bajó todo lo que traía en el auto, intenté ayudarlo pero no me dejó «se supone que vine a ayudar y hasta el momento no he hecho nada».




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