Infinitamente enamorada.

|Capítulo 32|

Ayer por la noche hablé con Pablo de la fiesta de Esteban, me recordó algo de mucha importancia, «en realidad no sé qué haría sin su ayuda» debía marcarle a los invitados y hacerles saber lo de la fiesta, empecé marcándole a Perla.

—¿Hola?

—Hey, hola.

—Hola, Katy.

—¿Dónde estás?

—En la casa de Rodrigo.

—¿Esteban está con ustedes?

—No, supongo que está en su casa. ¿Qué sucede?

—Necesito contarte algo.

—Dime, Katy.

—Ya sabes que el cumpleaños de Esteban se acerca, estoy planeando hacerle una fiesta sorpresa y obvio todos ustedes están invitados —soltó un chillido que casi me deja sorda —¿puedes decirle a Andrés y al señor Leonardo?, no tengo sus números.

—Yo les digo, Katy.

—Muchas gracias, Perla y recuerda que es sorpresa.

—Nosotros somos una tumba —rio.

—Más tarde te mando la dirección.

—¿Qué día será?

—El día exacto de su cumpleaños.

—Se nota que lo quieres mucho, Katy.

—En eso tienes razón —suspiré —seguiré haciendo llamadas, cuídate y me saludas a todos, por favor.

—Así será, nos vemos luego, Katy. Te quiero.

—También yo —colgué la llamada.

Después decidí marcarle a Ángel, él puede avisarle a todos los demás amigos de Esteban, la llamada no entraba, insistí nuevamente y por fin me contestó.

—¡Katy, qué milagro! ¿A qué se debe tu llamada? ¿Tú novio hizo algo malo?

—Hola, Ángel. Ha hecho muchas cosas malas, pero no te marco para echarlo de cabeza —reí —necesito tu ayuda.

—Cuentas conmigo, ¿qué necesitas, Katy?

—Estoy organizándole una pequeña fiesta sorpresa por su cumpleaños, estás invitado y lo que necesito es que me ayudes a contactar a sus demás amigos.

—Yo les aviso, Katherine, no te preocupes por eso.

—Muchas gracias, recuerda que es sorpresa.

—No se me olvida —se escuchó que rio levemente —¿qué día y en dónde será?

—Será el día de su cumpleaños, enseguida te mando la dirección por mensaje.

—Está bien.

—Gracias, Ángel.

—Todo por mis dos mejores amigos.

—¿Dos?

—Le prometi a Carlos que te cuidaría y apoyaría siempre en lo que necesitaras.

—Ángel.

—¿Qué pasa?

—Gracias por tratarme tan bien en todo momento.

—No es nada, Katherine, si ellos te aman es por algo y sólo por ese algo te cuidaré, ayudaré y respetaré siempre que pueda.

—De nuevo, gracias. Nos vemos en la fiesta.

—Perfecto, cuídate, Katherine.

—Ángel, espera.

—Dime.

—¿Conoces a los chicos de la banda con los que Esteban suele tocar de vez en cuando?

—Sí, ¿quieres qué también les digas?

—Sí, por favor.

—Cuenta con eso.

—Mil gracias, Ángel.

—Gracias a ti por querer tanto a mi amigo, a mi hermano.

—Él se lo merece, cuídate Ángel y por enésima vez, gracias —colgué la llamada.

Finalmente decidí llamarle a Julissa, gracias al cielo tenía su contacto.

—¿Hola?

—Hola, Julissa, soy Katherine.

—¡Katherine! ¿Cómo estás?

—Bien, ¿y tú?

—Bien y feliz de recibir tu llamada, ¿qué sucede?




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