Infinitamente enamorada.

|Capítulo 33|

Ha pasado una semana, no he contestado las llamadas ni mensajes de Esteban, cuando ha venido a verme me he hecho la que no estoy, ¿por qué?, he estado terminando con los últimos detalles de su fiesta y si no nos hablamos, sé que no sospechará nada. Justo en ese momento mi celular sonó, era él y no contesté, pero había dejado un mensaje de voz.

—Bomboncito, deja de esconderte. ¿Acaso hice algo malo? ¿Ya encontraste a alguien más? ¿Por qué estás tan distante, mi niña? Te amo demasiado y no será fácil librarte de mí. Cuídate, mi amor.

¡Owwww, qué precioso!

Todo el día me la pase en el lugar donde será la fiesta pues debía arreglar algunos detalles como ver en donde estaría la mesa de la comida, en donde pondríamos la mesa para los invitados, etc.

Me lancé a dormir muy emocionada, mañana será su cumpleaños y la fiesta, ¡por fin!

Espero que realmente le guste.

[...]

Desperté muy temprano, me duché, me coloqué un traje de baño completo, un short de mezclilla, un suéter, una bandana y los huaraches negros, me unté bloqueador en mis piernas y mi rostro.

En mi mochila guardé un cambio de ropa y unas toallas «mi plan no era mojarme, pero con todos esos locos chicos nunca se sabe».

Comencé a envolver el regalo de Esteban, decidí comprarle dos trajes de baño (eran unos shorts sencillos) y le compré unos nuevos videojuegos para su consola «espero que le gusten».

El cheesecake gigante lo había terminado en la madrugada, vendré por él más tarde, no quiero que se eche a perder por el calor, finalmente salí de casa a terminar de hacer los pendientes.

Desde ayer le pedí el auto a mamá, eso me facilitó muchísimo el trabajo.

Llegué a la papelería a comprar los globos con el #26 y otros globos para adornar, cuando salí de la papelería algunos globos reventaron en mi rostro «fue muy doloroso» debido al intenso calor, llegué al lugar en donde sería al fiesta, adorné rápidamente y miré que todos los señores estaban trabajando arduamente, cosa que agradecí desde el fondo de mi corazón.

Faltaban 2hras para que todo esto iniciara y por fin decidí marcarle a mi chico, quien contestó de inmediato.

—¡Bomboncito, por fin me contestas!

—Hola, flaquito.

—Amor, ¿estás bien?

—Sí, ¿y tú, flaquito?

—Lo estoy ahora que sé de ti. ¿Dónde estabas? ¿Qué estabas haciendo?, pensé que había hecho algo mal, bomboncito —dijo con la voz cortada y me dolió muchísimo escucharlo así.

—No hiciste nada mal, precioso —moría por abrazarlo —todo está bien, únicamente estaba un poco ocupada.

—¿De verdad estamos bien, chiquita?

—Te aseguro que sí.

—Te amo —comenzó a mandarme besos.

—Flaquito, ¿puedo pasar por ti más tarde?

—Mejor yo paso por ti ya mismo.

—No, flaquito, a las 3pm pasaré por ti, nos vemos al rato.

—Hasta al rato, cielo, muero por verte, te amo —mandó besos y colgué la llamada.

—Señorita.

—¿Qué pasa?

—¿En dónde quiere que pongamos los letreros?

—En la entrada, por favor.

—Señorita, ¿usará todas las albercas?

—Las pequeñas no.

—Entonces prepararemos las demás.

—De acuerdo, muchas gracias.

Pablo, su papá, Paulina y los trabajadores del papá de Pablo, llegaron.

—Hola, mejor amiga.

—Hola, mejor amigo —lo estrujé, estaba muy agradecida con todo lo que estaba haciendo por mí —hola, Paulina.

—Hola, Katy.

—Buenas tardes, hija. ¿Cómo estás? —estrechamos nuestras manos

—Muy bien, ¿y usted?

—Bien y muy emocionado por confiar en mí y en mi personal.

—Usted hace muy bien las cosas —sonreí.




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