Infinitamente enamorada.

|Capítulo 39|

—Flaquito —lo moví levemente —¡hey, Esteban! —este hombre tiene el sueño más pesado que un abuelito jubilado —¡Esteban! —apreté sus mejillas y no ocurría nada, parecía un cadáver.

—¿Por qué no intentas besando mis labios, bomboncito? —susurró y dejé un beso fugaz en sus labios —¡buenos días, mujer!

—Buenos días —acaricié su cabello negro.

—¿Por qué te despertaste tan temprano, muñequita?

—Porque debo irme a casa, flaquito.

—¡No, cielo! —curvó sus labios y me abrazó con fuerza.

—Sí, corazón, debo ir con mamá.

—Bomboncito, quédate conmigo —susurró mientras chocamos nuestras narices.

—Ya me quedé un día, amor.

—Me fascina que me digas así, bomboncito —me besó —te amo.

—Te amo —sonreí y me quité de su agarre.

Me di una rápida ducha, coloqué uno de los outfits que mi novio me compró y fui a despedirme de él.

—Gracias por todo, flaquito.

—¿En serio te irás, chiquita? —frunció el ceño.

—Sí, flaquito.

—Quédate un día más —negué —bomboncito, por favor.

—Ya fue mucho, flaquito —besé sus labios.

—Mínimo hay que pasar la mañana juntos, bomboncito.

—De acuerdo —sonreí.

—Iré a bañarme, bomboncito —besó mis labios y se fue al baño.

Ordené la habitación, guardé mi ropa, tendí la cama y me dirigí a la cocina a ordenarla pues había trastes sucios.

—Vámonos, bomboncito.

—Vámonos —tomó mi mano, nos subimos a su auto y nos dirigimos a McDonald's.

—¿Qué ordenarás, amor? —besó mi mejilla.

—Ya lo sabes, flaquito, ¿y tú?

—Mil desayunos porque no me llenaré con uno solo.

—Quisiera tener tu metabolismo —reí.

—Amor, no empieces, tú comes lo de dos personas y sigues pareciendo una chica fit.

—Hey —lo empujé levemente.

Fue a ordenar y regresó con una hermosa sonrisa.

—¡Estás tan hermosa hoy!

—Gracias, galán —le guiñé el ojo.

—Joder, bomboncito, no hagas eso que querré hacerte otro hijo aquí mismo.

—¿Otro? —pregunté expectada.

—Seguramente pronto tendremos un hijo —acarició mi vientre.

—Esteban —reí —recuerda que no estamos en una de esas novelas en donde la protagonista se embaraza en la primera fecundación.

—Ojalá lo estuviésemos, me encantaría tener a una hermosa mini Katy y a un mini Esteban, bomboncito —owww, es muy dulce y eso me aterroriza.

—Flaquito, sabes que... —la bocina del lugar me interrumpió.

—Orden #20 lista.

—Es la de nosotros, ya vuelvo, amores.

—¿Amores?

—Sí —acarició mi vientre y estaba por marcharse cuando tomé su mano y lo detuve.

—Hey, flaquito, no hay alguien aquí —apunté mi estómago.

—Pronto lo habrá, bomboncito.

—Estás embarazado psicológicamente.

—¡Bomboncito! —se atacó de la risa —siempre rompes mis mayores ilusiones.

—Vamos con calma, flaquito —acaricié su cabello, besé su mejilla y sonrió.

—Te amo, bonita.

—Te amo —besó mi frente y fue por la comida.

Desayunamos tranquilamente, regresamos a su casa, iba a entrar al auto y me miraba atento.

—¿Segura que quieres irte, chiquita?

—Sí, flaquito.




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