Infinitamente enamorada.

|Capítulo 42|

Ya pasó una larga y dura semana más sin Esteban, cada día me parece más difícil estar sin él.

Era muy temprano por la mañana, mi celular sonó y era Luzma, no sé si esto sea una buena o mala señal.

—¡Hola, Katy!

—Hola, profesora.

—Katherine, necesito que asistas a la academia, tengo una propuesta para ti.

—¿A qué hora?

—A las 5pm, ¿te parece?

—Sí, ahí estaré.

—¡Gracias!

—No es nada, nos vemos al rato —colgué la llamada.

Las propuestas de Luzma siempre eran buenas y también difíciles de cumplir, me muero de curiosidad por ver de que se trata todo esto.

—Hija —tocó levemente la puerta —¿estás despierta?

—Sí, mamá.

—¡Perfecto!

—¿Por qué? ¿Qué pasa, mamá?

—Saldremos, alístate, hija.

—¿Saldremos?

—Sí y ya no hagas tantas preguntas, mi niña —fruncí el ceño.

—De acuerdo, mamá.

—Te esperaré allá abajo —asentí.

Busqué que ponerme y opté por un atuendo deportivo, y una chamarra holgada y abrigadora.

—Ya estoy lista.

—Trae tus audífonos y una bandana, hija.

—¿Para qué, mamá? Todo esto es muy extraño —enarqué mis cejas.

—Es una sorpresa, no puedes ver ni escuchar nada, cielo.

Subí a la habitación por una bandana, los audífonos ya los tenía en la bolsa.

—Listo, mamá.

—¡Vámonos! —salimos de casa, subimos al auto y manejó durante un buen rato.

—Ya quiero saber a dónde iremos —me quejé.

—Ten paciencia, pequeña —rio —ya necesito que te pongas los audífonos, no vayas a hacer trampa.

—De acuerdo —bufé.

Me coloqué mis audífonos y comencé a tararear todas las canciones que escuchaba, después de 5canciones, mamá tocó levemente mi brazo, me quité los audífonos y se dispuso a hablar.

—Enseguida vuelvo, Katy, espera un momento más —asentí.

Todo esto era muy extraño, mamá no acostumbraba a ser tan misteriosa y eso me preocupaba.

—¿Lista, hija?

—Sí, mamá.

—Te ayudaré a bajar del auto y después te quitarás la bandana.

—Ok —sonreí entusiasmada.

Bajé del auto, quité la bandana y, ¡Dios mío, esto debía ser un sueño!

—¡Papá! —corrí a su lado y lo abracé con mucha fuerza mientras lágrimas recorrían todo mi rostro.

—¡Mi pequeña Katy! —me cargó en sus brazos y besó repetidas veces mi mejilla —estás tan hermosa —me miraba con delicadeza y comenzó a llorar junto a mí.

—¿Eres...? —me interrumpió.

—¡Soy libre, mi amor! —afirmó —y te juro que jamás volveré a dañarte, no volveré a dañarlas, he aprendido mucho durante estos años —limpió sutilmente mis lágrimas.

En esta ocasión eran lágrimas de felicidad.

—Por fin podré abrazarte cada que pueda y fundirme en tu pecho cada que las cosas vayan mal, por fin podré estar junto a ti —besé su mejilla y comenzó a llorar.

—Te amo, hija —colocó un mechón de cabello detrás de mi oreja.

—Te amo, papá —sonreí.

Los tres subimos al auto y me sentía malditamente bien, nuevamente éramos tres como lo fuimos durante muchos años.

No puedo creer que después de tantos años y de tanto daño lo amé igual que como antes, él sigue siendo el mejor papá del mundo pese a sus errores, él sigue siendo el mejor compañero de vida para mamá a pesar de todo lo malo que ha hecho, él siempre será el mejor hombre que tengamos en nuestra vida, aunque lleguen mil hombres más.




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