Infusión

4. ⊹ ࣪ ˖ Dulces de miel ˖ ࣪ ⊹

10 de febrero

No nos topamos en todo el día. Él tiene clases hasta las 4 y, aun así, salió temprano del dormitorio. Antes de que yo despertara. Casi siempre regresa a las 7, cuando terminan sus clases. Pero ahora está tardando demasiado.

No debo permitirme distraerme con esto. Ni siquiera debería importarme. Tengo proyectos. Tengo que concentrarme. Esto es tonto.

11 de febrero

A pesar de que Evan parece evitarme, los fines de semana duerme hasta las tres de la tarde. Es ley. Dormir hasta que el cuerpo decida que es suficiente.

Anoche regresó a las 10 de la noche. No sé de dónde y no me interesa. No me debe interesar.

Hoy son las 8:30 de la noche y no ha regresado. Me siento mal por recordar y estar pendiente de cuándo regresa y cuándo se va.

12 de febrero

Evitó el dormitorio hoy también (o al menos eso creo). Pero cuando volví, seguía en pijama, así que supongo que durmió hasta tarde.

Está haciendo bastante frío. La calefacción ya ni da abasto. Usé dos mantas anoche. Evan se quedó con su cobertor, que creo que no es suficiente.

Me pregunto si cuando sale está lo suficientemente abrigado. Sin duda debe salir con el cabello mojado, como siempre.

¿Te veré en la universidad? O simplemente... ¿me olvidarás hoy?

13 de febrero

El frío empeoró. Ni siquiera bajo el sol se quita.

Tuve un tiempo libre y fui a la biblioteca porque ahí estaba cálido. Mala idea. Evan estaba ahí. ¿Ahí es donde se escondía? O lo que sea que esté haciendo.

No estaba solo. Había un chico a su lado. No sé si son cercanos.

El chico se inclinó para ver algo en la computadora de Evan y Evan se apartó, con una mueca de fastidio. El chico sí lo notó, pero no se ofendió. Se rio y dijo algo que... le sacó una sonrisa a Evan. No una completa. Pero fue una reacción contraria a la molestia.

Observé demasiado. Evan ni siquiera notó mi presencia hasta que se levantaron para irse. Solo me miró de reojo y se adelantó. Y el chico no lo siguió.

No tengo idea de por qué siento un extraño alivio. No debería importarme con quién se junta. Sí me importa.

Llegué solo al edificio y el silencio se sintió más pesado.

Cuando Evan regresó al dormitorio no se quitó los audífonos en ningún momento y no se movió del escritorio. Ni siquiera para prepararse un té o café.

14 de febrero

Olvidé por completo que hoy era San Valentín. Con todo lo que ha pasado, ni me cruzó por la mente. Igual no es como si me afectara mucho. No tengo novia para regalarle nada, pero sí me gusta darles sus dulces favoritos a mis amigos cercanos.

Después de clases compré para Tesa los dulces de leche que ama desde niña, a Matías unas gomitas ácidas y a Oliver chocolate blanco.

Cuando regresé al dormitorio, Evan también había llegado. No me miró. Pero mientras yo hacía tarea en el suelo —obvio—, Evan sacó algo de su mochila y me lo aventó. Cayó sobre mis piernas.

Una pequeña bolsa de chocolates.

—¿Y esto? —pregunté, confundido.

—Una chica los estaba dando a todos. Hasta al profesor.

—¿Y por qué me los das a mí?

Se encogió de hombros.

—No me gusta el chocolate. A menos que sea chocolate negro.

Eso me sorprendió. Nunca pensé que me daría un dato suyo así, tan de repente, sin que yo lo pidiera.

Me quedé con la bolsita en la mano, viéndolo volver a su escritorio. No dijo nada más. No hizo nada más.

¿Por qué me los dio a mí? ¿No podía dárselos a su hermano o a cualquier compañero?

No debo darle tantas vueltas.

Durante el día tosió levemente. Un carraspeo. No me molestaba, pero parecía contenerlo para no hacer ruido.

—¿Estás bien? —pregunté sin pensar.

Asintió sin mirarme.

Esta mañana no apareció. Otra vez. Llegué al punto de encuentro y él no estaba. Caminé solo, con las manos en los bolsillos, viendo mi respiración condensarse en el aire frío.

Por eso me sorprendió tanto cuando, al volver, me lanzó esa bolsita.

No me habló en todo el día.

Pero me dio chocolates.

No entiendo nada.

15 de febrero

Evan tose más.

Lo escucho desde mi cama. Seca. Profunda. Intenta disimularla, pero no puede.

Salió con el pelo mojado otra vez. No sé cómo hace para no aprender. Hace un frío que pela. Hasta yo tengo los dedos entumecidos cuando vuelvo al dormitorio.

—Vas a enfermarte —le dije esta mañana, cuando lo vi salir así.

No respondió. Ni siquiera me miró.

Pero tosió mientras bajaba las escaleras.

16 de febrero




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