Infusión

8. ⊹ ࣪ ˖ Olvidable Dragón ˖ ࣪ ⊹

6 de marzo

Lunes, día de revisión de avances del proyecto. Fue como esperaba. O no. Es decir, no fue bien. Pero tampoco fue un desastre. Fue... nada.

Usé el boceto que Evan dijo que era cursi. Lo había pasado a digital para mostrarlo y, cuando lo vi terminado, me pareció demasiado minimalista. Perfecto, pensé. Pero fue justo lo que criticó el profesor. Bueno, no fue exactamente una crítica mala. O no lo sé. Estoy frustrado. Dijo que era demasiado correcto. Lindo, pero fácil de pasar por alto. Pregunté cómo podría mejorarlo.
Y me preguntó de vuelta:

—¿Cómo crees tú que podrías mejorarlo?

Claro. Muy útil. Ahí fue cuando entendí que no iba a recibir una respuesta fácil. Nunca la recibía.

Las demás clases fueron… agotadoras. Cuando dieron las nueve ya solo quería regresar al dormitorio.

Cuando entré, Evan ya estaba ahí.
Se veía demasiado relajado para alguien que también tiene proyectos que entregar. Estaba sentado en su cama, con la espalda contra la pared, leyendo y escuchando música. Un cómic de Batman. No un libro. Un cómic. Creo que sentí lo que él sintió cuando me vio trabajando en el suelo.

Me miró de reojo. Esa es su forma de saludar. Dejé mi mochila en el suelo y saqué la hoja que había impreso con el logo. La pegué en la pared para verlo mejor.

Me quedé de pie frente a él, observándolo. “¿Cómo podrías mejorarlo tú?” ¿Qué mierda era eso?

De pronto, Evan estaba a mi lado. No lo escuché levantarse. Maldito fantasma.

—¿Te pidieron avances? —preguntó mientras miraba el logo.
Me sobresalté un poco antes de responder.
—Sí.
—¿Qué te dijo?
—Que es lindo… pero fácil de ignorar.

Intenté que no se notara mi sorpresa por su repentino interés.

—Mhm.

Se acercó un poco más al papel e inclinó la cabeza hacia un lado, observándolo con una atención extraña. Parecía un cuervo evaluando si algo brillante valía la pena robar.

—¿Acaso quiere que sea más cursi? —comentó después de un momento.

Fruncí el ceño.

—Ya discutimos eso.

Me ignoró. Seguía mirando el logo.

—Es muy… correcto —dijo.
—Eso mismo me dijo el profesor.
—También es aburrido.
—Además de cursi, aburrido. Vaya.

Volvió a ignorarme.

—Todo es blanco —señaló—. Como el cuarto de un hospital —hizo una pausa—. O un manicomio.

Se quedó callado unos segundos más. Luego se cruzó de brazos.

—Supongo que lo que quiere decir tu profesor es que no arriesga nada. No hay nada que lo diferencie de otras cafeterías.
—¿Y cómo quiere que lo haga destacar?
—No lo sé —se encogió de hombros—. Tal vez agregar un dragón.
—No voy a agregar un dragón.
—Entonces un tiburón.
—Evan.
—Era un ejemplo.

Pasó frente a mí y regresó a su cama como si nada. Me dejó aún más confundido.

He estado dibujando elementos de cafetería, buscando referencias, viendo fotos para inspirarme. Tazas. Granos de café. Vapor. Todo lo típico. Nada funciona.

Estoy tomando un descanso, por eso escribo.

Evan ahora está tirado en su cama mirando su celular. Demasiado tranquilo. Todos están ocupados con sus proyectos menos él, al parecer.

Supongo que olvidé por completo lo que se supone que hace un diseñador. No estaba diseñando para alguien que pasa por la calle buscando café. Estaba diseñando para una calificación. Por eso me fui demasiado por lo seguro. No pensé en si alguien realmente se detendría a verlo. No pensé en qué identidad tendría la cafetería. Solo pensé en que se viera… correcto. Y eso es exactamente lo que es. Correcto. Y completamente olvidable.

[⋆⋅☆⋅⋆]

Realmente no descansé. No dejaba de pensar en qué hacer. ¿Empezar de cero? No podía. El proyecto final se entrega el viernes y todavía me faltaba diseñar el menú, los vasos y otras cosas.
Así que volví a dibujar.

El escritorio empezó a llenarse de papeles y del polvo del borrador.

Escuché a Evan moverse en su cama.

—¿Sigues peleando con el manicomio blanco? —preguntó.
—Mjm —contesté sin más.

Seguí dibujando.
Cada mínima cosa que agregaba me hacía detenerme a observarlo, esperando que algo me obligara a arrancar la hoja y descartar la idea. Pero ya no sucedía después de como mil intentos.

Mantuve el corazón, pero cambié el nombre a “Lovely and Tiny” porque ahora tenía una mascota para la cafetería: un ratón. Recordé al ratón somnoliento de Alicia en el país de las maravillas. Evan tiene ese libro en su librero y, cuando lo vi, no pude evitar pensar en la versión de aquel ratón con malas ideas de negocios. En la película es un ratón con monóculo. En el libro es un lirón. Evan me explicó la diferencia —con lujo de detalle, por supuesto— y ahora no puedo dejar de pensar en eso cada vez que veo el dibujo.

La taza permaneció, solo que cortada a la mitad para dejar ver al ratón durmiendo, con la cola formando un corazón.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.