Infusión

9. ⊹ ࣪ ˖ Deuda ˖ ࣪ ⊹

12 de marzo

Todo volvió a ser raro.

Ayer parece que ha estado evitando el dormitorio otra vez. Salió temprano cuando se supone que duerme hasta tarde los sábados.

Regresó tarde. No tengo idea de a dónde fue. Intenté que no me importara; a él no parece gustarle que indaguen en sus cosas y no tengo derecho… Aunque él sí pareció tener curiosidad de dónde estaba cuando fui al cumpleaños de mis hermanitas.

No tengo idea. Creo que hice bien en no preguntar.

Probablemente salió con ese chico de sonrisa perfecta. ¿Era Leonardo su nombre?

Como sea. No debe importarme.

Además, ya me acostumbré a que desaparezca de la nada. No hay problema. No es como si hubiera alguna regla que nos obligue a avisar dónde estamos. Podríamos hacerlo, sería por seguridad, ¿no?

Es solo eso: me preocupa no saber dónde está porque si le pasa algo malo…

Todo esto es ridículo.

Lo más extraño fue hoy en la mañana. Él no salió temprano. Mientras me preparaba mi desayuno, él hacía su té. Intenté sacarle plática.

—Todavía te debo una, ¿sigues negándote al desayuno?
—No me debes nada —respondió en un tono seco mientras sacaba una bolsita de té.

Su tono fue mi primera señal de que debía callarme.

—Nunca desayunas —murmuré—. Podrías desmayarte algún día por eso, ¿sabes?

Eso salió sin mi permiso. Estúpida lengua que siempre actúa en mi contra.

Evan se detuvo un momento.

—Es mi problema si sucede.
—Solo no quiero que vuelvas a enfermarte.
—¿Ahora te preocupas?
—No puedo no hacerlo…

Evan dejó la taza en la encimera sin cuidado; el té se tambaleó y cayó un poco fuera de la taza.

—No entiendo por qué te importa tanto —escupió—. ¿No tienes nada mejor que hacer?

Nada mejor que hacer. Mi preocupación estaba siendo una molestia para él, o eso quería decir con ese tono. Entonces, si soy una molestia, una espina, ¿por qué a veces no me ignora?

Al principio parecía que iba a ignorarme todo el tiempo, pero hace unos días lo vi reír mientras decía el nombre que odio. Darme unos chocolates por "no querer desperdiciar".

Iba a encogerme de hombros y decir que era una broma, como últimamente he estado haciendo cuando parece que va a haber una discusión. No tengo idea de dónde agarré la valentía. Esta vez no quise dar una mentira blanca.

—Todo lo que hago es porque quiero —lo miré directamente—, no porque no tenga nada más que hacer.
—¿Solo porque quieres? —bufó—. No tiene sentido —dio un paso hacia mí—. ¿Qué es lo que buscas?
—Nada. No quiero nada a cambio.

Entrecerró los ojos. Una mirada intensa que me examinaba meticulosamente buscando alguna señal de mentira.

—No me vengas con eso. Nadie hace cosas por nadie sin esperar algo a cambio.
—Yo sí —respondí con firmeza—. Yo sí hago cosas sin esperar nada. Así funciono yo. Puede que no lo entiendas, pero es la verdad.
—¿Y si no te creo? —inquirió, dando otro paso hacia mí. Su mirada era intensa, mas no me dejé torcer—. ¿Qué pasa si creo que tienes una razón oculta? ¿Qué pasa si creo que solo estás esperando el momento adecuado para pedir algo?
—Entonces eso dice más de ti que de mí —repliqué, sin apartar la mirada.

Se quedó quieto. La mandíbula tensa. Sin embargo, estaba jugando con las mangas de su suéter. Odio que eso sea lo único que conozco a la perfección de él.

—No sabes nada de mí —dijo entre dientes.
—Tampoco tú, y me estás juzgando como si lo hicieras.

Bajó la mirada y volvió a tomar su taza.

—Solo en una cosa estamos de acuerdo —estableció antes de salir de la cocina—. No nos conocemos.

Se sentó en su escritorio y esta vez sí usó los audífonos. Sentía un nudo en la garganta y de nuevo una sensación en el estómago, esta vez no era agradable como las otras veces. Era un vacío y a la vez una presión debajo de las costillas. Como si hubieran recibido un golpe. Tal vez solo exagero.

Todo esto es extraño.

Evan es como un rompecabezas hecho del mar de noche. Oscuro, sin colores, sin bordes claros. Solo puedo empezar por las orillas, despacio, hasta poder tocar el centro. No quiero forzar las piezas, pero tampoco puedo evitar desesperarme.

Creía que había avanzado en aquel rompecabezas. Fui tonto. De pronto una pieza con el dibujo de una flor apareció entre todas las piezas azules. ¿Irá cerca de la orilla? ¿En el centro?

No tengo idea. Y a este paso temo que nunca tendré la respuesta.

13 de marzo

Sigo sintiéndome ridículo y las cosas se están haciendo más difíciles.

¿Por qué no quiere que me acerque? ¿Realmente no le agrado? Entonces, ¿por qué no siento que se aleja del todo?

Pudo tratarme con hostilidad todo este tiempo. No lo entiendo.

Y para colmo, no pude dejar de preocuparme. Obviamente no iba a dejar de hacerlo porque me lo pidió así. Lo que iba a dejar de hacer era querer ayudarlo siempre que pueda.




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