Inmune a ti

CAPITULO 9 Contrato matrimonial

Iris Bettmon

Llegué a casa de Olivia arrastrando los pies, no debí pedalear tan rápido, pero las calles estaban muy oscuras. En cuanto abrió la puerta, su rostro pasó de desesperación a alivio. Apenas crucé el umbral, se abalanzó sobre mí, me rodeó con los brazos y, de inmediato, comenzó a darme coscorrones en la cabeza.

—¡Estúpida, me tenías con el corazón en la boca! —me regañó, mientras me empujaba hacia la sala.

Se detuvo en seco al verme de arriba abajo, fijando los ojos en la enorme prenda de lino que llevaba puesta. Me agarró del brazo inspeccionando la tela.

—Ahora sí me vas a contar todo, amigaaaa ¿De quién es esa camisa? Solo con ver la calidad de la costura puedo imaginar el dineral que cuesta. ¿Vendiste tu..., bueno, al Juez?

—Estás loca, claro que no... ¡No le vendería ni un chicle a ese tipo tan desagradable! Y segundo: te aseguro que es del otro bando —le solté.

Olivia soltó una carcajada

—Ay, no... De verdad que no tienes suerte con ningún hombre. O lo estropeas con tus nervios hablando como lora, o simplemente te pones a la defensiva antes de que respiren. Por cierto, llama a tu madre de una vez; me tiene el buzón lleno de llamadas. Le dije que estabas cubriéndome en un turno en otra ciudad con lo del salón para que no se volvieran locas.

—Gracias, Oli... —murmuré, antes de que la tos me cortara las palabras, obligándome a llevar una mano al pecho —, terminé en su casa...

Oli abrió los ojos tanto que pensé que se le saldrían. Dio un traspié y literalmente se dejó caer hacia atrás, desplomándose sobre el sofá.

—Dime que le robaste algo por lo menos —exclamó, incorporándose de golpe.

—Estás demente, te digo que no sabía ni dónde estaba —bufé, frotándome las sienes—, desperté en su cama..., y ese hombre está pero bien loquito. ¿Sabes lo que hizo? ¡Me empujó usando un cuadro como escudo para no tocarme!

Frunció el ceño, procesando la información con una mezcla de diversión.

—A ver... ¿Qué harás ahora? Se comieron la primera base, despertaste en su cama y te regaló una camisa de marca... No sé, ¡chantajearlo! Que te toco o lo que sea, y así lo presionas para el caso de la farmacéutica.

Solté un suspiro largo, arrastrando los pies hacia la cocina para buscar un poco de agua. Pensando al mismo tiempo en las mil maneras en las que me gustaría atormentar a ese juez.

No parecía tener un malestar estomacal... ¿Será que no se tomó el café?

—Eres mala...—la miré de reojo o somos, pensé intentando no sonreír—, puedo dejar eso como última opción. Ahora lo que verdaderamente me quita el sueño es inventarme una excusa para el restaurante: perdí mi uniforme, las entregas que llevaba se echaron a perder y, para colmo, tendré que pagar doble el turno en el cafetín. Dios, estoy arruinada.

Oli se levantó, se acercó a mí, me apoyó la cabeza en el hombro. Aunque ella era más alta.

—Tranquila. O..., mira, otra opción: ¿Y si lo secuestramos y le pedimos rescate para pagar el tratamiento? Digo, es una idea...

La miré de reojo y negué con una sonrisa mientras la fiebre volvía a nublarme los pensamientos.

—No suena mal..., el único detalle es que dudo mucho que dos debiluchas como nosotras puedan contra un hombre que mide casi dos metros...

Valerius Kross

Su olor todavía se aferraba a las paredes de mi habitación, impregnando las sábanas asfixiándome. Me era imposible permanecer un segundo más allí, respirando los restos invisibles de su presencia, mientras que el equipo de desinfección llegaba.

No podía creer la clase de traición que el imbécil de Adrien me había jugado. Y lo peor era la incertidumbre: ni siquiera tenía la seguridad de si esa mujer había llegado completa a su casa. Me importaba un pepino, me daba exactamente igual su destino. Pero la lógica de la ley dictaba que, si algo le pasaba las autoridades me buscarían a mí como el último en tener contacto con ella. Me pasé una mano temblorosa por el abdomen. Todavía me dolía, aunque por lo menos ya no había vuelto al baño. Si el doctor Harrison no me enviaba los resultados de los análisis, iría a plantarme en su clínica.

Erin conducía en completo silencio, con las manos aferradas al volante sin soltar una palabra. Estoy completamente seguro de que vio a la chica huir en la madrugada.

Llegamos al juzgado con los minutos contados. Tenía la agenda tan apretada, con audiencias, no entendía cómo demonios iba a partirme en mil pedazos para abarcarlo todo. Para colmo, mi padre no paraba de llamar. Lo saqué del bolsillo, apagué el aparato y lo arrojé al fondo de mi maletín. Subí en mi ascensor y me quedé mirando casi con terror las puertas metálicas al cerrarse. Era patético: mi mente neurótica comenzaba a alucinar, imaginando a esa mujer.

Cuando llegué al piso, caminé con paso firme y entré de golpe a la oficina de Adrien.

Vacía.

Ese animal se estaba escondiendo de mí. Al salir al pasillo, noté que todo el personal del juzgado me observaba de reojo, murmurando y desviando la mirada con expresiones extrañas que no alcancé a descifrar. Al cruzar la esquina hacia el ala del despacho principal, lo encontré junto a Marisol, quien me miraba con pánico. Señalé a Adrien directamente con el dedo índice, jurando en silencio que me lo comería vivo apenas cruzáramos la puerta de mi oficina; pero..., me quedé congelado al dar el siguiente paso.

—Ese..., ese olor...

Metí la mano al bolsillo interior del saco, saqué un pañuelo, me cubrí la nariz y la boca de inmediato, mirando atónito el interior de mi despacho. El escritorio estaba completamente sepultado bajo un mar de margaritas y otras especies.

—Señor..., le dejaron unos detalles en su oficina —balbuceó Marisol, con la voz temblorosa—, el señor Moore le dio permiso y bueno..., como es su amigo, supuse que...

—No supongas, Marisol. Tú trabajas para mí, no para ese payaso —le gruñí, sin bajar el pañuelo—, es ella, ¿cierto? ¡Huele a ella! ¡Que nadie la deje entrar! ¡Esto huele a funeraria!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.