Inocente hasta que recuerde lo contrario

Siguiendo a los muertos

No me pareció una buena idea confrontarlos juntos. Era demasiado riesgoso. Preferí esperar. La charla no duró mucho. Seguramente Ramírez le informó de mi llamada. Un desconocido indagando sobre personas que no debía. La muchacha salió primero, ataviada como había llegado. La seguí. Después de todo ya no me interesaba su padre. Quería saber porque había intentado incriminarme  en su supuesta muerte.

Llegamos a la entrada de un edificio, mientras abre me apuro a su encuentro y la empujo hacia dentro. Se vuelve con rudeza y me da un puñetazo en el pecho. Fue más fuerte de lo que esperaba, pero lo disimulé con gallardía. La puerta cerró tras nuestro y quedamos encerrados en el palier.

-¿Pablo? -pregunta mientras se saca los aparatosos lentes para mirarme mejor. -¿Qué haces acá?

-¿Te sorprende verme?¿Qué debería pensar yo que te vi muerta en tu departamento?

-Asumiste que estaba muerta, no sabías. -responde con malicia.

-Explicame que pasó, porque esto ya me está volviendo loco. -le digo molesto mientras la sacudo por el brazo.

-No te debo ninguna explicación -dice mientras intenta zafarse.

-¿Qué tenés que ver con el accidente de tu novio?¿Estaba él en el auto o fue un perejil?¿Sigue vivo por ahí igual que vos?

-El único perejil en esta treta fue Sergio. -responde altanera- Te aseguro que el cadáver que encontraron es de él.

-Lo engatusaste para cobrar el seguro, ¿no? En tu casa me dijiste que hacía años que estaban juntos, pero en el boliche me dijeron que salían hacía unos meses.

-Ves que sos un boludo. ¿Cómo pudiste creer que un estúpido como él podía estar dos años con una mina como yo?

-¿Quién te lo marcó?¿Cómo sabías de su seguro? Esto no fue azar.

-La idea del seguro fue mía. Puedo ser muy persuasiva. -dice con una mirada felina y se aproxima. Esta vez su mano libre se posa en mi pecho abierta y me acaricia. -Seguro estas pensando que harías lo que fuera por mí, ¿no? -dice mientras acerca sus labios a los míos.

-No estás tan buena -miento- No te des tanto crédito -respondo intentando mantener la compostura y la expresión molesta.

-Te vi mirandome. No te hagas el dificil. Se que te gusto.

Cada frase se acerca un poco más. No puedo evitar aflojar la tensión sobre su brazo. Quiero abrazarla y besarla, pero no voy a caer en su juego. La lucha interna me provoca tanta tensión que comienza a dolerme la cabeza.

La alejo de un empujón y busco las pastillas en el bolsillo de la campera. No están.

-¿Buscabas esto? -dice sacudiendo el frasco que sujeta con dos dedos haciéndolo sonar -Es la segunda vez que te las saco. ¿No aprendiste nada de la primera vez?

Mierda. Me apuro a sacarselas pero me gana distancia corriendo hacía las escaleras. La sigo, pero el esfuerzo y la poca luz solamente incrementan la cefalea. La escucho reírse exageradamente, como un villano de caricatura. Subo cada vez más lento. El dolor se hace más fuerte. Ahí viene. Ahí llegó el aura. Ya está. No queda nada más por hacer.



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En el texto hay: persecucion, amnesia, estafa

Editado: 13.01.2020

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