Inquebrantable

Capítulo 31

Alizee

 

«Felicidades, que buen trabajo».

«¡Que pinturas tan hermosas!»

«Que talento el que tienes, es definitivamente asombroso».

«Corazón sin manecillas, me dejó sin palabras. Es deslumbrante».

«¿Tú pintaste la noche negra? Quedé cautivado por ella, es tan real lo que transmite que por un momento creí que estaba viendo el reflejo de mi alma. Muchas felicidades, enserio».

Estos, y algunos otros parecidos, han sido los elogios que he estado recibiendo durante la noche.

Sabía que mis pinturas iban a ser expuestas, pero eso no había causado algún sentimiento en mí. No; hasta que he empezado a recibir tantas felicitaciones y halagos.

Me cuesta decirlo y aceptarlo, porque quizás nunca me había sentido así, pero…

Estoy feliz.

Y suena tan ajeno a mí, al observar a mi alrededor siento como si estuviera atrapada en una ilusión de la que tendré que salir, pero me pellizco y esto sigue siendo real.

Mi talento.

Mis pinturas.

Mi novio.

Mis amigas.

Mi felicidad.

Lo repito una y otra vez en mi mente hasta que deja de sonar impropio y con una gran sonrisa sigo disfrutando de mi día.

Todo sería perfecto si él estuviera aquí, a mi lado, orgulloso de mí. Eso no deja de crear cierto sabor amargo en mí, pero recuerdo que todo esto es por y para él.

Esperaba que con el dinero que ganara de las pinturas vendidas, así quizás podría pagar su fianza.

Es mi anhelo más grande.

Verlo disfrutar de su libertad, de su hija.

Nunca mereció estar en ese lugar tan horrible, mucho menos por las acciones de aquella bestia.

Amour —la mano de Jacque en mi espalda me hace estremecer—. ¿Está todo bien? —analiza mi rostro.

Asiento.

—Todo bien —sonrío—. ¿Por qué preguntas?

—Te quedaste ida, mirando lejos —ladea el rostro.

—Estaba pensando —paso mi peso de un pie a otro.

—¿En lo afortunada que eres de tener a un novio tan guapo como yo? —sube y baja las cejas con coquetería.

Niego aun con la sonrisa.

—En lo feliz que soy con mi novio feo —pincho mi dedo en su nariz.

Lleva su mano a su pecho con una expresión de ofendido.

—¿Feo? ¿Has visto mi rostro? ¡Por favor! La cita de Shrek, que dice:

“Es un papucho, su cara parece tallada por los mismos ángeles” Me representa sin duda alguna —dice con egocentrismo.

—Si tú quieres vivir con esa ilusión, ¿quién soy yo para dañarla?

Ríe y me atrae a su cuerpo para envolverme en un abrazo, luego besa mi coronilla.

—Quiero llevarte a cenar para celebrar tu logro —su mirada intensa, penetra cada parte de mí, hasta hacer que mi piel se erice.

Acto que odio, mueve cada fibra de mi ser y me vuelvo completamente gelatina ante él.

—Tus papás me habían invitado a cenar.

—¿Y? Tú eres mi novia, eres mía —pronuncia detenidamente—, no de ellos. Si quieren tenerte en casa, que pidan una cita con anticipación con tu secretario.

Frunzo mi ceño.

—¿Cuál secretario?

—Yop —rompe el abrazo y toma mi mano, hala de ella y empezamos a caminar—. Soy tu novio, secretario —empieza a nombras mientras cuenta con sus dedos a la vez—, jefe, amigo, chofer… En conclusión —chasquea la lengua y baja sus hombros—, soy como Barbie, todo lo que quieras que sea, lo seré.

—¿Hasta mi suggar daddy?

Detiene su paso y se gira para mirarme. Enarca una ceja, yo lo miro con burla.

—Puedo patrocinar todo lo que quieras, amour. Pero… —se inclina y se acerca a mi oído—. Ten por seguro que no seré débil ni delicado como esos viejitos —suelta una risa ronca en mi oído—. Puede que supliques que pare o que siga, tendremos que descubrirlo.

Siento un mínimo roce de su lengua en mi oreja antes de apartarse.

Mis mejillas empiezan a llenarse del característico ardor que las inunda cada vez que algo me avergüenza. Debo estar tan roja como la alfombra de los Grammys.

Jesús, este hombre nos va a matar de un paro cardiaco.

—¿Qué pasa, Monet? ¿Ya no te gusta tanto la idea? —muerde su labio y desordena su cabello.

No puede hacer ese tipo de comentarios y luego esos movimientos tan sexys como si nada pasara.

—Estás roja —comenta con una media sonrisa.

Cierro los ojos y suspiro.

—Ya me di cuenta, Jacque.

—¿Por qué te pones roja? —insiste con burla.

—¿Por qué te pones idiota? —lo fulmino con la mirada.

—Tú me pones idiota, Monet —su tono de voz sale ronco.

Hago un sonido de negación.

—Naciste idiota, no tengo culpa de tu deficiencia intelectual.

—Si tienes mucho que ver —relame sus labios—. Cada vez que estás a mi alrededor, me pongo más tonto por quedarme embelesado con tu bonito rostro —acaricia mi mejilla.

Abro la boca para responder, pero antes de emitir respuesta alguna, Layve aparece y habla.

—¿Por qué tan roja, cu? ¿Planeando el frutifantástico? —nos mira a los dos.

Comentario que no ayuda a mi sonrojes, la intensifica.

Cubro mi cara con mis manos y tomo aire.

—¿Si estaban haciendo plan para hacer el delicioso? Yo… lo siento, yo lo dije molestando, no pensé que si estuvieran en esas… pero supongo que es como el meme, es broma, pero si quieres, no es broma —suelta una carcajada.

Niego con mi cabeza y salgo de mi escondite.

Jacque me mira con una gran sonrisa y burla, al igual que Layve.

—No vamos a… hacer el delicioso —aclaro con un tono de voz nervioso.

—¿No? —Jacque me mira con una ceja enarcada.

—¡No!

—¿Cómo quieres que sea tu suggar entonces? Para que lo sea, hay que aplicar la ley dar para recibir.




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