Inquebrantable

Capítulo 13

Una charla sincera

Después de las 12 de la noche, nuestros corazones tienen las charlas más sinceras.

Anónima

Amy

Había pasado una semana desde que mi abuela se había ido a Italia. No había tenido la oportunidad de llamarla o conversar con ella. Desde su partida, las actividades de la casa recayeron sobre mí, la hermana mayor, la encargada de mantener el orden.

—No te olvides de recoger a Luciano de clases y venir directo a casa —le dije a mi hermana antes de salir.

—Sí, ya sé, Amy, relájate.

—Directo a casa, Mariana, no a otro lugar. Por favor, no te metas en problemas —insistí.

Antes de que pudiera replicar, salí directo a la escuela. Sabía que Raven ya estaba allí. Ella había empezado a ir a la escuela con su compañero de proyecto, que resultaba ser el primo de Alessandro. Según me contó, Ismael no era un idiota en absoluto. De hecho, se parecían mucho y tenían muchas cosas en común. Lo único que me dijo es que era un romántico empedernido, locamente enamorado de su novia.

—Llegas tarde, y eso es raro en ti —dijo Raven en cuanto me vio. —Hasta Navir llegó temprano, y eso que no sucede mucho.

—Oye, eso no es cierto, es solo que el tráfico… —comenzó Navir, soltando la peor mentira que le he escuchado.

Me recosté en mi casillero y respiré hondo antes de sacar mis libros. Ambas me miraban, esperando una respuesta.

—Lo siento, sí, sólo que… en mi casa me necesitan mucho y no hay nadie que se encargue de mis hermanos y…

No digas nada más, las vas a aburrir. ¿En serio crees que alguien quiere escucharte quejarse?

Odiaba a mi cerebro, pero sentía que tenía razón, así que me detuve.

—Bueno, si tú lo dices —dijo Raven. —¿Y ya has empezado a hacer ese proyecto?

—Ni me lo recuerdes. Le di mi número y no me ha escrito. Lo peor es que, cada vez que lo veo, no sé qué decirle. Me quedo como una estatua.

Después de esa pequeña charla, nos separamos para ir a nuestras clases. Pero yo seguía pensando en lo que me dijo Raven. No había hablado con Alessandro desde ese día, y mucho menos podía acercarme a él. Siempre que lo intentaba, estaba rodeado de Allison, que hacía hasta lo imposible para acaparar toda su atención.

La tarde en casa fue tan pesada como la mañana. Al entrar, me di cuenta de que mi madre ya estaba en la cocina.

—Llegaste temprano —dijo.

—Sí, mamá. Hoy fue un día productivo.

—Me lo imagino. Este es tu último año, más vale que te concentres.

—Sí, lo sé, pero tengo que contarte del nuevo libro que nos hicieron leer en literatura. Es sobre...

—Cariño, estoy un poco cansada. Después te escucharé hablar de lo que sea que se trate ese libro.

Solo pude asentir. Era raro que alguien en esta casa me escuchara hablar de libros. Dentro de estas cuatro paredes, yo era la única que siempre estaba con un libro en la mano.

—No te preocupes. No es tan importante —dije, intentando ignorar la punzada en el corazón.

—En la noche tendré que salir a ver a Navir. No sé a qué hora regresé.

Ella solo asintió, mientras seguía cocinando. Me hubiera gustado que se preocupara un poco más por mí. Sabía que confiaba en mí más que en mis hermanos, pero no tenía nada de malo que se lo demostrara de vez en cuando.

Después de terminar todos mis deberes, decidí que ya era hora de salir de casa. Mi madre ya sabía que iría a casa de Navir y mis hermanos ya estaban dormidos.

Mientras caminaba, escuchando música y viendo los autos pasar, me di cuenta de lo patética que era mi vida. Sentía que necesitaba escapar de mi casa. Era como una prisión, aunque adornada. Sentía que mis padres nunca nos dejarían salir por más hermosa que fuera, una prisión siempre lo seguiría siendo.

Perdida en mis pensamientos, me di cuenta de que un auto familiar se detuvo a mi lado.

—¿No te vas a subir? —dijo Alessandro, bajando el volumen de la música.

—¿Qué haces por aquí? —pregunté. Era raro encontrarse con compañeros de la escuela en estas calles. —¿Vives por aquí?

—Es muy raro que no te acuerdes, considerando que te dejé en tu casa —dijo con una sonrisa. —La verdadera pregunta es: ¿qué haces tú caminando sola por la calle de noche?

—Solo salía a respirar aire. ¿Y tú?

—Iba a comprar algo de comer. ¿Te gustaría... —dijo, pero mi estómago rugió y lo interrumpió. —Creo que eso es un sí.

—Con el apuro, no me dio tiempo de comer —dije, sintiendo vergüenza. —Lo siento.

—¿Por qué te disculpas? —me miró. —Son cosas que te suceden a menudo, ¿verdad? Olvidarte de comer por salir apurada.

Solo asentí, y él regresó la vista a la carretera. Estuvimos en silencio hasta que llegamos a un Burger King. Él pidió la comida mientras yo miraba por la ventana.

—No eres de esas chicas que comen solo ensalada, ¿verdad? —preguntó. Negué con la cabeza. —Vaya, una chica con buen apetito. Мне нравится.

Me pasó la hamburguesa, las papas fritas y la bebida.

—Ahora, ¿me puedes decir por qué saliste a tomar aire a las 10 de la noche? —dijo, sin dejar de mirarme.

—¿Nunca has querido salir de tu casa y sentirte libre por un momento? A mí me pasa. A veces solo salgo, escucho música y camino —me encogí de hombros. —No lo hacía desde hace mucho, pero últimamente solo quiero sentirme un poco libre. No sé si se entiende.




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